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Opinión |
Lunes, 24 de Octubre de 2011

Pons y los idiotas

El siempre lenguaraz y desmesurado vicesecretario de Comunicación del Partido Popular, Esteban González Pons, ha vuelto a elegir la hora del vermú con aceituna rellena para quebrar la paz del fin de semana y llevar el desasosiego al personal no por lo que dice, sino porque el que lo dice es muy posible que pasado mañana tenga responsabilidades de Gobierno. Con su impostada voz y su sonrisa no menos sospechosa, el político en ejercicio que más centímetros de titulares cosecha a la semana puso este domingo la mosca tras la oreja de varios millones de votantes del PSOE al asegurar durante la presentación de la candidatura del PP por Valencia que "no hay ningún español tan idiota que quiera al PSOE". Con lo cual, una de dos: o en el PSOE no hay ningún español o ningún español puede ser del PSOE sin estar adornado por la imbecilidad más absoluta.

La diatriba planteada por el autor de "Camisa blanca", obra cumbre de la literatura ponsiana en la que González Pons asegura que casi se ha desnudado ante el lector, requiere alguna tipo de aclaración, cuando no de disculpa en las redes sociales a las que es tan aficionado, si no desea que su rotunda figura sea asimilada por centenares de miles de gilipollas a las de exiguos representantes de la carcundia patria como José María Aznar o Jaime Mayor Oreja.

El agravio infligido al contingente de votantes estúpidos o, lo que es lo mismo, afines a los socialistas, es de tal dimensión que si viniera de otro político pasaría por ser un error más de los muchos que se cuecen en las campañas y precampañas al calor de los mítines. Pero siendo cosa de González, que no da puntada sin hilo, no hay más remedio que atenerse a la literalidad de la frase y a la intencionalidad manifiesta de llamar tonto del culo a todo aquel que el 20 de noviembre próximo, llevado por su estulticia, introduzca en el sobre la papeleta con el puño y la rosa y lo deposite en la urna de metacrilato correspondiente, cuyos celosos guardianes es posible que le reciban con una sonrisa de conmiseración dado que su propietario llevará impresa en la cara la mácula de su tontería como los malos llevaban la zeta de El Zorro. "Fulanito de Tal", entonará uno de los integrantes de la mesa para dejar constancia de que el propietario del sufragio cumple con su derecho democrático y tal. "Bobo...digo, vota", respondrá su compañero, el amanuense de la regla y el boli al que sólo le falta la visera de celuloide y los manguitos para que nos situemos en siglo XiX.

Lo que se entiende a duras penas, por más que desde el PP se hagan llamamientos constantes al mantenimiento de las espadas en alto y a no dar ni agua al oponente pese a los demoledores resultados a su favor que muestran las encuestas, es qué necesidad tenía el dirigente popular de señalar con el dedo acusador a tanto memo que, mira por dónde, a lo mejor, había decidido abstenerse para castigar la gestión desempeñada por el partido de sus amores a lo largo de la legislatura y ahora, en cambio, se está pensando reasumir públicamente su oculta condición de tontolaba para darle a Gonzaléz Pons en el centro neurálgico de su preclara inteligencia.

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