Los temores sobre China y emergentes cortan el rebote
Los buenos datos de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan y de manufacturas de Chicago, y la aprobación sucesiva del EFSF europeo por los Parlamentos finlandés, alemán y austriaco, no lograron compensar el viernes los renovados temores de que la economía china y en general las economías emergentes se estén debilitando. La caída de la producción industrial china por tercer mes consecutivo y otros datos que apuntan a cierta debilidad en la hasta ahora imparable locomotora china enfriaron el cierre semanal y trimestral del pasado viernes, que fue triste, en línea con un tercer trimestre que para muchas Bolsas ha sido el peor desde las turbulencias post Lehman del año 2008, y para algunas, como la de Hong Kong o nuestro Ibex, ha sido el peor trimestre desde hace nueve años.
Pese a ello, la idea, que apuntábamos al final de nuestro comentario último, de comprar opciones call, ha funcionado muy bien, ya que, pese al mal cierre del viernes, en la semana el Eurostoxx ha subido un 7,5%, el Ibex un 6,9%, y el Dax un 6%. Las plazas americanas y asiáticas han estado más planas, con subidas del 1,3% en el Dow, quedándose plano el S&P y cayendo un 3% el Nasdaq. En Asia pesaron negativamente los ya mencionados temores a una desaceleración del crecimiento chino, y las subidas en las Bolsas asiáticas han sido moderadas e incluso el Shanghai Composite ha caído un 3% en la semana.
Se cierra de esta forma un trimestre importante, en el que la idea de una recesión en Estados Unidos y el peligro de una eventual quiebra desordenada de Grecia con impacto posterior en España, Italia y Francia provocó el hundimiento de las Bolsas en agosto, y en paralelo subidas disparatadas de los presuntos activos "refugio" como el oro, el bund y el T bond. En septiembre las caídas de las Bolsas se han moderado algo, dentro de una gran volatilidad, y el oro ha corregido en parte su subida de agosto, pero bund y el T bond han seguido subiendo de precio, a pesar de mostrar cierto cansancio esta semana última.
Como ya decíamos la semana pasada, el eje común de todos los movimientos de agosto y septiembre (Bolsas, materias normas, divisas, bonos,...) es la idea de una recesión global, provocada por el fin de los estímulos fiscales extraordinarios y por el fin de las inyecciones monetarias de la FED. Recesión que se agravaría si los problemas de la zona euro toman la peor deriva posible y quedan fuera de control.
Siendo cierto que la finalización de los estímulos extraordinarios, monetarios y fiscales, tiene como consecuencia necesaria un menor crecimiento, sin embargo no esta nada claro que vayamos a una recesión global, sobre todo si en la zona euro se encauzan los problemas, como ya han empezado a encauzarse en septiembre. El escenario de unas economías americana y europea creciendo al uno y medio por ciento y de unas economías emergentes creciendo por encima del cinco por ciento es perfectamente posible al desaparecer el punto y medio adicional que daban los estímulos "extra", pero no es tan catastrófico como las fortísimas caídas de los mercados han descontado.
La ayuda de unos tipos de interés bajos que movilizasen progresivamente el dinero hacia la inversión empresarial, sacándolo del cómodo refugio de la Deuda publica endulzaría sin duda ese periodo de bajo crecimiento, sentando las bases de una vuelta de la inversión privada, que es lo que verdaderamente debe marcar el inicio del final de la crisis. La liberación de recursos financieros para el sector privado es el sentido último de las políticas de ajuste del gasto público y de ortodoxia presupuestaria a nivel global, y fija el rumbo adecuado para salir de la crisis, aunque sea un rumbo difícil, que exige sacrificios y esfuerzos por parte de todos.
Bajo esta idea, la política de los Bancos Centrales, por un lado, y el impulso de las economías emergentes, por otro lado, son esenciales. Por eso es importante la reunión del BCE este jueves. El BCE debería bajar los tipos este jueves, a pesar del mal dato provisional de inflación de la eurozona en septiembre, rectificando así una subida que nunca debió haberse producido.
