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Opinión |
Miércoles, 18 de Mayo de 2011

Medallistas, un mal necesario

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Muchos vivirán engañados pensando que la crisis en la que nos encontramos se hubiera solucionado si se hubiera estado quieto. Otros piensan que si no hubiera sido él, hubiera sido otro peor. Otros, que falla el sistema, no la persona. Lo que muy pocos se paran a pensar es en la poca gente que le conocía y en lo grandioso que era su currículo antes de tener bajo su foto de la Wikipedia más cargos imputados que apellidos un lord inglés.

    Antes del día D, fue uno de los miembros del NASD dentro de las cinco empresas que impulsaron la creación del NASDAQ, coordinador jefe del mercado de valores y bróker de prestigio. Nadie imaginó que pudiera terminar así. Siempre que se habla de la crisis la gente hace poco hincapié en el punto más importante, la confianza.

    Si esta persona movía tanto dinero era porque se confiaba en él, tenía un nombre, una reputación, un historial… Por decirlo como la gente a veces injustamente y con desprecio llama 'Medallitas'. Las medallas (entendidas como mérito de realizar una actividad con éxito) tienen su función cual Collar de la Insigne Orden del Toisón. Durante nuestra gestión diaria en cualquier campo nunca vamos a mandar a una importante negociación a un soldado, buscaremos un general, a quien más corazones purpuras tenga, mandaremos a nuestro Audie L. Murphy particular.

    Detectamos así en nuestra empresa, asociación o entidad la necesidad de contar con un abanderado, a ser posible noble y de buena presencia. A mucha gente le cuesta mucho ver este punto dado que el cargo de 'gerencia' muchas veces va unido al del de 'presidencia' y para nada son la misma cosa. Nuestra imagen va de la mano de nuestro representante, y este como siempre digo no tiene por qué mandar ni un ápice en muchos casos.

    Quedando clara la utilidad y validez de nuestros 'medallistas', me gustaría cerrar el tema con la ética de los mismos y algunos peligros. Continuando con mi propósito de definir el publicó que podemos encontrar dentro de las Junior Empresas y por inercia muchas otras entidades, nos encontramos con el más peligroso de todos los medallistas, 'el ladrón de trofeos'.

    No hay nada peor que robar algo y que encima te premien por ello, y son estas personas que nunca hacen nada, pero se atribuyen el mérito de todo, otro gran cáncer que debemos detectar y extirpar, dado que no solo desmotivarán y anularán a mucha gente trabajadora sino que pueden engañarnos a nosotros mismos y hacernos perder gran cantidad de oportunidades y recursos.

    Otro perfil muy peligroso pero salvable son los 'Johann Mühlegg', gente cual Madoff emborrachadas de éxito que se proponen llegar más allá, a donde ningún hombre debería llegar jamas.

    Tener un buen deportista a la cabeza, por otra parte, con buen historial y títulos legítimos dará una imagen de salud y prosperidad que intimidará a nuestros competidores y nos garantizará el éxito en escenarios donde no teníamos incluso ni planteado ganar. Invertir en imagen es la asignatura aún pendiente de muchos y el gran éxito de otros, eso sí, la imagen sin trabajo no es nada. No descuidemos ni el músculo ni la solapa.
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