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Opinión |
Jueves, 27 de Marzo de 2014

La sábana de la dignidad

El pasado sábado, mientras Suárez agonizaba y Madrid se llenaba de manifestantes que reclamaban “una vida digna, trabajo, casa, servicios sociales para todos y todas y el no pago de la deuda”, lejos, en Florencia, un joven turista español hizo algo inusitado delante del 'Nacimiento de Venus' de Botticelli, alojado en la Galería Uffizi de esta localidad: se situó delante del cuadro y se quitó toda la ropa hasta quedar tan completamente desnudo como la propia Venus; hecho esto, hincó las rodillas en el suelo y, de hinojos, postrado ante ella, lanzó pétalos de rosa a su alrededor.

Nadie interrumpió la operación y así permaneció hasta que llegaron los Carabineros que, alertados por los vigilantes del museo, se personaron en la sala, lo cubrieron con una sábana y se lo llevaron a comisaría. En ningún momento opuso resistencia a su detención, se limitó a gritar “libertad, libertad” en inglés, mientras se lo llevaban. Se ignoran los motivos de su acción, fue denunciado por actos obscenos y después se le dio lo que pedía, la libertad.

Lo que tampoco se conoce es de dónde sacó la policía italiana la sábana para cubrir lo que no se deseaba que fuera visto, en este caso un desnudo delante de otro desnudo, si se pasa por alto que uno de los dos no iba enmarcado, no hay una gran diferencia, sin embargo, uno de ellos hubo de ser cubierto por una sábana, ocultado.

Supongo que a Suárez lo cubrirían con una sábana cuando muriera, más tarde también lo hicieron con su féretro poniéndole una bandera, que no es más que otra versión de una sábana. Las sábanas se están convirtiendo en objetos peligrosos, tanto como las armas, esconden cosas, las camuflan, las niegan. Yo misma, cuando miro a mi alrededor y siento miedo, únicamente deseo ocultarme bajo las sábanas de mi cama, aplastarme contra el colchón, controlar la agitada respiración y quedarme muy quieta, para que no se me vea, o mejor, para que me olviden creyéndome muerta. Pero jugar a este juego es un gran error.

Es mejor rasgar la sábana y salir a pecho descubierto gritando “libertad, una vida digna, trabajo, casa, servicios sociales y el no pago de la deuda”, es mejor estar vivo que fingirse muerto, porque si no corremos el riesgo de convertirnos es esos amantes de Magritte castigados a darse asépticos y asfixiantes besos de algodón porque han elegido ser los verdugos de su propio destino.

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