Hacia un nuevo modelo de crecimiento
Los informes realizados por PwC, 'Temas candentes de la Industria española 2012', y 'Las Claves de la competitividad de la industria española 2013', y más recientemente el 'Estudio para el fortalecimiento y desarrollo del sector Industrial en España', realizado por Boston Consulting, confirman la importancia trascendental de la Industria en la economía española -que genera en España el 50.00% del empleo cualificado, exporta el 53% de su producción y aporta el 45% a la inversión en I+D+i-, conformando como el sector fundamental y motor de desarrollo para el crecimiento social y económico.
La industria española aporta al VAB entorno al 15%, por debajo de la media de la Unión Europea que se sitúa entorno al 20%, en Alemania aporta el 25%. La industria, además de ser el sector que crea más valor añadido, es la locomotora de los servicios de alto valor añadido. La recuperación de la economía española precisa de una industria fuerte y exportadora de productos de alta intensidad tecnológica, y ello solo será posible con un mayor desarrollo industrial.
Entre las conclusiones del estudio sobre las 'Claves de la Competitividad de la Industria española', se encuentra, que la industria tiene una importancia clave, no solo por su peso en el PIB, el empleo y las exportaciones, sino también por su efecto tractor sobre otros sectores, destacando a este respecto la industria de la alimentación, bebidas, metal, vehículos a motor, química, farmacéutica, papel, madera y corcho y material y equipo eléctrico, electrónico y óptico, y en los servicios avanzados, el futuro se escribe con el desarrollo y potenciación de estas actividades.
Pero en ese cambio necesario hacia un nuevo modelo de crecimiento, aparecen algunos de los principales problemas que han de afrontarse: baja productividad y no solo de costes laborales. En España se paga menos por hora trabajada que en los países con industrias mas poderosas, pero una productividad comparativamente mas baja diluye la diferencia en coste, consecuencia de la falta de flexibilidad laboral, la escasa movilidad, el precio de la energía y fundamentalmente de la electricidad, y la de innovación que precisa de método, constancia y fundamentalmente de las personas, y la industria manifiesta de forma clara y repetida que el modelo educativo español (la formación profesional) no aporta lo que ésta necesita.
El tejido industrial español está formado por muchas empresas muy pequeñas, que disponen de ventajas como mayor flexibilidad, pero de importantes debilidades, la realidad es que el tamaño importa, que es fundamental para poder invertir en I+D+i, para la exportación, para la financiación. La necesidad de ganar tamaño, es según el estudio uno de los claros retos a los que se enfrenta la industria española. Y por otra parte, el marco legal y administrativo español es de los peor valorados en el mundo en todos los estudios en lo referente a facilitar la apertura de un nuevo negocio o una nueva línea de actividad.
En el libro Re-Emprender, se recoge ampliamente su evolución. La industria ha tenido y esta teniendo mucho que ver en el incremento de las exportaciones y por consiguiente en el apoyo a la recuperación de la economía, por ello suponer que se estaría avanzando hacia esa nueva estructura productiva no estaría desencaminado, pero precisa de un mayor esfuerzo inversor de las empresas (un esfuerzo que se constata en el importante crecimiento en las importaciones de los bienes de equipo) para la modernización de los procesos de producción, y de un mayor esfuerzo investigación, desarrollo tecnológico e innovación, y sobre todo de una Administración Publica que elimine burocracia, facilite el desarrollo empresarial, a la vez que resuelva el problema del coste de la energía que puede actuar como freno a su desarrollo.
Otros artículos de Ángel Martínez. www.angelmartinez.es






