En cuanto a los emergentes, como decíamos al principio, la gran novedad de la semana ha sido la inquietud sobre estas economías, ya que si China se para los problemas pueden ser muy gordos, dentro de esta crisis tan profunda, que se va moviendo de sitio, pero que siempre sigue ahí. Las medidas contractivas tomadas por varios países, como China, India o Brasil, entre otros, para evitar un recalentamiento excesivo de sus economías, se están traduciendo, como era lógico, en una desaceleración de sus ritmos de crecimiento. Pero, de nuevo, ahora toca vigilar que esa desaceleración no sea fuerte y que siga el crecimiento, una vez alejados los temores de burbujas.
Estos son, a nuestro juicio, los grandes retos del cuarto trimestre para los Bancos Centrales, ya sean la Fed y el BCE o ya sean los Bancos centrales de los países y economías emergentes. Los Bancos Centrales están asumiendo sobre sus espaldas todo el peso de la gestión de la crisis, ante la ineficiencia de unos Gobiernos unos organismos internacionales que han decepcionado enormemente a los ciudadanos. Debemos confiar en ellos mucho más que en la desafortunada y poco útil burocracia que se ha instalado en los organismos internacionales y en muchos Estados europeos.
Esta semana viene cargada de datos, como el ISM de manufacturas y servicios en Estados Unidos, los ISM europeos y chino (ojo a éste) y sobre todo el informe de empleo de septiembre en la economía norteamericana, que se publicará el viernes, después de que el de agosto arrojase un terrorífico dato de creación de cero puestos de trabajo.
La primera semana bursátil de octubre, un mes siempre temido por los inversores, se la juega en esos datos. Frente al negativismo de unos mercados que descuentan las peores perspectivas económicas, la realidad es que los datos que han aparecido hasta ahora no son tan malos. La pasada semana vimos en Estados Unidos los bienes duraderos y la confianza del consumidor, por encima de las estimaciones, aunque es verdad que los ingresos personales de septiembre decepcionaron a la baja.
Si la batería de datos que esperamos esta semana es moderadamente positiva, y si el BCE baja tipos o al menos da señales claras de que los bajará, octubre puede empezar con mejor pie que el que anunciaría el mal cierre del pasado viernes.
Pese a ello, la idea, que apuntábamos al final de nuestro comentario último, de comprar opciones call, ha funcionado muy bien, ya que, pese al mal cierre del viernes, en la semana el Eurostoxx ha subido un 7,5%, el Ibex un 6,9%, y el Dax un 6%. Las plazas americanas y asiáticas han estado más planas, con subidas del 1,3% en el Dow, quedándose plano el S&P y cayendo un 3% el Nasdaq. En Asia pesaron negativamente los ya mencionados temores a una desaceleración del crecimiento chino, y las subidas en las Bolsas asiáticas han sido moderadas e incluso el Shanghai Composite ha caído un 3% en la semana.
Se cierra de esta forma un trimestre importante, en el que la idea de una recesión en Estados Unidos y el peligro de una eventual quiebra desordenada de Grecia con impacto posterior en España, Italia y Francia provocó el hundimiento de las Bolsas en agosto, y en paralelo subidas disparatadas de los presuntos activos "refugio" como el oro, el bund y el T bond. En septiembre las caídas de las Bolsas se han moderado algo, dentro de una gran volatilidad, y el oro ha corregido en parte su subida de agosto, pero bund y el T bond han seguido subiendo de precio, a pesar de mostrar cierto cansancio esta semana última.
Como ya decíamos la semana pasada, el eje común de todos los movimientos de agosto y septiembre (Bolsas, materias normas, divisas, bonos,...) es la idea de una recesión global, provocada por el fin de los estímulos fiscales extraordinarios y por el fin de las inyecciones monetarias de la FED. Recesión que se agravaría si los problemas de la zona euro toman la peor deriva posible y quedan fuera de control.
