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A España no le gusta el medicamento… y no lo toma

España se parece al enfermo que cada día pierde más fuerzas y no mejora porque no toma las medicinas que le han recetado. No lo hace porque unas saben mal y en otras la inyección duele mucho.

La situación económica de nuestro país puede resumirse en estos momentos de la siguiente manera:

•    Un déficit presupuestario superior en punto y medio al previsto por el Gobierno, que lo sitúa en el 6%.

•    Las comunidades autónomas tienen un endeudamiento que hace prácticamente imposible pagar las deudas y atender a los imprescindibles gastos de funcionamiento; y esta deuda sigue creciendo a medida que se van conociendo datos más fiables.

•    En el último trimestre aumentó un 19,7% el número de empresas que suspenden pagos. Este aumento está propiciado en gran parte por la demora en el pago de los organismos oficiales.

•    La financiación externa cada día se hace más difícil y cara.

•    Un sistema financiero que no termina de sanearse y, lo peor, se desconoce la verdadera situación de algunas entidades dado lo difícil que resulta la valoración de los activos inmobiliarios, en tanto que la capacidad de financiación del Banco de España se agota; en este momento el FROB solo dispone de 6.884 millones de euros.

•    El paro con tasas por encima del 20% y sin una clara tendencia a descender.

•    La reforma laboral que se ha querido realizar poniendo parches, donde era necesario una seria operación.

A todo esto tenemos que añadir que la situación externa  en general no es precisamente tranquilizadora, más bien amenaza con una estabilización cuando no una clara recesión. Y, encima, la incertidumbre se aviva con declaraciones alarmantes –bastantes de ellas infundadas- de unos y otros.

Pero en España aún tenemos otro aditivo: estamos en un año electoral y con un Gobierno en el poder al cual, sus intereses de partido le llevan, de una parte, a no aplicar las medidas que son urgentes y, de otra, a tomar decisiones perjudiciales para toda España, como buen ejemplo es no presentar, para su aprobación por el Congreso, los presupuestos para 2.012; con lo que se hace prácticamente imposible que se adopten medidas sólidas y durables hasta mediados del año próximo. Lo que decía en un principio, no tomamos la medicina porque amarga y las inyecciones nos hacen daño.

Ante estos vaivenes que se suceden día a día, el FMI ha publicado la pasada semana sus previsiones macroeconómicas para España. Entre ellas cabe resaltar:

Se rebaja en medio punto la previsión de PIB para 2012, situándolo en 1.1%, en tanto que mantiene sus previsión del 0,8% para 2011

El paro se situará en el 20,7% a finales de año y en 2012 se puede esperar una reducción del 1,0%, para situar su tasa en el 19,7%.

El gasto en consumo privado situará su tasa de evolución anual en 0,8%, frente al 1,2% que presentó en 2010.

La demanda nacional reducirá su tasa negativa anual desde  -1,1% en 2010, hasta -0,9% en 2011.

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