Tomar medidas
Nos acabamos de enterar por el propio ministro De Guindos. Esta vez no le han pillado mandando por lo bajini a tomar viento fresco a algún osado periodista. Y es que hay gente muy atrevida, que se atreve a plantear preguntas comprometidas al Sr. ministro.
Pues eso, ya sabemos que hay motivos para la esperanza. Esperanza en la recuperación económica, aclaro. Crecemos al 0,3%, lo que es una señal de esperanza. Bravo. Y el próximo año puede que al 1%. Fenomenal. Ya podemos aplaudir al ministro y agradecerle su trabajo, aunque no sea brillante, al menos para este escribano. ¿Por qué? Porque a este paso tardaríamos unos diez años en alcanzar una cuota de actividad económica capaz de poner orden en nuestra economía y mantener unas tasas razonables de paro, en lugar de las vergonzosas e impresentables que exhibimos desde hace ya demasiado tiempo. Ya sé que esto no es de ayer, pero debemos tomar medidas. ¿Qué medidas? Las que nos lleven a poner remedio a esta situación.
Nuestros gobernantes han tomado ya medidas y España va bien. ¿Bien para quién? Para ellos, naturalmente, que siguen ahí a pesar de su incapacidad. Porque la UE nos dice que la corrupción de las Administraciones Públicas en España asfixia al sistema económico y que debemos seguir haciendo reformas. Mientras tanto, la inversión pública en España sigue en caída libre y se encuentra en el último lugar de la UE. Es evidente que debemos tomar medidas. ¿Qué medidas?
Reemplazar a quienes han tenido la oportunidad -y el deber- de adoptarlas pero no lo han hecho, por otras personas con ilusión y conocimientos necesarios para enderezar el rumbo, aunque tengan que trabajar para conseguirlo. Entonces sí tendremos motivos para la esperanza.
Pues eso, ya sabemos que hay motivos para la esperanza. Esperanza en la recuperación económica, aclaro. Crecemos al 0,3%, lo que es una señal de esperanza. Bravo. Y el próximo año puede que al 1%. Fenomenal. Ya podemos aplaudir al ministro y agradecerle su trabajo, aunque no sea brillante, al menos para este escribano. ¿Por qué? Porque a este paso tardaríamos unos diez años en alcanzar una cuota de actividad económica capaz de poner orden en nuestra economía y mantener unas tasas razonables de paro, en lugar de las vergonzosas e impresentables que exhibimos desde hace ya demasiado tiempo. Ya sé que esto no es de ayer, pero debemos tomar medidas. ¿Qué medidas? Las que nos lleven a poner remedio a esta situación.
Nuestros gobernantes han tomado ya medidas y España va bien. ¿Bien para quién? Para ellos, naturalmente, que siguen ahí a pesar de su incapacidad. Porque la UE nos dice que la corrupción de las Administraciones Públicas en España asfixia al sistema económico y que debemos seguir haciendo reformas. Mientras tanto, la inversión pública en España sigue en caída libre y se encuentra en el último lugar de la UE. Es evidente que debemos tomar medidas. ¿Qué medidas?
Reemplazar a quienes han tenido la oportunidad -y el deber- de adoptarlas pero no lo han hecho, por otras personas con ilusión y conocimientos necesarios para enderezar el rumbo, aunque tengan que trabajar para conseguirlo. Entonces sí tendremos motivos para la esperanza.






















