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Financieros en apuros (II)

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En el artículo que precede a este me propuse exponer algunos aspectos que considero complementarios para darle al directivo que realiza funciones financieras la verdadera relevancia y dimensión que en estos momentos requiere. Transacción, gestión y proyección. Estos son, a mi juicio, los tres estadios o niveles en los que podemos encontrar, en general, al directivo de hoy y en particular al que desempeña un papel financiero.

En el primer nivel, el perfil del directivo que nos encontramos requiere de una capacitación técnica para el desarrollo y crecimiento de su función. Considero que es el nivel más elemental porque el aporte de valor al conjunto de la empresa es escaso. La mayor parte del tiempo el responsable financiero está orientado a la ejecución de tareas rutinarias, con mayor o menor complejidad, pero al fin y al cabo con escasa incidencia en las decisiones estratégicas de la empresa. En este estadio, el nivel de ruido que genera el volumen de transacciones no permite tener un minuto libre para pensar. Es por ello que, en estos momentos donde escasea el crédito, donde el volumen de impago crece día tras día y los organismos públicos aplazan sus obligaciones de pago, los directores financieros o tesoreros que se encuentran en este nivel cualquier incidencia les pille como vulgarmente se dice “con el pie cambiado”.

En el último Barómetro Europeo del CFO 2011 elaborado por el Grupo Michael Page una de las aportaciones más interesantes ha sido que, con independencia del sector en el que opere la empresa, más de dos tercios de los encuestados indicaban que las habilidades de gestión y el pensamiento estratégico son actualmente las competencias más necesitadas. Este informe es muy sugerente ya que pone de manifiesto que la función financiera de la mayor parte de nuestras empresas se encuentra en el primer nivel.

En mi opinión, dos son los principales obstáculos al que tienen que enfrentarse las empresas para posicionarse en un escalón superior. Por un lado, los ajustes organizativos necesarios para permitir que la función financiera pase de un modelo competencial basado en la transacción a otro basado en la gestión donde el aporte de valor al conjunto de la empresa es muy superior. Se requiere de una decisión firme desde la propiedad de la empresa para dar este salto. De lo contrario se entra en un círculo vicioso del que difícilmente se puede salir. Por otro lado, el sistema de información que tienen implementadas las empresas en muchos casos es muy deficitario, no sólo en cantidad si sobre todo en calidad, tiempo de obtención de la información y globalidad de la misma. Es evidente que las empresas adoptan sus decisiones en base a la información que disponen y en la medida que esa información sea más objetiva, más ágil y más completa las decisiones serán más acertadas. Ahora bien, la mayor parte de nuestras empresas no disponen de las herramientas necesarias para obtener la información que necesitan, y en un porcentaje muy elevado de las que lo disponen, la falta de formación no les permite sacar el máximo provecho al sistema de información implementado.

Este segundo nivel requiere de altas dosis de actitud, el desarrollo de habilidades transversales y servirá de trampolín para acceder al tercer nivel indicado. En mi opinión la verdadera dimensión de la función financiera se logra cuando se es capaz de alcanzar el tercer nivel. En palabras de Mariano Villalonga, “las empresas que mejor funcionan son aquellas donde los directivos entienden y conocen el negocio de la organización”. A este estadio le llamo proyección porque las decisiones y actuaciones del directivo que desempeña las funciones financieras deben estar orientadas a garantizar el crecimiento y desarrollo del modelo de negocio así como la sostenibilidad del proyecto. Todas las empresas tienen un equipo de directivos en las áreas productivas pero no todos los directivos trabajan en equipo con la propiedad de la empresa compartiendo y participando de su estrategia. En una época de grandes cambios como la actual son muchos los empresarios que reconocen que para lograr sus objetivos necesitan del apoyo de una función financiera que esté cada vez más alineada con el modelo de negocio y la estrategia de la empresa aportando soluciones imaginativas con los recursos que se disponen e interactuando con los compañeros de otras áreas de la empresa y grupos de interés externos.

Puede acceder al anterior artículo: Financieros en apuros (I), pinchando aquí

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