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Fuera del euro hay vida

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La semana pasado un huracán azotó Europa. Para asombro de todos -y en especial del nuevo eje franco-alemán, Merkel Sarkozy- Papandreu propinó una bofetada histórica.
Y aunque le haya costado el gobierno, vino a demostrar lo que en esencia todos sabemos desde hace muchos años, que ningún acuerdo es válido si no hay voluntad política de llevarlo a cabo y mucho menos de espaldas a los que votan, aunque medio mundo les haya tachado de irresponsables.

En el programa electoral de Papandreu no estaba la inmolación a la que el pueblo griego debe someterse y a primera vista parece lógico que un referéndum sea lo más adecuado. Aunque debería haberlo planteado antes, no deja de ser el momento idóneo, una vez que Merkel y Sarkozy han anunciado que tenían la solución planetaria.

Desde su ingreso en la Unión, se sabía que Grecia era un país quebrado, por la forma en la que se articula el estado, sus ingresos y sus gastos. El poder se alterna entre las dinastías Karamanlis y Papandreu, en las que la corrupción ha sido una constante histórica. En cuanto a sus ingresos fiscales solo un dato, sus principales ingresos vienen por sus barcos y su banca, y ambos están exentos de pagar impuestos.

No fue una buena idea la Europa de una sola velocidad, cuando existen claramente 25 estados imposibles de reconciliar por falta de voluntad política y algunos de ética. Ahora toca contener la respiración y dejarse llevar por la corriente que nadie sabe hacia dónde nos lleva.
Alemania y Francia han castigado a sus vecinos “que viven por encima de sus posibilidades” y que son precisamente los que han hecho que puedan tener un superávit en su balanza de pagos. Afirmó la semana pasada el Nobel Stiglitz “sin crecimiento no es posible salir de la crisis y cuanto más se demore el resultado político mayores serán la inestabilidad y los costos”. Con la recesión, la imposibilidad de devaluación y socios dominantes como Alemania y Francia, bloqueando las exportaciones del resto de socios de la Unión, es imposible que países como el nuestro pueda crecer y reducir el déficit. ¿Qué futuro no espera entonces?. Una de nuestra principal riqueza era la agricultura y Francia ya se encargó de liquidarla con el Pacto Agrario Común, en aras de la ventaja que suponía el pertenecer a la Unión.

Al eje franco-alemán parece que la democracia le asusta y su único interés es cobrar, sea del modo que sea, aunque para ello tengan que repartirse los países a trozos. Les aterra lo que les pase a sus bancos y su reelección política, y esto es el gravísimo error de nuestra Europa. Los intereses políticos domésticos e incluso los económicos pesan de forma irreversible, de forma contraria a lo que sucede entre Alabama y Wisconsin, por poner un ejemplo.

Mientras duró el combustible de las burbujas económicas y financieras y los países se fueron endeudando hasta el infinito todo parecía funcionar, pero ahora salen con fuerza las grandes debilidades de Europa. Ahora hay que reconocer que fuera del Euro también hay vida, como Argentina la encontró fuera del dólar -aunque el FMI se empeñe en minusvalorar los esfuerzos de este país.

Argentina ha crecido desde la “desdolarización” en 2001 casi un 75% de su PIB y ha dinamizado su economía. De no haber tomado esta medida a tiempo hoy Argentina sería un estado fallido, como lo es Uganda, por ejemplo. Ante este sombrío panorama pensar que la solución de Europa es más Europa, con la que está cayendo, es un inmenso error del que los países de segunda fila nos puede costar varias generaciones remontar.

Más artículos de Antonio Escolar Vigueras, en su blog del Círculo de Economía
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