Mensajes catastrofistas de la burocracia internacional
Las expectativas abiertas al cierre de la anterior semana por lo que parecía un rebote técnico de las Bolsas desde niveles muy fuertes de sobreventa se vieron abruptamente rotas tras el comunicado de la FED el miércoles y tras las muy alarmistas declaraciones hechas el jueves por varios altos funcionarios internacionales. Entre ellos, y con singular insistencia, la nueva directora del FMI Christine Lagarde, que dedica sus mejores esfuerzos cada semana a anunciar la catástrofe.
El tibio y protocolario comunicado del G20 tras su reunión del jueves por la noche no sirvió evidentemente, para nada, inquietando aún más a unos inversores que no entienden como en tan solo tres años puede haber dos debacles de esta dimensión, cuando entremedio los mismos altos funcionarios internacionales que ahora alarman con sus declaraciones nos decían que los problemas estaban en vías de solución.
Así, el S&P, que había cerrado la semana anterior por encima de los 1.200 puntos, volvió a tocar los mínimos de agosto, y las Bolsas han vuelto a rozar el desastre más absoluto, cayendo en la semana el Eurostoxx, el Dow y el S&P más de un 6%, el Hang Seng de Hong Kong más de un 9%, el Kospi coreano casi un 8% y más moderadamente el Nikkei y el Shanghai Composite, con caídas semanales del 3% y el 2% respectivamente.
Si en la primera semana de agosto decíamos que las caídas de las Bolsas reflejaban sobre todo una enorme desconfianza hacia los líderes políticos, esta penúltima semana de septiembre podemos afirmar que los desplomes de las Bolsas son consecuencia muy directa de las manifestaciones apocalípticas de los altos funcionarios internacionales, léase FMI, Banco Mundial, BCE, o G20. Seria mucho mejor, en términos de estabilidad, que esos funcionarios desapareciesen y no estropeasen más con sus decisiones y sus declaraciones la ya de por si compleja situación de la economía global.
La enumeración de los despropósitos de esta semana se hace larga. Christine Lagarde el jueves dijo que estamos peor que en 2008, insistiendo en su discurso sobre la descapitalización de la banca europea y provocando una caída de las Bolsas europeas ese día del 5% y de las americanas de algo más del 3%. La pregunta es ¿que ha hecho el FMI durante estos tres años? No hay que olvidar que todos pagamos al FMI para que vele por la estabilidad económica y financiera global, y que hasta hace poco el FMI nos decía en sus informes que las cosas estaban mejorando.
El mismo jueves se filtró que las autoridades europeas se preparaban para capitalizar a dieciséis Bancos, lo cual fue ratificado por el Comisario europeo Barnier, pero luego fue negado por el Banco de España y por el Banco de Francia, que reafirmaron la suficiencia de capital en lo que a los Bancos de esos países se refiere. El viernes se publicaba una entrevista del Gobernador del Banco Central de Holanda y consejero del BCE, Klaas Knot, en la que afirmaba que la bancarrota de Grecia es uno de los escenarios, es decir lo contrario de lo que reiteradamente han dicho Merkel y Trichet. La lista de "imprudencias" de los burócratas internacionales se haría interminable, pero su efecto es claro: los inversores desconfían.
No se entiende bien que se pretende con estos mensajes catastrofistas, pero parece claro que un cierto sentido de la responsabilidad exigiría mayor prudencia, mayor discreción y, por supuesto, trabajar en silencio para arreglar los problemas.
Como decíamos, todas estas manifestaciones, unidas a un comunicado de la FED el miércoles a ultima hora en el que se cambió el lenguaje anterior, en el que se venía afirmando que la economía americana avanzaba lentamente hacia la reactivación, aunque de forma lenta, para decir ahora que hay "riesgos significativos a la baja en las perspectivas económicas, incluidas las turbulencias de los mercados financieros" han sido el combustible que ha agravado aún más el incendio bursátil, alimentando temores simultáneos sobre la recesión global y sobre el caos y tal vez la ruptura en la zona euro.
Tal vez por eso el jueves no sólo fueron los Bancos sino también los valores industriales los que se hundieron en Bolsa ampliando así la sensación de crisis. Esta semana algunos valores cíclicos (Arcelor, Amadeus, automovilísticas alemanas, aerolíneas,...) han caído muchísimo, acompañando a los Bancos franceses y a las grandes aseguradoras.
Si vemos a la vez las fortísimas caídas esta semana de las materias primas, incluidas el oro y la plata, dos activos hasta ahora "refugio", y a la vez vemos las fuertes subidas, de nuevo, del bund alemán y del T bond americano, que terminaron la semana con tipos de interés, respectivamente, del 1,74% y del 1,83%, los mínimos de los últimos sesenta y cinco años, la lectura es que los mercados financieros están descontando una gran recesión. El desplome del oro y la plata indica que ahora el temor no es la inflación sino la deflación, y esto seria coherente con las caídas de la Bolsa y la subida de los dos grandes bonos del Tesoro a largo plazo, el bund y el T bond.
