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Opinión |
Jueves, 07 de Noviembre de 2013

Espiar no es malo; soñar tampoco

Hoy me he despertado, como siempre, no he sido capaz de recordar ni un ápice de lo que he soñado, duermo poco, sueño poco. No importa, hoy tenía un plan, era una mujer con un objetivo: comprobar si me espiaban.

He cogido el teléfono móvil y he marcado un número al azar, cuando han descolgado, he dicho: soy atea y me voy al médico. Fin de la llamada.

Efectivamente me he ido al médico, a que me recetara pastillas para dormir poco y soñar menos y, ahora, viene lo bueno. A Dios pongo por testigo de que no miento, que me parta un rayo si engaño, que me caigan siete años sin sexo si lo que me ha pasado no ha sido real y lo he soñado: he llegado diez minutos antes a mi cita médica, he sacado una revista vieja y me he puesto a leer un reportaje sobre Carlos Saura y, de repente, he oído el frufrú de una falda rozando mis piernas y una monja con toda la pinta de Sor Jerónima de la Fuente, de Velázquez, se ha sentado a mi lado, justo a mi vera, y había más asientos libres, es un secreto a voces que nadie se sienta pegado a otro si hay más asientos libres. Olía a miel, ¿desde cuándo las monjas huelen a miel? Cinco segundos después, quedando asientos libres por doquier, un hombre vestido de negro se ha sentado al otro lado, a mi vera, con el rabillo del ojo he podido ver el alzacuellos blanco reluciendo como un faro nocturno. Llevaba traje de chaqueta y era guapo, una especie de trasunto entre James Bond y el Cholo Simeone. Disimulaba haciendo cosas con su móvil de última generación y olía riquísimo, a una colonia de hombre que no he sido capaz de identificar. ¿Desde cuándo los curas huelen tan bien?

Justo cuando la monja y el cura se iban a agazapar sobre mi alma pecadora, me ha llamado el médico a su consulta, gracias a Dios. Me ha subido la dosis, dice que estoy estresada, que debo dormir más, soñar más. Todos están en el ajo.

No quiero soñar, ahora también saben espiar los sueños: un científico sevillano se ha inventado una aplicación para teléfonos móviles llamada 'Shadow', “que permitirá guardar los recuerdos que conservamos de los sueños”. Para conseguirlo, una alarma inteligente te despierta poco a poco, para que sigas medio dormido, pero lo suficientemente despierto para que puedas grabar con la voz tu sueño. 'Shadow' analiza el contenido del sueño y te devuelve una interpretación al tiempo que te ofrece la posibilidad de guardar la información o compartirla en “una base de datos global que muestre el estado del subconsciente colectivo mundial”. Cómo si hiciera falta compartirla, todo lo que le cuentes a tu móvil, a tu ordenador y hasta a tu microondas es del dominio público. Lo he vivido en mis carnes.

Para fastidiar pienso soñar con publicidad, dos segundos de sueño y siete minutos de anuncios. Esta noche me acostaré con el siguiente pensamiento que marcará los derroteros de mi sueño: Franco, Franco, tiene el culo blanco porque su mujer, lo lava con Ariel...

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“La venerable madre Jerónima de la Fuente”, con unos ojos de espía que claman al cielo.

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