Tirar a Pedro Jota por la ventana
El difunto periodista de Diario 16 José Luis Gutiérrez, según testigos presenciales, estuvo en un tris en los años ochenta de tirar por la ventana de la planta noble de aquel periódico (se supone que además de noble era alta) al que luego sería director de El Mundo Pedro J. Ramírez, cuando éste dirigía el Diario. El periódico al final se conformó, más modestamente, con despedir a Pedro Jota por la puerta de la planta baja. Gutiérrez, al parecer, como el dueño del Diario, Juan Tomás de Salas, no pudo soportar la publicación de ciertas conversaciones impertinentes con ETA. Quién nos iba a decir entonces que, andando los decenios, el que acabaría tirando efectivamente por la ventana del periódico a Pedro Jota, al menos periodísticamente, sería Mariano Rajoy, en contubernio al parecer con la Oposición, la Monarquía, las grandes empresas del Ibex y no sé si la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, a través de los dueños italianos del grupo mediático. Y lo han tirado por lo mismo que en Diario 16: determinadas conversaciones delicadas de poco momento (ésta vez no con "Antxón" sino, tal vez peor, con Bárcenas) publicadas cuando menos se debía. Si no llevas cuidado en este país, una de las dos Españas, con o sin ayuda de los italianos, siempre acaba arrojándote de alguna manera por el balcón.
A principios de los años noventa, grandes tiempos para el periodismo aunque el periodismo se quejara por entonces de vicio y añorara el pasado, fue muy excitante aquella guerra declarada entre el histórico Diario 16 y el recién nacido El Mundo, parecida a la que existe actualmente, muy reñida, entre La Razón de Marhuenda y el sentido común. En un programa culto de TVE llamado "La Clave" de José Luis Balbín, espacio hoy inimaginable que entonces veían todas las marujas de España de buena madrugada para reflexionar sobre la evolución de las ideas (hoy la única reflexión de madrugada es "el" teletienda), coincidieron unos pocos años después del despido fulminante Gutiérrez y Pedro Jota. El primero se pasó el tenso programa llamando al segundo "Pedrito", hasta que éste se engalló y “el Guti” dudó entre empezar a darle tratamiento de don o levantarse a ver si había por allí alguna buena ventana abierta. Por entonces yo ya era lector fidelísimo de El Mundo a pesar de trabajar en la competencia. En realidad, lo fui diariamente durante toda la existencia del medio bajo Pedro Jota (un cuarto de siglo), menos dos lapsos de algunos meses en que dejé de comprar el periódico. En el primero, por la indignación que me produjo la denuncia del periódico hacia la imperiosa intervención de la OTAN en los Balcanes. Sí, yo también busqué en aquellos momentos una ventana. El segundo período en que ya no compro El Mundo es menos idealista: dejé de hacerlo hace poco tiempo, cuando ya me fue económicamente imposible adquirir a diario medios de papel y ya me había quitado, a fin de mes, hasta de comer.
Pero durante veinticuatro años y medio, me he formado entre otros medios con El Mundo, con la gran prosa que siempre ha contenido, empezando por el gran escritor que es su ya antiguo director. Qué duda cabe que bajo Pedro Jota era un medio tendencioso. De muy distintas tendencias. El problema es que El Mundo ha contenido todo tipo de tendenciosidad, dependiendo de articulista concreto, porque ahí, empezando por aquél difunto subdirector y trotskista Javier Ortiz, cada cual ha opinado lo que le ha dado la gana sin someterse a la en otros periódicos célebre línea editorial, e incluso, con frecuencia, contra la línea editorial. Ese Cafarnaúm de opiniones disímiles heredadas de la época salvaje de Diario 16 me hizo el hombre que hoy soy, que ya no sé qué pensar de nada por no tener clara la línea editorial y acabo pensando más o menos de todo.
