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Opinión |
Martes, 29 de Octubre de 2013

El "hombre de la calle" no nota nada

Uno de los indicadores fundamentales que señalan la recuperación económica española es, por lo visto, que "aún tardará en ser notada por el hombre de la calle". Al parecer, los signos inequívocos que marcan la salida de la crisis en España son un editorial optimista a este respecto del 'Financial Times', otro no menos complaciente del 'Wall Street Journal', una rueda de prensa muy sonriente de Luis de Guindos anunciando lo mejor y que el "hombre de la calle" no note absolutamente nada hasta nueva orden, no sea que no digiera bien tanto éxito y estropee de nuevo los indicadores.
 
El "hombre de la calle" es esa cosa un poco engorrosa que hay al final de las grandes magnitudes de la crisis como la caspa que queda en el suelo de las peluquerías, y no incide en absoluto en la buena o mala marcha de esos asuntos que interesan a los inversores internacionales. No todo es alegría en España, claro. Los expertos económicos más severos advierten que aún hay riesgo de que España se "japonice", es decir, salga de la crisis sin salir y tenga una recuperación que sea lo más parecido a una recesión. Pero la economía española nunca se podría "japonizar" porque Japón es un país donde sus habitantes no saben que según la prensa internacional autorizada se encuentran siempre en crisis (de hecho, es un país con una crisis tan curiosa que es lo más parecido a no sufrirla nunca), y España es un país donde sus habitantes, a este paso, no sabrán jamás que han salido de ella.
 
Los analistas sitúan el momento en que el "hombre de la calle" en España notará algo diferente a lo que le viene ocurriendo desde hace demasiado "dentro de unos dos años, aunque algunos lo sitúan en al menos cuatro y en cualquier caso no más de seis, si antes no cambian los indicadores económicos mundiales y España sigue por la senda de las reformas". Lo que indudablemente dará tiempo a que llegue el próximo ciclo económico crítico pero con la ventaja de que no sabremos que hemos entrado otra vez en él. Tienen razón el Gobierno de Rajoy y los grandes medios económicos internacionales: ya nada será como antes, tras el estallido de la burbuja, y el "hombre de la calle" del sur de Europa debe acostumbrarse a pensar que, si detecta que le está pasando algo bueno, no hay duda: es que está viviendo otra vez por encima de sus posibilidades. Un alemán sí puede notar en su bolsillo que ha salido de la crisis, si es que de verdad ha entrado alguna vez en ella, pero si lo nota un español de la calle es que otra vez la economía global va por mal camino, directos a otra burbuja. Debemos estar contentos de que los indicadores económicos vayan tan bien como el abuelo que ve a sus nietos jugar en el parque. Ya no podemos participar, pero son cosas que a las que da mucho gusto asistir.
 
Yo me preocuparé el día en que un editorial de los periódicos anuncie que la "economía real" también está en ese "momento fantástico de España" que decía hace unos días Emilio Botín. Querrá decir que otra vez estaremos viviendo en la calle una situación ficticia, como todas las situaciones económicas en apariencia boyantes que ha vivido este país irremediablemente pobre desde su fundación, si exceptuamos el genuino y auténtico "boom" turístico desde los años 60. Los "hombres de la calle" debemos admirar lo bien que va a ir España como si fueran las luces de una fiesta lejana a la que ya no tendremos acceso, y exclamar lo que aquella chacha ante la clase social que siempre había vivido y vivirá bien: "tos los señoritos son primos". 

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