La inestabilidad, enemiga de la recuperación
Siguiendo el guión no escrito arranca el curso político-económico, a falta del paréntesis que abre la Feria de Murcia. Este sprint hacia el final del año catorce y las elecciones autonómicas del quince es, sin mucho riesgo de equivocarme, el más importante de los tres últimos lustros.
El escenario de la recuperación económica se abre aún entre esa neblina que no permite ver el contorno nítido de las figuras; como si al tramoyista se le hubiese quedado fija la mano en la máquina del humo y los ojos de los espectadores deben esforzarse por concentrar la mirada buscando a los actores de la obra que, esta vez sí, deben interpretar un guión que solo ellos conocen; pero cuyo final solo puede ser uno: la ansiada salida de la crisis.
Hacia el final de la VIII legislatura con cambio de líder a mitad de carrera, el balance es insuficiente, pues los retos permanecen intactos a la vista del espectador más neutral. Es por ello por lo que se hace necesario que el final del curso garantice estabilidad y certidumbre para los próximos meses con la mirada puesta la cita electoral de mayo de 2015.
El partido aún gobernante, y que todo apunta a que seguirá llamado a gobernar en la IX Legislatura, debe clarificar cuanto antes candidato (candidatos) y programa; esbozar al menos personas y proyectos. En definitiva, esclarecer con quién se va a jugar la siguiente mano en la partida.
La estabilidad es condición indispensable para la recuperación económica y ésta no llegará si no por las inversiones de quienes tienes capacidad para ello. De un lado, son las administraciones quienes diseñan el recorrido y el objetivo; de otro los empresarios los que arriesgan en su crecimiento, que es a la postre el crecimiento del entorno social en el que ejercen.
En los cinco meses trascurridos desde que Alberto Garre tomó el timón del Gobierno regional, su figura se ha mostrado solvente y se ha ganado la confianza de gran parte de la llamada sociedad civil. Buen momento entonces de que se ratifique su próxima candidatura y, sin duda, se le conceda el poder orgánico del que aún carece, dado que las operaciones de mesa camilla o encuentros semiclandestinos en la huerta no contribuyen a acabar con el desasosiego.
Que los vientos sean propicios y que la travesía nos lleve a buen puerto.





