Siendo cierto que la finalización de los estímulos extraordinarios, monetarios y fiscales, tiene como consecuencia necesaria un menor crecimiento, sin embargo no esta nada claro que vayamos a una recesión global, sobre todo si en la zona euro se encauzan los problemas, como ya han empezado a encauzarse en septiembre. El escenario de unas economías americana y europea creciendo al uno y medio por ciento y de unas economías emergentes creciendo por encima del cinco por ciento es perfectamente posible al desaparecer el punto y medio adicional que daban los estímulos "extra", pero no es tan catastrófico como las fortísimas caídas de los mercados han descontado.
La ayuda de unos tipos de interés bajos que movilizasen progresivamente el dinero hacia la inversión empresarial, sacándolo del cómodo refugio de la Deuda publica endulzaría sin duda ese periodo de bajo crecimiento, sentando las bases de una vuelta de la inversión privada, que es lo que verdaderamente debe marcar el inicio del final de la crisis. La liberación de recursos financieros para el sector privado es el sentido último de las políticas de ajuste del gasto público y de ortodoxia presupuestaria a nivel global, y fija el rumbo adecuado para salir de la crisis, aunque sea un rumbo difícil, que exige sacrificios y esfuerzos por parte de todos.
Bajo esta idea, la política de los Bancos Centrales, por un lado, y el impulso de las economías emergentes, por otro lado, son esenciales. Por eso es importante la reunión del BCE este jueves. El BCE debería bajar los tipos este jueves, a pesar del mal dato provisional de inflación de la eurozona en septiembre, rectificando así una subida que nunca debió haberse producido.
En cuanto a los emergentes, como decíamos al principio, la gran novedad de la semana ha sido la inquietud sobre estas economías, ya que si China se para los problemas pueden ser muy gordos, dentro de esta crisis tan profunda, que se va moviendo de sitio, pero que siempre sigue ahí. Las medidas contractivas tomadas por varios países, como China, India o Brasil, entre otros, para evitar un recalentamiento excesivo de sus economías, se están traduciendo, como era lógico, en una desaceleración de sus ritmos de crecimiento. Pero, de nuevo, ahora toca vigilar que esa desaceleración no sea fuerte y que siga el crecimiento, una vez alejados los temores de burbujas.
Estos son, a nuestro juicio, los grandes retos del cuarto trimestre para los Bancos Centrales, ya sean la Fed y el BCE o ya sean los Bancos centrales de los países y economías emergentes. Los Bancos Centrales están asumiendo sobre sus espaldas todo el peso de la gestión de la crisis, ante la ineficiencia de unos Gobiernos unos organismos internacionales que han decepcionado enormemente a los ciudadanos. Debemos confiar en ellos mucho más que en la desafortunada y poco útil burocracia que se ha instalado en los organismos internacionales y en muchos Estados europeos.
Esta semana viene cargada de datos, como el ISM de manufacturas y servicios en Estados Unidos, los ISM europeos y chino (ojo a éste) y sobre todo el informe de empleo de septiembre en la economía norteamericana, que se publicará el viernes, después de que el de agosto arrojase un terrorífico dato de creación de cero puestos de trabajo.
La primera semana bursátil de octubre, un mes siempre temido por los inversores, se la juega en esos datos. Frente al negativismo de unos mercados que descuentan las peores perspectivas económicas, la realidad es que los datos que han aparecido hasta ahora no son tan malos. La pasada semana vimos en Estados Unidos los bienes duraderos y la confianza del consumidor, por encima de las estimaciones, aunque es verdad que los ingresos personales de septiembre decepcionaron a la baja.
Si la batería de datos que esperamos esta semana es moderadamente positiva, y si el BCE baja tipos o al menos da señales claras de que los bajará, octubre puede empezar con mejor pie que el que anunciaría el mal cierre del pasado viernes.





















