La vagina traicionera
Niki de Saint Phalle, artista francesa, es muy conocida por sus “Nanas”, esculturas que representan figuras de mujeres de exageradas formas femeninas y ricos y alegres colores. Tal vez su obra más conocida sea “Hon” (“Ella”, en sueco), una monumental mujer de 25 metros, -tumbada boca arriba con las piernas abiertas y flexionadas-, elaborada colectivamente junto con otros artistas, bajo su dirección, en 1966.
Su instalación en el Museo de Arte Moderno de Estocolmo, causó un gran revuelo pues la escultura se podía visitar por dentro y su puerta de acceso era la vagina, una vagina grande y generosa por la que podían pasar varias personas a la vez.
En la actualidad, las piezas con connotaciones sexuales siguen teniendo su tirón, y en 2001, el artista peruano Fernando de la Jara, pinchó una escultura de este tipo en la Universidad de Microbiología de Tubinga (Alemania).
La obra en cuestión es un bloque rectangular de mármol rosa con una abertura que bien podría ser la entrada de una gruta, pero su título “The Chacán-Pi (Making Love)”, induce a pensar que es una vagina, en este caso estrechita. Tan estrechita que un joven estudiante estadounidense se ha quedado atrapado en su interior.
El pobre, ahora que ha salido, -gracias a la ayuda de veintidós bomberos que consiguieron extraerlo sin dañar la escultura-, no sabe dónde meterse, porque muere de vergüenza por haber sido hallado en tal trance. La fotografía de su cara de circunstancias, mientras su cuerpo parecía ser absorbido por los labios succionadores, ha aparecido en varios medios de comunicación.
Y es que a las vaginas hay que respetarlas pues se pueden volver la mar de traicioneras.
![[Img #26667]](upload/img/periodico/img_26667.jpg)





















