El jazz de la recuperación, o el sueño de San Javier
Hemos entrado en un asfixiante verano, con las mismas inquietudes y desazones que nos han aguijoneado durante todo el año. Y, desde este micrófono cerrado, podría insistir en los asuntos recurrentes de la actualidad: deuda, déficit, 'corveras' y otras aves de mal agüero, en la ciega fe de que no hay mal que cien años dure. De esta santa crisis, de la que premiosamente estamos emergiendo, hay que extraer muchas lecciones -algunas muy duras- para no caer en errores pretéritos; ya veremos si somos capaces de tamaña hazaña. De momento, entre los tortuosos renglones del libro de la crisis se han perdido muchas esperanzas e ilusiones; mas asimismo han surgido nuevas oportunidades, que no deberíamos desaprovechar. Pero, antes y ahora, hemos tenido siempre un referente muy sólido, que es nuestra cultura. Y la cultura siempre es rentable, ahora en recuperación y también antaño en plena inquietud recesiva. Por tanto, no dejemos de apoyar aquello que nos aporta un valor añadido único: nuestros tesoros culturales, que se explicitan y desarrollan en numerosas manifestaciones. Que nadie lo dude: la cultura genera riqueza.
Paralelamente a nuestras fiestas de interés turístico internacional, en la Región han madurado en las últimas décadas experiencias culturales que también han traspasado nuestras fronteras, y han sobrevivido en la tempestad con una vitalidad inusitada, devolviendo con creces el esfuerzo económico y humano que se ha invertido en ellas. Entre estas experiencias, destaca, sobremanera, un festival que está a punto de cumplir su mayoría de edad: 17 ediciones contemplan ya al Festival de Jazz de San Javier, uno de los más prestigiosos de los que se celebran en nuestra jazzística España.
De estas 17 ediciones, las últimas seis las han sacado a flote, acechados por el fantasma de la recesión. Sin embargo, ellos han salido indemnes; más aún, fortalecidos. Así 20 mil espectadores acuden anualmente a esta cita ineludible en el calendario de los amantes del jazz. Y, en consecuencia, la repercusión mediática del festival no ha hecho sino crecer exponencialmente: San Javier suena hasta en los más recónditos lugares gracias a su festival de Jazz. Y lo consiguen, año tras año, con un presupuesto reducido en euros, pero rebosante en creatividad, la que derrocha su director y fundador, Alberto Nieto. Este año, con apenas 400 mil euros, han logrado reunir a una pléyade formidable de primeras figuras que durante un mes, del 5 de julio al 5 de agosto, convertirán a la ciudad marmenorense en foco de atención permanente. Y su impacto económico en la comarca volverá a cuadruplicar la inversión realizada, como ha venido sucediendo en las últimas ediciones.
Ejemplos como el de San Javier deberían ser tenidos en cuenta a la hora de diseñar una oferta cultural global, que tanto necesita nuestra Comunidad. Con este propósito, se anunció hace unas semanas la posible creación de un instituto que albergara a todos los festivales bajo un mismo paraguas. Aplaudo, desde la humildad de este micrófono de papel, la idea de crear una marca para vender conjuntamente nuestros grandes festivales.
El SOS 4.8, La Mar de Músicas de Cartagena, El Cante de las Minas de La Unión y el Festival de Jazz de San Javier ya tienen de por sí un enorme potencial, que viene avalado por su brillante trayectoria. Pero, ¿imagínense a qué metas podríamos aspirar si los sumamos a un proyecto común, que les sirva de vehículo de proyección a nivel nacional e internacional? Creo sinceramente que habría que trabajar en esa dirección, aunque respetando al máximo las características e idiosincrasia de cada evento, al tiempo que se aprovechan sinergias y se unifican esfuerzos (especialmente de promoción) para consolidar una potente marca cultural, que se incorpore a nuestra marca turística. Porque no sólo de sol se alimenta el turismo. Y en festivales, la Región puede y debe presumir. Como presumimos muchos murcianos de ser sus fieles seguidores.
A través de este micrófono callado, me gustaría tomarme la libertad de contarles algunas de las muchas historias reconstituyentes, que me invaden cada vez que me acerco a San Javier, atraído por el resplandor de su música. En estas apretadas líneas, me apetecería -mire usted qué capricho- narrarles el nacimiento del Be Bop. Y navegar entre las páginas de Jack Kerouac, que trataba de emular en sus obras el sonido legendario de un género que a muchos nos embriagaría. Personajes como Lester Young, Dizzy Gillespie, Theolonius Monk o Charlie Parker, le ayudaron a forjar algunas de las más solemnes sinfonías jazzísticas jamás compuestas en la novelística contemporánea.
Y, si no fuera excederme, les glosaría también algunos momentos de la prosa de Julio Cortázar, escritor embebido en jazz hasta la médula. Y les propondría un viaje iniciático desde El Perseguidor, de la mano de las aventuras y desventuras de Johnny Carter, trasunto del grandísimo Charlie Parker, hasta llegar a la cima de Rayuela. Cortázar deslumbra al lector con su obra maestra Rayuela, en la que insignes músicos desempeñan un papel demiúrgico. De hecho, el destino de los protagonistas va unido inseparablemente a una música excelsa que resuena a través de los renglones de negra tinta: Louis Armstrong, Theolonius Monk, Parker, Stan Getz, John Coltrane... electrizan y hechizan a través del barroquismo de Cortázar.
Asimismo, me seduciría sumergirme en innumerables textos de otros autores de muy diversa procedencia, para intentar el más difícil todavía: referirles con palabras ajenas mi pasión por el jazz. Y, de paso, descubrirles por qué me dejo embrujar, de julio en julio, inveteradamente por San Javier. Y se van a cumplir ya 17 años de esta suerte de sortilegio, del que no me quiero liberar. Del 5 de julio al 5 de agosto, volveré a peregrinar a la Meca del jazz murciano una vez más. Y volveré a soñar con todos los monstruos de este veneno musical, que en este mundo han sido, y con todos los que he tenido la dicha de disfrutar en San Javier. Y volveré, este verano también, a imaginarme a un Cortázar o a un Kerouac extasiados, obviamente iluminados por la luna marmenorense, a punto de escribir un relato -el relato definitivo- sobre San Javier y su festival de festivales.
Sólo faltan escasos días para que eclosione el milagro del jazz en el Mar Menor. Prepárense, el espectáculo está a punto de comenzar. El sábado 5 de julio la sutil guitarra de George Benson inaugura la decimoséptima edición del Festival de Jazz de San Javier, y muchos no faltaremos a la cita. Miles de aficionados cumplimos con el mismo rito cada año; fielmente en procesión nos dirigimos a la capital del Mar Menor, que se convierte en la gran urbe del Jazz Mayor. Nos aguardan 22 conciertos y 13 noches; 13 noches y 22 conciertos… y un mes entero para gozar... Crisis, ¿quién dijo crisis? Ah, perdonen, que ya estamos en recuperación… Bendita recuperación jazzística...






















