¿Por qué vale más una cama que un Velázquez?
El próximo 1 de julio, la casa de subastas Christie´s de Londres, sacará a subasta “My bed” (“Mi cama”), de la artista británica Tracey Emin. “My bed” es la pieza más conocida de su producción –una producción que por cierto ha vivido siempre de las rentas de esta obra- y se caracteriza, como la mayor parte de sus cosas, porque a finales de los años 90 causó sensación principalmente por su impudicia.
Como indica su título, se trata de una cama, la cama de Emin, la cual la presenta sin hacer, con manchas amarillas en las sábanas, se supone que de semen, y rodeada de detritus varios, tales como bragas manchadas, condones usados, ceniceros llenos de colillas, en fin, con toda la pinta de haber hecho en ella de todo y con todos, cosas que, en resumidas cuentas, cualquiera puede hacer en su cama y alrededor de ella, con la diferencia de que luego no hay costumbre de ir contando este tipo de intimidades abiertamente.
La intervención cumple con los requisitos para ser considerada arte contemporáneo, pero, ¿cómo es posible que proporcionalmente se espere de ella que sea más cara que un Velázquez? No ha pasado por ella la criba del tiempo, y Christie´s espera sacar por su venta entre los 960.000 y los 1,4 millones de euros.
Su actual propietario y promotor, el marchante y galerista Charles Saatchi, la compró hace sólo catorce años por 180.000 euros, -la reventa de obra no suele producirse con tanta celeridad-, o sea, que si la coloca va a hacer un negocio astronómico.
Hace bien en intentar deshacerse de ella tan pronto, posiblemente si pasa un poco más de tiempo ya no interese a nadie. Emin, al igual que Hirst y el propio Saatchi, han conseguido ser personajes de marca, todo lo que tocan está marcado por el éxito y la riqueza, crean tendencia y sugestionan a un montón de multimillonarios para que inviertan en ellos, sí, invertir, no coleccionar. Poco importa si la pieza gusta o no gusta, si enamora o repugna, la firma está de moda, nada garantiza que mañana esta inversión vaya a resultar rentable, más bien todo indica lo contrario, pero da igual, ¿quién da más?
Ya saben el chiste, ¿no?: esto son dos que están en una feria de arte contemporáneo delante de un cuadro, y uno le pregunta al otro: oye, ¿esto es bueno? Y el otro le responde: no sé, todavía no he visto el precio.
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