El argentino también denuncia las malas prácticas de la Iglesia, que está "salpicada de envidias, celos y guerras, excesivamente preocupada por sí misma"
El papa Francisco ha vuelto a saltar a la palestra para denunciar el actual modelo económico que impera en el mundo. Si antes fue la corrupción, ahora se centra en el modelo económico. En su documento 'Evantelii Gaudium', Jorge Bergoglio asegura que no le gusta su Iglesia, de la que dice que está "salpicada de envidias, celos y guerras, preocupada en exceso por sí misma", y un mundo donde triunfa “una economía que mata” a través de la exclusión y la inequidad. De ahí que el Papa fije el horizonte de su papado sobre dos raíles paralelos. Una reforma de la Iglesia, que incluya una conversión del propio papado, y un llamamiento urgente y sin descanso a los políticos para que luchen contra “la tiranía” del actual sistema económico: “No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos”.
Durante las páginas de la exhortación apostólica “Evangelii Gaudium”, en la que el papa Francisco recoge e interpreta los trabajos del Sínodo dedicado a “La nueva evangelización para la transmisión de la fe” celebrado del 7 al 28 de octubre de 2012, Jorge Mario Bergoglio dibuja de forma muy nítida la hora de ruta de su pontificado: “Es necesaria una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están”. El Papa anuncia una “reforma de las estructuras” de la Iglesia y “una conversión del papado” para que sea “más fiel al sentido que Jesucristo”. Hay una frase, muy del estilo Bergoglio, que resume muy bien el espíritu de los tiempos que vienen: “Prefiero una Iglesia herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”.



