La obligación de conocer a tu equipo
¡Universitaria y emprendedora! Me veo obligada a clasificar todo cuando veo y aprender cada día en este mundo tan absorbente que es el de las relaciones empresariales, lo que me ha hecho forjar a lo largo de este tiempo perfiles que podré encontrar durante toda mi vida, vayamos a ello:
Están los que trabajan sin descanso (casi por inercia), los que entorpecen más que ayudar dando falsa sensación de trabajo, los desaparecidos, los que se echan demasiado trabajo encima y luego no son capaces de acabar nada de lo que se proponen y por supuesto y no menos irritantes, los ilusionistas, los vende humo… todos estos y más los he visto reflejados en todos los proyectos en los que he podido adentrarme.
Pongamos un ejemplo, como la inmensa mayoría de pequeñas empresas de este país elegimos contar con una asesoría, no obstante en nuestro equipo aparecerá un pobre señor preocupado que cada día cuestionará inútilmente a la asesoría, o lo que es peor, no a la asesoría, sino a nosotros como gestores, que si la asesoría nos está mintiendo, que si no nos prestan atención, que si voy a dedicar una tarde completa de trabajo a revisar toda la documentación de los últimos meses... estas personas crean un clima de preocupación muy importante, por lo que yo los denomino zombies, personas que parecen definirse mediante sus acciones como obsesionados con un único objetivo, insistentes, obsesivas y lamentablemente si les hacemos caso nos convertiremos en uno de ellos. Sus grandes habilidades son cuestionar, indagar, agobiar, y en definitiva su aportación es difícilmente discernible.
Por otro lado aquellos, que a veces por “novatos”, a veces por forma de ser viven entre las frases “yo me encargo”, “mañana lo tienes”, “esto se hace muy rápido” y evidentemente... no se encarga, no lo tienes mañana y esto es más lento de lo que se pensaba. Este tipo de personas son muy valoradas en grandes multinacionales en las que los jóvenes que pasan por allí un año lo denominan “hacer la mili”, expresión que me hizo muchísima gracia y que me hizo preguntar... evidentemente que por qué una connotación tan... curiosa. La respuesta fue sencilla, estas empresas identifican esta clase de perfil, extraen lo mejor de ellos y como todo ciclo se acaba, es decir, estos pobres “novatos” se dan cuenta de que no pueden seguir así y se vuelven personas más razonables, miden mejor el tiempo y se echan a sus espaldas solo aquello que se puede afrontar... y estas grandísimas empresas se despiden de los jóvenes que ya pisan un suelo real.
Estas personas ya mencionadas siempre contarán con algo de cariño del gestor, si este cuenta con empatía. Estos perfiles nos desquiciarán a todos, sobre todo al principio, cuando estamos aprendiendo a identificarlos, no obstante, si somos coherentes y contamos con un poco de inteligencia emocional no perderemos el hilo de nuestro trabajo, y sabremos aprovechar las virtudes y desventajas de cada uno de ellos.
Otros artículos de Natalia López
Están los que trabajan sin descanso (casi por inercia), los que entorpecen más que ayudar dando falsa sensación de trabajo, los desaparecidos, los que se echan demasiado trabajo encima y luego no son capaces de acabar nada de lo que se proponen y por supuesto y no menos irritantes, los ilusionistas, los vende humo… todos estos y más los he visto reflejados en todos los proyectos en los que he podido adentrarme.
Pongamos un ejemplo, como la inmensa mayoría de pequeñas empresas de este país elegimos contar con una asesoría, no obstante en nuestro equipo aparecerá un pobre señor preocupado que cada día cuestionará inútilmente a la asesoría, o lo que es peor, no a la asesoría, sino a nosotros como gestores, que si la asesoría nos está mintiendo, que si no nos prestan atención, que si voy a dedicar una tarde completa de trabajo a revisar toda la documentación de los últimos meses... estas personas crean un clima de preocupación muy importante, por lo que yo los denomino zombies, personas que parecen definirse mediante sus acciones como obsesionados con un único objetivo, insistentes, obsesivas y lamentablemente si les hacemos caso nos convertiremos en uno de ellos. Sus grandes habilidades son cuestionar, indagar, agobiar, y en definitiva su aportación es difícilmente discernible.
Por otro lado aquellos, que a veces por “novatos”, a veces por forma de ser viven entre las frases “yo me encargo”, “mañana lo tienes”, “esto se hace muy rápido” y evidentemente... no se encarga, no lo tienes mañana y esto es más lento de lo que se pensaba. Este tipo de personas son muy valoradas en grandes multinacionales en las que los jóvenes que pasan por allí un año lo denominan “hacer la mili”, expresión que me hizo muchísima gracia y que me hizo preguntar... evidentemente que por qué una connotación tan... curiosa. La respuesta fue sencilla, estas empresas identifican esta clase de perfil, extraen lo mejor de ellos y como todo ciclo se acaba, es decir, estos pobres “novatos” se dan cuenta de que no pueden seguir así y se vuelven personas más razonables, miden mejor el tiempo y se echan a sus espaldas solo aquello que se puede afrontar... y estas grandísimas empresas se despiden de los jóvenes que ya pisan un suelo real.
Estas personas ya mencionadas siempre contarán con algo de cariño del gestor, si este cuenta con empatía. Estos perfiles nos desquiciarán a todos, sobre todo al principio, cuando estamos aprendiendo a identificarlos, no obstante, si somos coherentes y contamos con un poco de inteligencia emocional no perderemos el hilo de nuestro trabajo, y sabremos aprovechar las virtudes y desventajas de cada uno de ellos.
Otros artículos de Natalia López





















