Denuncian su expansión incontrolada y los daños que está produciendo a la fauna y la flora, así como a los cultivos
“Es necesario catalogar al arruí como especie exótica e invasora y, en consecuencia, proceder a su desaparición de Sierra Espuña y su entorno y de toda la Región de Murcia, para evitar los continuos daños y perjuicios que está ocasionando en fincas agrícolas, así como a la ganadería tradicional y a los propietarios de fincas en espacios naturales y en la Reserva de Caza y Parque de Sierra Espuña”. Lo dice un escrito que asociaciones de agricultores y propietarios de la zona han remitido al Consejero de Presidencia y Medio Ambiente de Murcia y al Director General de Medio Natural del Ministerio.En concreto, el escrito es consecuencia de una reunión entre representantes del sindicato agrario COAG y de varias asociaciones de propietarios de fincas ubicadas en espacios naturales de Murcia. El texto relata la trayectoria del arruí desde su llegada en 1970 a Sierra Espuña con fines cinegéticos, así como su proliferación y expansión incontrolada en el entorno de los términos municipales en los que está Sierra Espuña, y su asentamiento en las pedanías altas de Lorca y en la Sierra de María (Almería). Los afectados también denuncian que se está incumpliendo impunemente toda la normativa establecida en el PORN (Plan de Ordenación de los Recursos Naturales) del Parque de Sierra Espuña tanto en lo que se refiere a la indemnización de daños a los agricultores, como al número máximo de arruís autorizado, así como al estudio de compatibilidad con el Parque que debía de haber realizado hace doce años.
El texto también hace un balance de los efectos del arruí en sus casi 40 años de presencia en Murcia, valorando que los efectos negativos han sido sustancialmente superiores a los positivos, ya que estos últimos han sido sólo en parte para la caza, mientras que el arruí ha destruido y desplazado tanto flora como fauna autóctona y ha hecho desaparecer o abandonar la mayor parte de los cultivos del Parque de Sierra Espuña y su entorno, habiendo ampliado considerablemente su radio de acción a zonas de cultivos intensivos, al amparo de los llamados corredores ecológicos que además pretenden hacer prevalecer las funciones de circulación de arruí y otra fauna, mientras que se restringen o impiden otros usos agrícolas y se genera una sensación de indefensión e impunidad frente a los constantes daños que se generan.


