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Opinión |
Lunes, 12 de Mayo de 2014

Divergencias a la espera de un nuevo 'whatever it takes'

La divergencia entre los grandes valores americanos, representados en el índice Dow Jones, y los valores pequeños, cuyo índice de referencia es el Russell 2000 y secundariamente el Nasdaq Composite, es tal vez lo más llamativo de la segunda semana de mayo, en la que la calma ha seguido siendo la nota dominante, al punto de que podríamos hablar de una estabilidad casi perfecta de las Bolsas. Una estabilidad que la semana pasada ha estado, una vez más, muy apoyada por las declaraciones de Janet Yellen al Congreso y al Senado americano, y por las expectativas generadas por Draghi en la rueda de prensa posterior a la reunión del BCE el pasado jueves.

 

Sin embargo, y pese a que las Bolsas siguen enormemente influidas por lo que dicen o lo que hacen los Bancos Centrales, parece que algo está cambiando en la reacción de los inversores ante los anuncios de los grandes banqueros centrales. Hasta hace poco, cada sugerencia de nuevas medidas monetarias expansivas era recibida con entusiasmo. Hace dos años, en julio de 2012, el célebre whatever it takes de Draghi en Londres fue un verdadero catalizador (game changer) que disparó al alza a los bonos periféricos y a las acciones europeas. Esta vez, sin embargo, las palabras de Draghi, alimentando las expectativas de consenso para pasar a la acción en la reunión de junio ("the Governing Council is comfortable with acting next time") apenas han movido a las Bolsas.

 

Y ello a pesar de que Draghi fue todo lo lejos que podía ir en sus palabras y de que, al mismo tiempo que Draghi, la presidenta de la Fed Janet Yellen, al otro lado del Atlántico, enfatizó en su testimonio ante el Congreso en dejar claro que la Fed no tiene ninguna prisa en subir los tipos de interés, menos aún con los bajos niveles de actividad en el mercado de viviendas, calmando así a los operadores que temían una próxima subida de tipos tras el fuerte dato de creación de empleo en la economía norteamericana que se publicó hace una semana.

 

Pues bien, esta vez no hemos visto euforia, sino más bien movimientos semanales muy suaves, con caídas muy ligeras, como la del S&P que bajó un 0,14% en la semana o subidas igualmente pequeñas como la del 0,2% del Eurostoxx 50 y el Dax, o la del 0,1% de nuestro Ibex 35. Incluso el índice de emergentes, MSCI Emerging Markets subió un simbólico 0,3% en dólares en la semana. Solo vemos caídas semanales superiores al 1% en el Russell americano (-1,9% en la semana) el Nasdaq (-1,4%) el Mib italiano (-1,8%) o el Nikkei (-1,8%) y subidas semanales de cierta importancia en Rusia (+7,3%) o India (+2,3%).

 

Es decir, los inversores se estarían volviendo, al parecer, más escépticos ante las acciones de los Bancos Centrales.

 

Junto a esta reacción, un tanto fría, de las Bolsas ante las palabras de Yellen y Draghi, la otra novedad de la semana es, como decíamos al principio, la divergencia entre el Dow Jones y el Russell o el Nasdaq. Vemos que los grandes valores, los blue chips, son los que llevan el liderazgo, cosa que no sucedía en el 2013, cuando el Russell aventajaba claramente al Dow Jones. El pasado viernes el Dow Jones cerró en su record histórico de todos los tiempos, 16.583 puntos (el anterior máximo histórico en 2007, antes de la crisis financiera, se situó un poco por encima de los 14.000 puntos) mientras que el Russell 2000 (que ha bajado en torno a un 10% desde sus máximos de principios de marzo) y el Nasdaq tenían una mala semana, con caídas del 1,9% para el Russell y del 1,4% para el Nasdaq.

 

Este desplazamiento de los inversores hacia valores de mayor seguridad podría estar anticipando un sesgo más conservador en los inversores, que se nota también en los tipos de interés de los bonos de calidad, como el bund (1,45%) o el T bond (2,6%) y cabe preguntarse cuáles son las causas detrás de ese movimiento hacia una mayor seguridad.

 

Es obvio que el motor de la enorme liquidez sigue ahí, y que el motor de los bajos tipos de interés también sigue ahí, pero parece que los inversores quieren ver algo más (beneficios empresariales, crecimiento económico claro...) para seguir apostando al alza y, a la vez, parece que los inversores son más exigentes a la hora de tomar riesgo y de ahí el giro hacia grandes valores.

 

La gran pregunta es si ese nuevo sesgo más conservador se va a trasladar también a los mercados de bonos provocando subidas de tipos de interés en los bonos periféricos de la zona euro que ahora viven en el mejor de los mundos. Si esto sucediese sería, sin duda, una gran sorpresa para todos, pero las posibilidades de que veamos algo así en el corto plazo son realmente mínimas, a nuestro juicio.

 

Quizás sea más probable la sorpresa (aparte, como siempre, de lo que suceda en Ucrania) en Japón, donde se publica el PIB del primer trimestre que servirá para ver si la tan publicitada "abenomics" realmente está funcionando o, por el contrario, se puede convertir en un nuevo fracaso de una economía que lleva dos décadas y media ensayando como salir de la deflación, pero sin atacar los problemas de fondo de su modelo. También será interesante ver los datos de producción industrial y ventas al por menor de China en abril, que se publican el martes, ya que sin duda China es otro de los focos de posibles sorpresas, en un sentido o en otro, al condicionar enormemente las expectativas del resto de las economías.

 

En cuanto a otros temas, hay algunos resultados empresariales importantes (Cisco, Wal Mart, E.on, Thyssen,....) y varios datos macro en la zona euro y EEUU, pero lo realmente interesante a medio plazo es confirmar si ese nuevo sesgo por un lado más escéptico y por otro lado más conservador que parece asomar en el comportamiento de los inversores se va confirmando a medida que avanza el 2014.

 

De momento, y aunque sea un tanto aburrido y repetitivo, seguiríamos apostando básicamente por un escenario de tranquilidad. Es decir, por la idea de que todo va a seguir más o menos igual, en unos mercados fuertemente intervenidos y cuyo margen de sorpresa se reduce en la medida en la que la liquidez es grande, las alternativas de inversión rentable escasas y el deseo general es de estabilidad, como lo muestran las palabras de la semana pasada tanto de Yellen como de Draghi.

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