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Opinión |
Martes, 20 de Mayo de 2014

Cañete ha ligado poco

"El debate con una mujer es complicado, porque si demuestras superioridad intelectual o la acorralas, es machista", dijo el candidato del PP a las Elecciones Europeas Cañete tras perder su debate televisivo con su homóloga del PSOE, Valenciano. Como no podía ser de otra manera, lo han llamado machista por decir que no quería ser machista (quejarse de que hoy cualquier cosa parece machista ya es hacer machismo). ¿Cañete es un "un cavernícola", como lo ha llamado la prensa alemana, prensa que desde que elogiaba los raptos de éxtasis de Hitler en la ópera no ha rebajado su nivel de refinamiento?  Cañete el pobre no es que sea un cavernícola o un machista o siquiera un imprudente. Se echa de ver, sin más, que es un buen hombre que ha ligado poquísimo en la vida. O que es de los hombres que se da la vuelta en la cama a roncar como benditos, cuando la mujer le espera despierta para sacarle la vieja lista de agravios.
 
Sólo a alguien que ha intimado poco o nada con las mujeres o a alguien que no ha echado pulsos dialécticos con ellas sin tomar prisioneros se le ocurre pensar de verdad que un hombre tiene la más mínima opción de ganar un combate oral con una de ellas. Imposible de toda imposibilidad. En toda la historia de la humanidad no hay ni un solo indicio que nos lleve a pensar que ningún hombre haya salido vencedor tras discutir con alguna mujer, aunque sea en un debate electoral. Sencillamente, en eso las mujeres, aunque sean de la escasa arboladura intelectual de Valenciano, son invencibles. Son como el Barça del año del sextete, pero todos los años desde se inventó el mundo conocido.
 
Ni dejarse ganar ni gaitas, señor Cañete. "Si demuestras superioridad intelectual o las acorralas..." Parece mentira que estemos hablando de esto. ¿Acorralar a una mujer mientras discutes con ella? Es una contradicción en los términos, un oxímoron. Eso es como lo que decía Pío Baroja cuando el director del periódico "El Pensamiento Navarro" lo llamó para proponerle una colaboración literaria: "¿El pensamiento navarro? Eso es imposible. Si es pensamiento no puede ser navarro". Si discutes con una mujer no la acorralas jamás a ella, sino que siempre te acorrala o te acorralas tú mismo. Estamos hablando de potencias de fuego incomparables. Mientras que el hombre cuando habla con una mujer dispara balines de "paint ball" la mujer, siempre, saca el cañón Bertha y acaba contigo y con lo que te ha precedido hasta la sexta generación.
 
El hombre no se deja ganar en el debate con una mujer por galantería o por el qué dirán o por elegancia o por magnanimidad. Lo que se deja ganar, porque no puede ganar, lo que sale como el Rayo Vallecano de Paco Jémez a dar pasecitos bonitos pero impotentes, es la propia condición masculina, nuestra torpidez consustancial, que no tiene jamás la rapidez, la contundencia, la agresividad, el ansia de ganar a toda costa y la absoluta falta de remordimientos de una mujer que se siente atacada o cuestionada, no digamos ya herida. Cañete, en serio, ahora que ya le han dicho cavernícola y no tiene nada que perder: ¿se ha dejado usted ganar alguna vez un debate con una mujer, como dice, o más bien le han dejado sin recursos para defenderse hasta que usted ha tartamudeado de impotencia, como nos ocurre a todos? ¿Que ha acorralado usted a alguna? ¿realmente? ¿no estaría usted persiguiendo gamusinos?
 
Cañete ha hecho, sin querer, la segunda parte del chiste de aquel tipo que se ufanaba de llevar los pantalones en casa y de decidir siempre sobre los asuntos importantes. "Mi mujer decide sobre el colegio de los niños, la economía familiar, las vacaciones, las amistades, lo que se hace o no en cada momento, el horario y todo eso sin importancia; sin embargo la última opinión sobre los grandes temas son cosa mía: la lucha contra el hambre en el mundo, el calentamiento global, la situación de Palestina..."

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