El empresario, impulsor del cambio
Nada parece negar ya que la recuperación económica va cogiendo cada vez más forma. La actividad se recupera en la mayoría de sectores empresariales y esto se traduce en creación de empleo. Las entidades financieras, una vez completada la reestructuración del sistema, vuelven a tener crédito para empresas y familias. Y se ha regenerado la confianza y la tranquilidad necesarias para la inversión. En todos estos factores reseñados hay un denominador común: la figura del empresario.
Es en los malos tiempos que ha traído consigo la crisis donde se ha visto el verdadero carácter del empresariado español en general y, en particular, de la Región de Murcia. Han sido siete largos años que han dejado un balance muy negativo en pérdida de empresas, con la consiguiente destrucción de puestos de trabajo. No es un trago dulce tener que echar la persiana y quien haya pasado por eso lo sabe mejor que nadie. Pero también hemos visto ejemplos de superación, de compromiso y de responsabilidad en aquellos otros que han tenido la capacidad de mantener la actividad con la ayuda y la complicidad de sus trabajadores, a pesar de severos ajustes.
CROEM ha sido un ejemplo de ello. Si esta confederación puede presumir de algo es de su gente. A la empresa la hacen las personas y sin su colaboración no hubiera sido posible dar un empujón definitivo al necesario proceso de modernización y reestructuración que se imponía en el momento actual. Un equipo de primera que ha hecho las cosas más fáciles.
En estos años que han obligado a la evolución y la transformación, y hasta a la reinvención en algunos casos, hemos visto la capacidad de los emprendedores murcianos, que son todos los empresarios, no sólo los que empiezan ahora, de seguir aportando al desarrollo.
Y lo han hecho mediante la diversificación en unos casos, seguramente los más previsores, y la innovación y la internacionalización siempre, los dos grandes aliados de toda actividad empresarial. Mirar al exterior con un producto de calidad supone ser competitivo en un mercado difícil, ya que siempre habrá dura competencia, pero también globalizado y, por tanto, sin fronteras.
A veces las limitaciones nos las ponemos nosotros mismos y para dar el salto internacional hace falta saber el terreno que vas a pisar, pero también confianza y voluntad y una pequeña dosis de riesgo y aventura. Con esa capacidad, nos hemos convertido en los mejores agentes del cambio de tendencia que exigía la situación.
Por otra parte, aquella empresa que no incorpore la innovación como clave en su estrategia empresarial estará yendo, claramente, por el camino equivocado. Hablar de esto a estas alturas es casi una obviedad, pero no hay apuesta más directa y más eficaz para ganar en productividad y competitividad que invertir en innovación.
Sobre todos estos pilares se ha construido la actividad empresarial en época de bonanza y también durante este periodo tan negativo que ahora vamos dejando atrás. Se abre ahora una etapa esperanzadora para nuestras pymes, que tienen ante sí un panorama mucho más despejado. Como presidente de CROEM, tengo la firme voluntad de contribuir a despejar aún más el camino y de defender ante las Administraciones que no van a encontrar un mejor aliado en el mundo de la empresa para salvar la crisis.
Los empresarios somos y seremos, en todo caso, parte siempre de cualquier solución. Y, desde luego, impulsores del cambio que nos haga afrontar en mejor disposición el futuro inmediato y las dos motivaciones clave de nuestra actividad, la creación de riqueza y de empleo.


























