En Murcia no hay distancias para vender destinos
Una de las actividades más importantes cuando alguien realiza una acción de promoción es intentar ver las cosas con la perspectiva del posible destinatario. Es decir, saber situarse en su contexto y conocer sus necesidades, para así ofrecer los productos adecuados, pero sobre todo comunicándolos bien.
Por contextualizar el artículo, en el turismo pasa algo distinto a otros sectores, es un motor económico, parecido al de la construcción, pero con matices, que arrastra a otras actividades económicas. Se supone que la administración pública es uno de los protagonistas que tiene que ayudar a promocionar el destino, y el otro son los agentes privados, que como cualquier empresa, tiene, que intentar vender su producto (visitas, hoteles, restaurantes, etc).
El turismo es un producto “fácil” de vender, cuando hay promoción y buen producto, pero muy difícil de fidelizar. Aquí está uno de los problemas, el turista le gusta cambiar de zona, busca experiencias y no suele repetir destinos, y continuamente hay que estar realizando acciones de promoción para captar a los nuevos. Este coste de adquisición es altísimo cuando no se incentiva la recomendación por parte de los que ya estuvieron en Murcia de vacaciones por centrarnos en nuestro caso.
Nunca entenderé porqué a Murcia, a nivel turístico, se la divide en zonas de interior y de costa y me remito al principio de este artículo. ¿Cree el lector que un madrileño que está acostumbrado a meterse más de una hora y media en coche para ir a trabajar tiene nuestro mismo concepto de distancia en kilómetros? Y mucho menos un británico.
Nos hemos empeñado en crear distancias midiéndolas en kilómetros, creando zonas diferenciadas por tipo de producto, cuando un madrileño le dices que puede estar tomándose un vino en una bodega de Jumilla y por la tarde en 45 minutos puede estar haciendo sky surf en una playa y se queda tan contento.
Claro, había que contentar a demasiados ayuntamientos y consorcios, los favores políticos que nos están hundiendo, los ayuntamientos que querían su propio stand en Fitur, los consorcios que tenían sus intereses particulares con estructuras profesionales, era demasiada presión para una administración regional que debería haber vendido la Región de Murcia como un destino donde las distancias no existen, por lo menos no como las entienden nuestros destinatarios.
En nuestra región vender las distancias y las zonas es no entender el contexto del turista, han desaparecido muchos turistas británicos, totalmente abandonados a su suerte por el sector privado en los resorts, aburridos como ostras. Turistas que estarían encantados de tener experiencias distintas independientemente de si están a 10 o a 50 kilómetros de distancia.
Este cambio no corresponde a la administración publica, esto depende de la iniciativa privada. Dejemos a papa gobierno regional que haga su trabajo de vender el destino que ya tiene bastante con intentar hacerlo bien.
Porque a pesar de las cifras de turistas que se están dando en estos últimos meses, lo que puede ocurrir es el efecto contrario, y es que éstos que se marcharon aburridos no vuelvan más o lo que es peor jamás nos recomienden como destino.
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