El día que conocí a Suárez
Conocí personalmente a Adolfo Suárez en 1987. Él era entonces presidente
del CDS y me lo presentó un buen amigo en Venta de Baños (Palencia),
donde había ido a presidir una comida-mitin con militantes de su partido
en la campaña de las autonómicas de aquel año. Yo era entonces un
‘aprendiz’ de periodista con apenas 21 años.
Pocas semanas después, ya celebradas las elecciones, lo volví a encontrar en el Parlamento canario, donde Suárez era el principal invitado en la toma de posesión de Fernando Fernández, primer –y prácticamente único- presidente autonómico del CDS.
Suárez, en la tribuna de invitados, levantó la cabeza y me reconoció en la parte de prensa. Saltó el cordón que separaban ambas partes de la tribuna y vino hacia mí. Me dio un apretón de manos y me preguntó por el amigo común que nos había presentado semanas antes a más de 2.000 kilómetros de distancia. “Él me dijo (se refería a Gabriel González Gayo) que estabas aquí, ¿qué tal te va en tu nuevo destino?”, me preguntó.
“Muy bien, presidente, muchas gracias”, le respondí.
Aquellas fueron prácticamente las únicas palabras que crucé con él, pero realmente me impactaron. Que Suárez, quien había hecho posible junto al Rey la democracia en este país se acordara de un jovencísimo periodista a quien le presentaron en cierta ocasión, no solo me llenó de orgullo, sino que desde entonces me reconozco un ‘adolfista’ más.
Dios lo tenga en su Gloria y que España nunca le olvide.
Pocas semanas después, ya celebradas las elecciones, lo volví a encontrar en el Parlamento canario, donde Suárez era el principal invitado en la toma de posesión de Fernando Fernández, primer –y prácticamente único- presidente autonómico del CDS.
Suárez, en la tribuna de invitados, levantó la cabeza y me reconoció en la parte de prensa. Saltó el cordón que separaban ambas partes de la tribuna y vino hacia mí. Me dio un apretón de manos y me preguntó por el amigo común que nos había presentado semanas antes a más de 2.000 kilómetros de distancia. “Él me dijo (se refería a Gabriel González Gayo) que estabas aquí, ¿qué tal te va en tu nuevo destino?”, me preguntó.
“Muy bien, presidente, muchas gracias”, le respondí.
Aquellas fueron prácticamente las únicas palabras que crucé con él, pero realmente me impactaron. Que Suárez, quien había hecho posible junto al Rey la democracia en este país se acordara de un jovencísimo periodista a quien le presentaron en cierta ocasión, no solo me llenó de orgullo, sino que desde entonces me reconozco un ‘adolfista’ más.
Dios lo tenga en su Gloria y que España nunca le olvide.






















