Crecer inteligentemente o navegar a la deriva
En esta recuperación nuestra de cada día, déficit es la palabra maldita, la que lo mueve todo, y hace estremecer hasta al más firme ministro y al consejero más pinturero. Como saben, en Murcia tenemos que hacer frente a un elevado desfase de déficit, lo que va a obligar a otro plan de ajuste de unos 330 millones de euros. Y ya se verá cómo aplacamos al deficitario monstruo de nuestras cuentas; afortunadamente el Ministerio de Hacienda nos concede dos años para ajustar estas peliagudas cuentas pendientes, en busca de la recuperación perdida. Aunque yo no sé bien si esto es beneficioso o perjudicial; aplazar nuestros compromisos, puede resultar contraproducente. De momento, en el primer trimestre de este año, continuamos en la misma tónica: sólo hemos reducido dos décimas nuestro deficitario quebradero de cabeza, en comparación con el mismo trimestre del año anterior (del 0,38% hemos pasado al 0,36% del PIB). Les recuerdo que el Ejecutivo regional tiene autorizado para todo este ejercicio un déficit del 1%; por tanto, ya empezamos a desviarnos.
Mas, con o sin ayudas extraordinarias, esa voraz fiera deficitaria preside nuestro existir; es omnipresente, nadie está libre de sus tentáculos, que se extienden desde el pasado hasta este incierto presente, que se convierte en un futuro aun más incierto... La negra espalda del tiempo, que diría Marías, pondrá a cada uno en su sitio en esta búsqueda sin cuartel de la mitificada recuperación. Empero este destino ansiado va inexorablemente unido al déficit, y ha dejado -y sigue dejando- víctimas en el camino, que se pueden contar, contabilizar y computar de muy diversas maneras. De esta suerte, según la EPA , todavía superamos los 200 mil parados; y el INE afirma que el 26,8 % de los murcianos viven bajo el umbral de la pobreza. Y nadie debería hacer repicar ninguna lejana campana con tales datos. ¿De qué recuperación estamos hablando?
El empleo sigue constituyendo un bien muy escaso y es el mayor déficit que nos ahoga, el que nos aboca a la pobreza física y espiritual. Por ende, para atajarlo fulminantemente, habría que enfrentarse, de una vez por todas, a otro de los grandes déficits que ralentiza nuestro futuro: el 'archimanido' cambio de modelo productivo, que se debería impulsar desde la investigación, el desarrollo y la innovación.
Nuestra economía, como tantos se han encargado de recordar, ha dependido en exceso del ladrillo y del turismo de sol y playa. Sin embargo, a pesar de las grandilocuentes proclamas acerca de un cambio en el modelo para ganar competitividad en esta aldea global, tan global que asustaría al mismísimo Marshal Mcluchan, nuestro entorno industrial está aún por desarrollar sus muchas potencialidades. Con la eclosión de la crisis, las solemnes declaraciones de uno y otro lado se multiplicaron como los panes y los peces. Y empezaron a plantearse -e incluso a desarrollarse- planes estratégicos y planes industriales por toda nuestra geografía nacional. También en nuestra Comunidad. Pero, ¿hasta qué punto estamos avanzando con convencimiento en esa dirección?
Pese a los numerosos planes que se han diseñado y ejecutado, todavía no se ha encontrado el camino que conduce al desarrollo industrial de nuestra Región. Como lo demuestra el hecho de que Murcia se halle entre las comunidades que menos porcentaje de su PIB dedican a I+D+i , esa fórmula esotérica a la que todos invocan como la panacea universal. Un estudio de la prestigiosa EAE Business School, publicado hace unas semanas, ponía el dedo en la llaga al constatar que Murcia viaja en el furgón de cola de la investigación y el desarrollo junto a Aragón, Asturias, Cantabria, Galicia y La Rioja, con unas tasas de inversión de menos de un uno por ciento de su PIB. En el lado opuesto se sitúan las de siempre: País Vasco, Navarra y Madrid, con tasas del 2,19%, 1,91% y 1,82% respectivamente, todas ellas por encima de la media nacional (1,30%). Y estos datos hablan por sí solos con una claridad meridiana.
Lamentablemente, ni nuestra Comunidad, ni nuestro país, destacan por su apuesta en I+d+i. Así España ha destinado en 2013 el 1,3% del PIB a estos fines. Un porcentaje inferior al de países como Irlanda (1,72%) o Portugal (1,5%); y a una distancia sideral de Finlandia (3,55%), Suecia (3,41%) Alemania (2,92%) o Francia (2,26%). Y también lejos de la media comunitaria del 2%. Para más inri, en la Región de Murcia, esta debilidad se ha hecho aún más evidente: la deficiente inversión (por decirlo en términos amables) en I+D+i explica buena parte de nuestra reciente historia.
Esta fórmula mágica, no obstante, también entre nosotros constituye uno de los grandes argumentos, esgrimidos constantemente en eterna y cansina cantinela. ¿A qué político murciano que se precie no se la ha llenado la boca con estas iniciales (I+D+i)? Tres siglas tres, que de tanto repetirse a diestra y siniestra -y de tan poco practicarse- han acabado convirtiéndose I-D-i.
De los datos del estudio realizado por EAE Business School, se deduce que las distancias no se acortan en absoluto. Vemos lo enormemente lejos que estamos aún de esas comunidades punteras. Y todavía más en innovación; Murcia es la última del escalafón con un bajísimo índice de innovación del 0,43, sólo nos iguala Asturias, que tiene el honor de compartir el sonrojante farolillo rojo con nosotros.
¿Por cuánto tiempo más viajaremos en el furgón postrero del ya de por sí premioso tren nacional de la innovación? No será por planes. Últimamente se nos ha vuelto a poner en los labios la miel de un nuevo plan estratégico regional que prevé en siete años una inversión de 9.370 millones de euros, con el loable objetivo de crecer inteligentemente. Y en ese plan estratégico, cómo no, resurgen con brío las siglas todopoderosas: las I+D+i se erigen en las líneas maestras, que deben dibujar nuestro inminente porvenir. A este plan, se le ha denominado poéticamente "IRIS" haciendo juegos malabares con la "i" de innovación, investigación e internacionalización, y con el nombre de la estrategia europea "RIS" de especialización inteligente. Es de esperar que la presumible amplia gama de actuaciones que se han de implementar, lo conviertan, más que en el iris, en la niña de nuestros ojos.
Ahora bien, que no se quede en un caprichoso juego de siglas sobre papel mojado, la negra espalda del tiempo nos acecha; este plan tiene que suponer el punto de inflexión que tanto necesita nuestra Comunidad, porque la hora de la I+D+i hace años que debería haber sonado. Esa ecuación, de sólo tres sumandos e infinitas posibilidades, desvela por donde serpentea el camino más corto, aunque pueda parecer el más largo; de hecho, es el único camino.





















