El tiempo entre costuras
Una conocida tienda online ha observado que, desde que están poniendo la serie 'El tiempo entre costuras', se han disparado las ventas de máquinas de coser, en concreto se han duplicado.
Otro dato curioso que aporta esta misma compañía es que, casualmente, la mayor parte de las compras se realizan precisamente cuando están retransmitiendo la serie, lo que hace suponer que, la gente, mientras está viendo la serie, siente algo así como un estímulo irrefrenable de comprar máquinas de coser y no puede esperar a acabar de hacer lo que está haciendo para contar entre sus muchos bienes de consumo con una herramienta que le permita entregarse a dar puntos por doquier. Un montón de personas se unen en una misma franja horaria para hacerse con una máquina que les permita unir telas por medio de costuras. La unión hace la fuerza, en este caso, del pespunte.
La fila india de subsaharianos que marchaban la madrugada del miércoles hacia Melilla, recordaba espeluznantemente a una costura, a esa costura de hilos negros que junta los dos trozos de carne de una herida.
Era de esperar que la imagen de esa costura humana, -dadas las circunstancias de estas personas tal vez sería más apropiado referirse a ellas como zurcido humano-, que avanzaba hacia una valla llena de cuchillas, despertara en la gente algún tipo de compasión, aunque fuera un sentimiento ambiguo, o, en el peor de los casos, un deseo irreprimible de comprar máquinas de coser. Lo que jamás se podría imaginar es que la gente reaccionara de forma tan generalizada con desdén, con una mezcla de miedo y odio ante la amenaza de que una costura que no proviene de un taller de lujo nos invada.
Quizás, ahora que nos ha dado por invertir en máquinas de coser, podríamos aprovechar para remendar nuestra humanidad.
'Red de zurcidos', Marcel Duchamp.
Otros artículos de Cecilia López
























