¿Qué industria queremos?
En los últimos años se están popularizando entre las empresas políticas de responsabilidad social corporativa, como respuesta a la mala imagen de éstas y a la incorrecta percepción popular de que las empresas sólo buscan maximizar su resultado económico por encima del interés general.
Estos programas de RSC se están desarrollando equivocadamente separados del negocio de la empresa, como programas autónomos e independientes en el que se desarrollan todo tipo de actuaciones más cercanas a la Obra Social de las entidades financieras o a actividades casi de carácter caritativo.
No necesitamos que sean generosos con nosotros, necesitamos que las industrias que se localicen en nuestra comunidad compartan nuestros objetivos económicos y sociales. Necesitamos que sus objetivos empresariales creen una simbiosis, una alineación, con nuestros objetivos como comunidad. De esta forma, si consiguen tener éxito empresarial también sin esfuerzo extra conseguirán empujar a la comunidad hacia la consecución de sus objetivos sociales y económicos.
Necesitamos industrias que creen valor a la comunidad donde desarrollen su actividad, que creen valor compartido.
La política industrial debería focalizar sus esfuerzos en atraer y apoyar industrias que consigan esta simbiosis. Y ¿cómo puede una industria conseguir mejorar socialmente y económicamente a la comunidad cercana a la vez que consigue resultados? Hay que tener en cuenta:
- La cadena de valor del producto. Ésta define en gran medida la relación o incluso efecto tractor que la industria tiene con su alrededor. Industrias que necesiten proveedores y subcontratistas locales alrededor suyo, incrementarán la industria local y por lo tanto mejorarán la economía de la comunidad.
- El valor añadido que el propio producto aporta a la comunidad.
- La capacidad de la industria de crear un cluster alrededor de ella. Hay industrias que por sus características son capaces de crear otras empresas con objetivos semejantes, así como entidades, asociaciones, organismos, empresas competidoras, etc. que benefician tanto a sus intereses como a los de la comunidad.
- Y por último, pero no menos importante, la cultura empresarial y sus valores. Estos se pueden transmitir a la comunidad mejorándola.
Necesitamos una política industrial que fomente industrias que sean capaces de crear valor a la comunidad, a la vez que consiguen sus objetivos empresariales, sin un esfuerzo adicional.
Estos programas de RSC se están desarrollando equivocadamente separados del negocio de la empresa, como programas autónomos e independientes en el que se desarrollan todo tipo de actuaciones más cercanas a la Obra Social de las entidades financieras o a actividades casi de carácter caritativo.
No necesitamos que sean generosos con nosotros, necesitamos que las industrias que se localicen en nuestra comunidad compartan nuestros objetivos económicos y sociales. Necesitamos que sus objetivos empresariales creen una simbiosis, una alineación, con nuestros objetivos como comunidad. De esta forma, si consiguen tener éxito empresarial también sin esfuerzo extra conseguirán empujar a la comunidad hacia la consecución de sus objetivos sociales y económicos.
Necesitamos industrias que creen valor a la comunidad donde desarrollen su actividad, que creen valor compartido.
La política industrial debería focalizar sus esfuerzos en atraer y apoyar industrias que consigan esta simbiosis. Y ¿cómo puede una industria conseguir mejorar socialmente y económicamente a la comunidad cercana a la vez que consigue resultados? Hay que tener en cuenta:
- La cadena de valor del producto. Ésta define en gran medida la relación o incluso efecto tractor que la industria tiene con su alrededor. Industrias que necesiten proveedores y subcontratistas locales alrededor suyo, incrementarán la industria local y por lo tanto mejorarán la economía de la comunidad.
- El valor añadido que el propio producto aporta a la comunidad.
- La capacidad de la industria de crear un cluster alrededor de ella. Hay industrias que por sus características son capaces de crear otras empresas con objetivos semejantes, así como entidades, asociaciones, organismos, empresas competidoras, etc. que benefician tanto a sus intereses como a los de la comunidad.
- Y por último, pero no menos importante, la cultura empresarial y sus valores. Estos se pueden transmitir a la comunidad mejorándola.
Necesitamos una política industrial que fomente industrias que sean capaces de crear valor a la comunidad, a la vez que consiguen sus objetivos empresariales, sin un esfuerzo adicional.





















