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Opinión |
Miércoles, 23 de Noviembre de 2011

Rouco, ministro de Economía

Dentro de la catarata de análisis que nos ofrecen a diario los economistas, los políticos y los tertulianos para intentar explicarnos el día a día de la evolución de la crisis y los factores que están contribuyendo a que no se vea la luz al final del túnel, faltaba el de la Conferencia Episcopal. Pero ya está aquí. Apenas veinticuatro horas después de que el Partido Popular arrasara en las urnas, el presidente de la organización eclesial Antonio María Rouco Varela ha afirmado que la culpa de todos los males que nos aquejan, incluido el de la corrupción, tiene sus raíces firmemente asentadas en el "olvido de Dios".

A ver quién es el guapo que le enmienda la plana al cardenal cuando hasta algunos de los contertulios que despliegan su inconmensurable sabiduría en los foros radiofónicos empiezan a admitir humildemente que no saben por dónde les da el aire. Que no comprenden cuáles son las causas por las cuales la prima de riesgo se comporta como una niña malcriada independientemente de que lo que reciba de la UE y de los países que integran la zona catastrófica sea un estímulo o una bofetada. Que no entienden por qué la bolsa recibe la demoledora victoria de Mariano Rajoy precipitándose al vacío después de que se nos asegurara que el sol iba a brillar con más fuerza el lunes postelectoral y que, además, nos garantizaran que saldría para todos.

Con lo fácil que lo tenían y no habían reparado en que la culpa no era del chachachá que tú me enseñaste a bailar, sino de la voluntad divina que nos castiga por no acatar sus leyes y preceptos como si fuéramos Adán y Eva. Acabáramos. A Rouco no le falta razón cuando alude a la codicia y la corrupción como espoletas de la debacle, pero luego mezcla estas churras ante las que sólo cabe el asentimiento con las merinas del aborto, la disolución del matrimonio, el despendole de la familia tradicional y demás vulneraciones del dogma y la resultante se parece más a un batiburrillo que a un estudio de mercado temporal aunque elaborado bajo el prisma trascendente.

Rouco ofrece al arrollador Rajoy mucho más que la Comisión Europea o el Banco Central comunitario: oraciones a mansalva para ayudarle en su titánica misión de sacarnos del atolladero, lo cual no quiere decir necesariamente que vaya a convertirse en el ministro de Economía del Gobierno popular. ¿O sí? Al menos el principal pastor de ovejas de la dehesa española tiene clara una hoja de ruta

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