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Opinión |
Viernes, 06 de Diciembre de 2013

De la buena vida a la vida buena

¿Acaso no quieren los padres lo mejor para sus hijos? En mi entorno más cercano la respuesta está clara, y podría asegurar que allá donde se plantee la cuestión, en general, irá en la misma línea. La respuesta será afirmativa. 

Ahora bien, coincidirán vds conmigo en que debemos matizar que es eso de “lo mejor”. Para algunos, lo mejor puede consistir en que sus hijos se desarrollen personalmente como gente honrada, meramente, sin más, independientemente del trabajo que tengan cuando sean mayores, de su tendencia sexual o de la residencia donde vivan. Otros, entenderán “lo mejor” como la capacidad que tengan a futuro sus hijos para lograr vivir una buena vida y disfrutar todo aquello que ellos mismos no han sido capaces de lograr, y ya de paso, de esta manera, se quitan una espinita ante lo no logrado por ellos mismos, bien por imposibilidad material, familiar o de cualquiera otra índole. Existen padres para los que, tal vez, ese calificativo de “lo mejor” pasa inexorablemente por ir a la universidad o bien por la obtención de determinados logros de reconocimiento social, bien sean deportivos, sociales o incluso, por que negarlo materiales, no tenemos nada más que pasar un sábado por la mañana por un polideportivo municipal donde jueguen algún campeonato de futbol para ver a padres dirigiendo a sus pequeños Cristianos Ronaldos.

Cada padre, a su manera, e influenciado por su entorno, educación y razón vital, intentará de una u otra forma que sus hijos sean, al menos, tan felices como a ellos les hubiese gustado ser. Y el espectro de posibilidades es amplísimo.

¿Que ocurre si planteamos al contrario la cuestión? Si atendemos a la posibilidad de que unos padres leguen a sus hijos “lo peor”. Existe, en este caso, la posibilidad de reducir drásticamente el universo de posibilidades. Para que un hijo tenga, debido a sus padres, “lo peor” bastará con que los padres, descuiden y dejen a sus hijos como fieras salvajes. Si queremos otorgarle un papel más activo a esos dejados padres, pueden incidir y procurar en sus hijos los mismos fallos vitales que tuvieron ellos mismos, e incluso pueden llevarlos a tomar decisiones contrarias a aquellas que llevaron a los padres a conseguir algo bueno. Pero insisto, bastará con tratar a tus hijos como a animales callejeros, no preocupándose por ellos a ningún nivel.

Decía Wilhelm Röpke que  los demagogos sociales emplean las promesas del Estado del Bienestar para seducir a las masas sin advertir del precio que habrá que pagar por ello.

Pues bien, esos demagogos sociales saben a ciencia cierta del intrés de los padres porque sus propios hijos alcancen cotas satisfactorias de felicidad en el largo plazo, a través de una vida buena (que no es lo mismo que buena vida) y estarán dispuestos a minar cuantos conceptos y proyectos sean necesarios, en caso de que la vida buena de los hijos implique inexorablemente una peor “buena vida” para el propio demagogo.

Es por esta razón, por la que algunos se niegan a que se hagan públicos los test de diagnóstico de los centros educativos y docentes en la Región de Murcia.

Estando de acuerdo en que lo peor pasa por la dejadez y lo mejor pasa por el interés e implicación, no entiendo que exista un padre de un pueblo de una comarca de la Región de Murcia que no quiera saber en manos de quien deja a sus hijos en el colegio.

Todos aquellos a los que les importan sus hijos, desean conocer las capacidades de los maestros que enseñan a sus hijos, la calidad del centro escolar al que “le ha tocado llevarlo”, con la finalidad de, en la medida de sus posibilidades, intentar que sus hijos reciban la mejor formación. Conocer a través de unos test en manos de quien dejan a sus hijos, es una obligación moral de los padres para con sus hijos. Y conocer esto no es clasista, ni facha, ni hace falta que tengamos que pagar más impuestos, que demasiados pagamos ya. 

La Administración Pública tiene que ser transparente. Conocer como funcionan cualitativamente los centros docentes y toda la administración pública es un derecho que todos tenemos ya que los mantenemos con nuestros impuestos, y al igual que nos gusta saber que hacen los hijos con la paga semanal nos gusta saber que hacen los políticos, y los funcionarios, y los maestros, y los médicos  y todos los que viven de nuestros impuestos. 

Algunos aún mantienen eso de “la información es poder” estando en la era de Internet como estamos y teniendo todo disponible con un mero click. Yo prefiero quedarme con esa frase que dice: “el que no tiene nada que ocultar no tiene nada que temer”.

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