Obama no durmió en su cama
El Gobierno sudafricano ha decidido no hacerse el sordo y está preparando un comunicado para explicar la circunstancia de que el intérprete encargado de traducir a la lengua de los signos los discursos de los mandatarios durante el homenaje a Nelson Mandela, no estuviera diciendo nada, nada que tuviera que ver con el lenguaje de los signos al uso.
No puedo revelar las fuentes, pero a servidora le han soplado de buena tinta, negra, para más señas, que el contenido del mensaje se expresaba en el lenguaje del amor, un código inventado entre Obama, presidente de los Estados Unidos, y Helle Thorning-Schmidt, mandataria danesa, para evitar que el resto del mundo, especialmente David Cameron y Michelle Obama, se quedaran con la copla de que allí se estaba cociendo un romance.
Da igual lo que acabe explicando el Gobierno sudafricano, lo que en realidad decía el intérprete de forma reiterada era: Helle le mola a Obama, esta noche te meto mi Barack -secreto juego de palabras encriptado en tortolito en el cual, homenajeando a la lengua de Rajoy, para despistar todavía más, se hace un claro paralelismo entre el nombre propio de Obama y su propia vara genital, que por ser negra, se presume de aquí te espero-.
Michelle, con esa sabiduría ancestral e intuitiva que arrastran todas las mujeres casadas sin importar su raza, religión o color, se estuvo oliendo el pastel todo el rato, de ahí que se interpusiera entre los enamorados mientras se hacían fotos como cualquier pareja en París, quedando inmortalizada para la posteridad con cara de pocos amigos; por su parte, Cameron, con esa tontuna bovina y primitiva que exhiben todos los hombres solteros o casados cuando les sonríe una rubia, intentó arrimar su ascua blanca a todas luces genéticamente inferior.
Se rumorea que ni él ni Obama yacieron en el lecho marital esa noche, tampoco en la de Helle, sino que sus mujeres, con esa erudición vaginal que esconden sus labios sordomudos desde el principio de los tiempos, los mandaron a dormir al sofá.
![[Img #20448]](upload/img/periodico/img_20448.jpg)
Monumento para recordar el 50 aniversario de Nelson Mandela, realizado por el artista sudafricano Marco Cianfanelli.
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No puedo revelar las fuentes, pero a servidora le han soplado de buena tinta, negra, para más señas, que el contenido del mensaje se expresaba en el lenguaje del amor, un código inventado entre Obama, presidente de los Estados Unidos, y Helle Thorning-Schmidt, mandataria danesa, para evitar que el resto del mundo, especialmente David Cameron y Michelle Obama, se quedaran con la copla de que allí se estaba cociendo un romance.
Da igual lo que acabe explicando el Gobierno sudafricano, lo que en realidad decía el intérprete de forma reiterada era: Helle le mola a Obama, esta noche te meto mi Barack -secreto juego de palabras encriptado en tortolito en el cual, homenajeando a la lengua de Rajoy, para despistar todavía más, se hace un claro paralelismo entre el nombre propio de Obama y su propia vara genital, que por ser negra, se presume de aquí te espero-.
Michelle, con esa sabiduría ancestral e intuitiva que arrastran todas las mujeres casadas sin importar su raza, religión o color, se estuvo oliendo el pastel todo el rato, de ahí que se interpusiera entre los enamorados mientras se hacían fotos como cualquier pareja en París, quedando inmortalizada para la posteridad con cara de pocos amigos; por su parte, Cameron, con esa tontuna bovina y primitiva que exhiben todos los hombres solteros o casados cuando les sonríe una rubia, intentó arrimar su ascua blanca a todas luces genéticamente inferior.
Se rumorea que ni él ni Obama yacieron en el lecho marital esa noche, tampoco en la de Helle, sino que sus mujeres, con esa erudición vaginal que esconden sus labios sordomudos desde el principio de los tiempos, los mandaron a dormir al sofá.
![[Img #20448]](upload/img/periodico/img_20448.jpg)
Monumento para recordar el 50 aniversario de Nelson Mandela, realizado por el artista sudafricano Marco Cianfanelli.
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