Amenazas de muerte por un cartel
Una vez, en el culo del mundo, en Anchorage, vi una tienda de objetos artísticos en cuyo escaparate había un cartel absolutamente memorable, que decía: "la única tienda de Alaska donde se vende auténtica artesanía local que no está fabricada en China". Estoy seguro que aquel establecimiento no vendía una escoba entre los turistas, precisamente porque hoy toda tradición local, toda autenticidad o es fabricada en china o no es: al público globalizado, la autenticidad de verdad le parece una impertinencia.Me he acordado de aquello porque el diseñador Severo Almansa acaba de diseñar un cartel para las fiestas de primavera de Murcia 2014 que está siendo bastante polémico. Y está siendo polémico porque resulta demasiado auténtico. Es un cartel donde incorpora, de forma por supuesto exquisita (aún estoy por ver algo de Severo Almansa que resulte de dudoso gusto), aquellas figurillas de yeso o barro cocido -algunas con su alambre interior para fijar el material-, hoy imposibles de encontrar salvo en museos o sobre algún tapete de ganchillo en los televisores de ciertas ancianas rurales, que antes se hacían en alfarerías de la huerta y se repartían por las calles, de mano en mano ya que se quebraban con facilidad, durante la Semana Santa o el Entierro de la Sardina. Es un cartel lleno de una ternura bien entendida. Bien, pues a una parte del público tuitero, y demás cavernas mediáticas, esta obra de un Severo que con los años -y las privaciones materiales, qué coño- se vuelve cada vez más espiritado y sentimental, le ha parecido un insulto. Un insulto a nuestro gusto por la estampita recargada, al chipirrín pomposo, a la Virgen de la Fuensanta y probablemente a la artesanía auténtica murciana importada de la China Popular. Alguien ha escrito que a Severo habría que sacarle los ojos por lo que ha diseñado.
-A lo mejor es que la gente más joven de internet no sabe lo de las viejas figurillas murcianas -me dice ingenuamente Severo, que, desde que hablan perrerías en "hashtags" y "muros", al salir de su estudio echa a andar por otras calles distintas a las habituales, por si acaso se encuentra a alguien de twitter.
Su cartel de fiestas, al que no se puede añadir ni quitar nada, es una pura sugerencia: prácticamente atrapa hasta el olor de una época, que yo mismo viví en sus estertores. En toda obra sobresaliente hay siempre una ironía. No se me escapa que el diseñador ha expuesto una figurilla, casi un idolillo tribal de la Fuensantica (de un "kitsch" arrebatador), junto a demoniejos, sardinas, mozas cabezonas y desnudas bacantes. El buen Pueblo acogía estas cosas con el espíritu infantil propio de la masa. Ese revoltillo inocentemente blasfemo fue la esencia de las fiestas de primavera, incluso bajo la dictadura franquista. Severo expone en su cartel esos objetos de nuestra particular santería en el mismo orden de los insectos pinchados de una vieja colección de entomología.
No es una estampita zarzuelera, que no hubiese producido mayor disensión en internet. Aquí estamos ante uno de los mejores diseñadores de España, que su tierra aún no ha calibrado en su justa importancia. El de Severo Almansa es un poderoso, limpio, depurado, insinuante y estilizado pero emotivo cartel, libre de grasa. De cuando Murcia, y no hace tantos decenios, era un paraje retirado del que no se salía y al que casi no se llegaba que, en primavera, se ilusionaba con estas pobreterías artesanas que no iban a ninguna parte y que, algunas de ellas, se han salvado de milagro, como se salvan a veces los caballitos de cartón que ningún niño ha montado. De cuando lo auténtico aún no nos venía de China.
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