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Opinión |
Miércoles, 08 de Enero de 2014

Nada habría sin Phil Everly

[Img #21122]Desde el Canto Gregoriano, lo más importante que ha pasado en la historia de las armonías vocales son los Everly Brothers. Estamos hablando de que eran música clásica, no solamente pop. Sin estos hermanos que venían adiestrados de casa no hubiesen existido por ejemplo los Beatles o sí habrían existido pero se habrian quedado tocando skiffle con banjos de una sola cuerda, inglesitos jugando a ser paletos desharrapados de las montañas Ozark. Los Beatles, a quien luego los Everlys imitaban (el maestro copiaba del émulo) ni hubiese existido el 80 por ciento de la música de los años 60 y por tanto sin ellos aún estaríamos creyendo que armonía es Joselito, el ruiseñor de las cumbres, arrancándose jipíos cabezones con la boina capada. Su influencia, la de los Everlys, en la historia de la música ha sido literalmente incomensurable.
 
Ahora ha muerto Phil Everly, precisamente el hermano que no tenía ganas de morir (Don algunas veces sí) y el que mejor cantaba de los dos, con ese su temperado agudo que no tiene nada que envidiar al mismísimo Garfunkel (otro que bebió en sus fuentes). Don Everly, y según las distintas versiones, sufrió una sobredosis de "speed" o bien se intentó suicidar en los años 60, cuando ya eran ricos y famosos, por una mala reacción anímica a la medicación para sus recurrentes depresiones. La segunda versión es la piadosa, claro, pero es la que lo deja peor. Don, el mayor, sigue vivo y el otro no, contra lo que se preveía. A la vida siempre le gusta jugar un poco con sus víctimas, darles unas cuantas vueltas mientras decide qué hacer con ellas, como las arañas. 
 
Las voces de Don y Phil, que en casa echaron la música antes que los dientes porque en vez de jugar a subirse a los árboles en Kentucky trataban de subirse a las escalas tonales, formaban una especie de tensión paralela en el aire. Como una vibración metálica. Hasta que, en sus tonos más altos, en lugar de a dos adolescentes a capella se creería estar escuchando una reverberante trompeta de válculas. Infinitos fueron los imitadores de los dos hermanos, todo el que tenía un hermano pensaba que ya tenía media carrera en los "charts" hecha, pero ninguno llegó (si acaso los maravillosos The Righteous Brothers, que tenían su propio estilo) a ese tono mineral tan limpio y vibrátil que pudiera haberse puesto perfectamte como test auditivo para otorrinos. No entraremos en imitaciones para el tercer mundo como el dúo dinámico, cuya simple comparación sería una broma pesada.
 
Bajo la limpidez, el estilo "preppy" y el aseo de los hermanos, típicamente norteamericanos, había lo que no es raro encontrar si se rasca bajo la superficie del medio oeste: una banda sonora perfecta, por inquietante, para una película de cielos vacíos y parlamentos estupefactos de David Lynch. Siempre me ha obsesionado la siniestra desolación que existe bajo una casi canción de cuna como "(Todo lo que tengo que hacer es) soñar","(all I have to do is) dream", de la que Roy Orbison hizo una versión impresionantemente llorosa pero, creo, sin la cualidad hipnótica original. Siempre he pensado que Lynch pudo hacer con esa canción de los Everlys lo que ya hizo con "In dreams" del propio Orbison en "Terciopelo azul".
 
Con los años, se rebajó la cantidad de metal en esas gargantas, las canciones se volvieron menos ultrasónicas, ya las voces se enlazaban y no se mantenían paralelas sobre un lecho de electricidad estática monoaural, como antes. También, dejaron de tener éxito, aunque las canciones seguían siendo tan buenas como antes, o más. Lo mejor  de los Everly vino la víspera de separarse, cuando estaban tan cansados de su hermandad que tuvieron que rodearse de lo mejor que existía en colaboradores de estudio, para hacerse más soportables. En canciones como la country-rock "Lay it down", virtuosamente interpretadas por cuantos intervinieron en las sesiones, puede escucharse cómo sonaría y qué ritmo elegiría el crepúsculo si éste no fuese mudo.
 
Don hizo estupendos discos en solitario en los años 70, pero, contra la opinión de los críticos, me parece que son mejores los de Phil de la misma época. Don siguió con el ortodoxo country-rock sin encontrar un sonido, o un estilo, adecuado a sus fantásticas composiciones y Phil llevó a una nueva perfección nuevaolera y moderna su delicioso estilo vocal, que se acoplaba a los nuevos sonidos como un guante de cabritilla, sin perder nada de la serena melancolía de los dos hermanos. Aquella bajo cuya dulzura aparente se cobijaba una noche solitaria de caminos secundarios para las psicologías retorcidas de la norteamérica gótica. "Siempre que quiero tenerte/ todo lo que tengo que hacer es soñar/ soñar, soñar, soñar..."
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