Ese sindios de El Mundo no podía acabar bien y no ha acabado. Estos días está sufriendo un cambio todavía incipiente hacia la respetabilidad y el poco sobresalto, que es lo que pedían históricamente los lectores del Times de Londres: que al desplegarlo por las mañanas no hubiese nada que alterase el pulso y mojaran los bordes del papel formato sábana con el té. Sin Pedro Jota, que hasta que lo visitaron los hombres de negro creía que el futuro del periodismo está en lo mucho que estará dispuesta la gente a pagar por internet (capaz es de seguir afirmándolo), tal vez lo único que pasa es que El Mundo va a dejar de ser un periódico eternamente joven y audaz, tantos años después que dejáramos de serlo sus lectores.
Otros artículos de José Antonio Martínez-Abarca
A principios de los años noventa, grandes tiempos para el periodismo aunque el periodismo se quejara por entonces de vicio y añorara el pasado, fue muy excitante aquella guerra declarada entre el histórico Diario 16 y el recién nacido El Mundo, parecida a la que existe actualmente, muy reñida, entre La Razón de Marhuenda y el sentido común. En un programa culto de TVE llamado "La Clave" de José Luis Balbín, espacio hoy inimaginable que entonces veían todas las marujas de España de buena madrugada para reflexionar sobre la evolución de las ideas (hoy la única reflexión de madrugada es "el" teletienda), coincidieron unos pocos años después del despido fulminante Gutiérrez y Pedro Jota. El primero se pasó el tenso programa llamando al segundo "Pedrito", hasta que éste se engalló y “el Guti” dudó entre empezar a darle tratamiento de don o levantarse a ver si había por allí alguna buena ventana abierta. Por entonces yo ya era lector fidelísimo de El Mundo a pesar de trabajar en la competencia. En realidad, lo fui diariamente durante toda la existencia del medio bajo Pedro Jota (un cuarto de siglo), menos dos lapsos de algunos meses en que dejé de comprar el periódico. En el primero, por la indignación que me produjo la denuncia del periódico hacia la imperiosa intervención de la OTAN en los Balcanes. Sí, yo también busqué en aquellos momentos una ventana. El segundo período en que ya no compro El Mundo es menos idealista: dejé de hacerlo hace poco tiempo, cuando ya me fue económicamente imposible adquirir a diario medios de papel y ya me había quitado, a fin de mes, hasta de comer.Pero durante veinticuatro años y medio, me he formado entre otros medios con El Mundo, con la gran prosa que siempre ha contenido, empezando por el gran escritor que es su ya antiguo director. Qué duda cabe que bajo Pedro Jota era un medio tendencioso. De muy distintas tendencias. El problema es que El Mundo ha contenido todo tipo de tendenciosidad, dependiendo de articulista concreto, porque ahí, empezando por aquél difunto subdirector y trotskista Javier Ortiz, cada cual ha opinado lo que le ha dado la gana sin someterse a la en otros periódicos célebre línea editorial, e incluso, con frecuencia, contra la línea editorial. Ese Cafarnaúm de opiniones disímiles heredadas de la época salvaje de Diario 16 me hizo el hombre que hoy soy, que ya no sé qué pensar de nada por no tener clara la línea editorial y acabo pensando más o menos de todo.
Ese sindios de El Mundo no podía acabar bien y no ha acabado. Estos días está sufriendo un cambio todavía incipiente hacia la respetabilidad y el poco sobresalto, que es lo que pedían históricamente los lectores del Times de Londres: que al desplegarlo por las mañanas no hubiese nada que alterase el pulso y mojaran los bordes del papel formato sábana con el té. Sin Pedro Jota, que hasta que lo visitaron los hombres de negro creía que el futuro del periodismo está en lo mucho que estará dispuesta la gente a pagar por internet (capaz es de seguir afirmándolo), tal vez lo único que pasa es que El Mundo va a dejar de ser un periódico eternamente joven y audaz, tantos años después que dejáramos de serlo sus lectores.
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