Lo que sucede es que los mercados financieros se equivocan muchas veces. Por ejemplo, se han equivocado desde septiembre de 2009 hasta mayo de 2011, cuando han estado anticipando una salida de la crisis más rápida y menos dolorosa de lo que ahora parece. Y pueden estar ahora en el otro lado del péndulo, en términos de exageración. Es decir, puede haber un escenario de crecimiento débil, y no de recesión, y puede haber una salida a los problemas de la zona euro no tan traumática como la que los mercados descuentan.
Esta última semana de septiembre hay muchos datos y conviene mirar bien esos datos. Aparte de las novedades que aporte el ya interminable tema de Grecia (Papandreu visita a Merkel y los Parlamentos finlandés, alemán y austriaco votan el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera), en Estados Unidos conoceremos las ventas de viviendas nuevas en agosto (lunes), el índice de precios inmobiliarios Case Shiller y la confianza del consumidor en septiembre (martes), los pedidos de bienes duraderos en agosto (miércoles), el dato definitivo de PIB del segundo trimestre (jueves), y el índice manufacturero de septiembre de Chicago (viernes), entre otros datos. Hay también subastas de los Tesoros italiano y americano el martes y el miércoles habla Bernake en Cleveland. En definitiva, una batería de noticias "macro" antes de que comience la temporada de presentación de resultados del tercer trimestre por las empresas cotizadas.
Las Bolsas enfilan esta ultima semana de septiembre con caídas muy pronunciadas en el tercer trimestre, caídas del entorno del 14% en el caso del Dow y del S&P. El futuro del S&P ha rebotado de nuevo esta semana en el nivel de los 1.100 puntos, que fue también el nivel en el que rebotó en agosto. Otros índices europeos han rebotado asimismo en los niveles mínimos de agosto, los niveles de 1.950 en el Eurostoxx y de 5.000 en el Dax. Una visión positiva nos llevaría a pensar en un posible "doble suelo" pero es obvio que tras las numerosas decepciones acumuladas en agosto y septiembre preferimos no hacernos ilusiones, sino, más bien, ir observando los mercados día a día.
Para quienes quieran tomar cierto riesgo, pero con red, las opciones call están muy baratas y pueden dar mucho juego si el rebote se produce, limitando la pérdida a la prima pagada.
El tibio y protocolario comunicado del G20 tras su reunión del jueves por la noche no sirvió evidentemente, para nada, inquietando aún más a unos inversores que no entienden como en tan solo tres años puede haber dos debacles de esta dimensión, cuando entremedio los mismos altos funcionarios internacionales que ahora alarman con sus declaraciones nos decían que los problemas estaban en vías de solución.
Así, el S&P, que había cerrado la semana anterior por encima de los 1.200 puntos, volvió a tocar los mínimos de agosto, y las Bolsas han vuelto a rozar el desastre más absoluto, cayendo en la semana el Eurostoxx, el Dow y el S&P más de un 6%, el Hang Seng de Hong Kong más de un 9%, el Kospi coreano casi un 8% y más moderadamente el Nikkei y el Shanghai Composite, con caídas semanales del 3% y el 2% respectivamente.
Si en la primera semana de agosto decíamos que las caídas de las Bolsas reflejaban sobre todo una enorme desconfianza hacia los líderes políticos, esta penúltima semana de septiembre podemos afirmar que los desplomes de las Bolsas son consecuencia muy directa de las manifestaciones apocalípticas de los altos funcionarios internacionales, léase FMI, Banco Mundial, BCE, o G20. Seria mucho mejor, en términos de estabilidad, que esos funcionarios desapareciesen y no estropeasen más con sus decisiones y sus declaraciones la ya de por si compleja situación de la economía global.
La enumeración de los despropósitos de esta semana se hace larga. Christine Lagarde el jueves dijo que estamos peor que en 2008, insistiendo en su discurso sobre la descapitalización de la banca europea y provocando una caída de las Bolsas europeas ese día del 5% y de las americanas de algo más del 3%. La pregunta es ¿que ha hecho el FMI durante estos tres años? No hay que olvidar que todos pagamos al FMI para que vele por la estabilidad económica y financiera global, y que hasta hace poco el FMI nos decía en sus informes que las cosas estaban mejorando.
