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Opinión |
Jueves, 31 de Octubre de 2013

El otro villancico

Parece uno de esos machacones villancicos que, campana sobre campana, nos instalan los grandes almacenes en la trompa de Eustaquio no se sabe muy bien si para animarnos a comprar o para obligarnos a desistir. La Navidad está todavía a dos meses vista, pero el orfeón gubernamental no pierde la ocasión de demostrar que tras muchos ensayos y no pocos gallos sus voces suenan como una sola. Da lo mismo que el barítono se encuentre en Panamá, el tenor en Cádiz, la soprano en el Congreso, y los bajos en Madrid, Valencia o Alicante. Los progresos de la técnica hacen viable que pese a la distancia la conjunción sea perfecta y la ejecución armoniosa.

Nada de improvisaciones ni divismos. Si Rajoy entona el "estamos saliendo de la crisis" desde la otra orilla del mar océano, el Efecto Mariposa provoca, tal que el eco en las montañas de Heidi, una respuesta igual y en el mismo sentido del ministro de Economía Luis de Guindos en un acto celebrado en el sur de España, de Fátima Báñez en una entrevista, de Montoro en una intervención parlamentaria, de Alberto Fabra en una sesión de meditación trascendental y del secretario general de su partido, Serafín Castellano, en un cónclave preparatorio de sucesivos cónclaves preelectorales.

Aunque el libreto incorpora en el segundo verso de la primera estrofa alguna morcilla cautelar del estilo "falta mucho por hacer" o "no nos podemos dar por satisfechos" y de que el gesto en el momento de abrir la boca sea contenido, incluso adusto, con el fin de que no parezca que todo el monte es orégano, lo cierto es que nuestros dirigentes están transmitiendo la sensación de que realmente se creen que el gordo está a punto de caernos encima y de que en año nuevo, oiga, vida nueva. Lo que les falta ahora es inflar los pulmones para dar el do de pecho y convencer también a los pastorcillos -antes de que a éstos se les hinchen otras vísceras- de que los Reyes Magos están ahí, a la vuelta del último meandro del Jordán.

O sea, que sí, que vale, que los misteriosos y coyunturales indicadores económicos nacionales, supranacionales e interestelares están señalando el camino de Belén; que la prima de riesgo se ha revelando como la hermana de sangre del mismísimo Niñito Jesús; que el Ibex es un amigo del alma y que los fondos de inversión y los cazadores de gangas se han apostado en el tendido eléctrico para dar buena cuenta de la carroña que ha generado la hecatombe, lo que probablemente engendrará inmediatos beneficios colaterales y futuros desastres generales.

Tal vez estemos saliendo del desbarajuste, pero a qué precio y en qué orden. Qué pasa con las víctimas que se han quedado en las cunetas del mercado laboral y por razones de edad no albergan otra esperanza que la de seguir los lunes al sol. Qué con los jóvenes desahuciados por una contratación esclavista amparada en la fórmula inmoral "lo tomas o lo dejas, que tengo cola". Qué con la prestación de servicios sociales y asistenciales que hasta aquí marcaban la divisoria entre la solidaridad y la barbarie. Qué con quienes no pueden esperar en el túnel a que alguien encienda la luz porque su salud no está para milagros. Qué con el largo etcétera de agraviados por los ajustes y recortes que aún tienen tele para cerciorarse de que el aumento de la riqueza de unos pocos corre pareja al incremento de la pobreza de otros muchos. Qué con quienes en materia financiera ya solo confían en los bancos de alimentos.

Ninguno de ellos figura en el villancico compuesto ex profeso para anunciarnos, como el ángel a María, que se aproximan elecciones. Ni siquiera en el estribillo.

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