Gobiernos, mercados y FMI reclaman al BCE que se más beligerante
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, ha advertido de que la institución no tendrá empacho en tomar alguna medida en junio si persisten los problemas de baja inflación, fortaleza del euro y escasa actividad económica.
Sus palabras son un paso más, un pequeño paso, en lo que algunos analistas consideran demasiado lento caminar del BCE hacia políticas de estímulo que apuntalen la débil economía europea.
No son pocas las voces -gobiernos, mercados e incluso instituciones como el Fondo Monetario Internacional- que desde hace tiempo reclaman al BCE que sea más beligerante en la adopción de este tipo de medidas, pero la institución mantiene su cautela, vigilada siempre de cerca por Alemania y su banco central, el Bundesbank.
Si las palabras de Draghi expresan una convicción y no son solo un modo de calmar a los mercados, en su reunión de junio, en la que ya dispondrá de sus nuevas previsiones macroeconómicas, el BCE podría optar por recortar el tipo de interés oficial, aunque no tiene mucho margen, ya que está en el 0,25%.
Esa medida podría ir acompañada de otras como aplicar tipos de interés negativos a los depósitos de la banca en esa institución o inyectar liquidez a los bancos. Opciones como la compra de deuda, fundamentalmente del sector privado, parecen más lejanas.
De este modo, la autoridad monetaria europea se sumaría a las políticas de estímulo puestas en marcha por el Reino Unido o EE UU.
La mayor parte de los analistas coinciden en que los apoyos dados por estos bancos centrales, que suponen haber afrontado la crisis de manera completamente distinta a como lo ha hecho el BCE, han dado sus frutos y han permitido a sus economías entrar en una fase de recuperación clara.
Así, mientras en la UE muchos aún no ven con nitidez la salida de la crisis, la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, ha afirmado que la economía estadounidense avanza hacia un crecimiento sólido.
Esa constatación permitirá poner fin tras el verano al programa de inyección de liquidez financiera puesto en marcha por su antecesor, Ben Bernanke, lo que constituye una buena noticia.
Otra ha sido el anuncio de que Portugal finalizará la próxima semana su rescate sin necesidad de recurrir a nuevas ayudas europeas.
Las felicitaciones no se han hecho esperar, pero al mismo tiempo han venido acompañadas de mensajes que instan a las autoridades portuguesas a seguir vigilantes e inciden en la necesidad de evitar la relajación después de tres años de duros ajustes.
El Gobierno portugués no puede tener ninguna complacencia y debe continuar con las reformas, ha advertido la Comisión Europea; el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, le ha recordado que queda trabajo por hacer y la agencia de calificación de riesgos Fitch ha dejado claro que la salida del rescate no significa el fin de los ajustes para ese país.
Portugal ha terminado el primer trimestre de 2014 con 139.000 parados menos de los que tenía al concluir marzo de 2013 y ha situado su tasa de desempleo en el 15,1% de la población activa.