El mismo jueves se filtró que las autoridades europeas se preparaban para capitalizar a dieciséis Bancos, lo cual fue ratificado por el Comisario europeo Barnier, pero luego fue negado por el Banco de España y por el Banco de Francia, que reafirmaron la suficiencia de capital en lo que a los Bancos de esos países se refiere. El viernes se publicaba una entrevista del Gobernador del Banco Central de Holanda y consejero del BCE, Klaas Knot, en la que afirmaba que la bancarrota de Grecia es uno de los escenarios, es decir lo contrario de lo que reiteradamente han dicho Merkel y Trichet. La lista de "imprudencias" de los burócratas internacionales se haría interminable, pero su efecto es claro: los inversores desconfían.
No se entiende bien que se pretende con estos mensajes catastrofistas, pero parece claro que un cierto sentido de la responsabilidad exigiría mayor prudencia, mayor discreción y, por supuesto, trabajar en silencio para arreglar los problemas.
Como decíamos, todas estas manifestaciones, unidas a un comunicado de la FED el miércoles a ultima hora en el que se cambió el lenguaje anterior, en el que se venía afirmando que la economía americana avanzaba lentamente hacia la reactivación, aunque de forma lenta, para decir ahora que hay "riesgos significativos a la baja en las perspectivas económicas, incluidas las turbulencias de los mercados financieros" han sido el combustible que ha agravado aún más el incendio bursátil, alimentando temores simultáneos sobre la recesión global y sobre el caos y tal vez la ruptura en la zona euro.
Tal vez por eso el jueves no sólo fueron los Bancos sino también los valores industriales los que se hundieron en Bolsa ampliando así la sensación de crisis. Esta semana algunos valores cíclicos (Arcelor, Amadeus, automovilísticas alemanas, aerolíneas,...) han caído muchísimo, acompañando a los Bancos franceses y a las grandes aseguradoras.
Si vemos a la vez las fortísimas caídas esta semana de las materias primas, incluidas el oro y la plata, dos activos hasta ahora "refugio", y a la vez vemos las fuertes subidas, de nuevo, del bund alemán y del T bond americano, que terminaron la semana con tipos de interés, respectivamente, del 1,74% y del 1,83%, los mínimos de los últimos sesenta y cinco años, la lectura es que los mercados financieros están descontando una gran recesión. El desplome del oro y la plata indica que ahora el temor no es la inflación sino la deflación, y esto seria coherente con las caídas de la Bolsa y la subida de los dos grandes bonos del Tesoro a largo plazo, el bund y el T bond.
Lo que sucede es que los mercados financieros se equivocan muchas veces. Por ejemplo, se han equivocado desde septiembre de 2009 hasta mayo de 2011, cuando han estado anticipando una salida de la crisis más rápida y menos dolorosa de lo que ahora parece. Y pueden estar ahora en el otro lado del péndulo, en términos de exageración. Es decir, puede haber un escenario de crecimiento débil, y no de recesión, y puede haber una salida a los problemas de la zona euro no tan traumática como la que los mercados descuentan.
Esta última semana de septiembre hay muchos datos y conviene mirar bien esos datos. Aparte de las novedades que aporte el ya interminable tema de Grecia (Papandreu visita a Merkel y los Parlamentos finlandés, alemán y austriaco votan el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera), en Estados Unidos conoceremos las ventas de viviendas nuevas en agosto (lunes), el índice de precios inmobiliarios Case Shiller y la confianza del consumidor en septiembre (martes), los pedidos de bienes duraderos en agosto (miércoles), el dato definitivo de PIB del segundo trimestre (jueves), y el índice manufacturero de septiembre de Chicago (viernes), entre otros datos. Hay también subastas de los Tesoros italiano y americano el martes y el miércoles habla Bernake en Cleveland. En definitiva, una batería de noticias "macro" antes de que comience la temporada de presentación de resultados del tercer trimestre por las empresas cotizadas.
Las Bolsas enfilan esta ultima semana de septiembre con caídas muy pronunciadas en el tercer trimestre, caídas del entorno del 14% en el caso del Dow y del S&P. El futuro del S&P ha rebotado de nuevo esta semana en el nivel de los 1.100 puntos, que fue también el nivel en el que rebotó en agosto. Otros índices europeos han rebotado asimismo en los niveles mínimos de agosto, los niveles de 1.950 en el Eurostoxx y de 5.000 en el Dax. Una visión positiva nos llevaría a pensar en un posible "doble suelo" pero es obvio que tras las numerosas decepciones acumuladas en agosto y septiembre preferimos no hacernos ilusiones, sino, más bien, ir observando los mercados día a día.
Para quienes quieran tomar cierto riesgo, pero con red, las opciones call están muy baratas y pueden dar mucho juego si el rebote se produce, limitando la pérdida a la prima pagada.





















