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Opinión |
Viernes, 25 de Noviembre de 2011

El lugar que ocupa la corrupción

La sociedad civil en su conjunto tiene claro las medidas a corto plazo que debe tomar el nuevo gobierno, incluso antes de tomar posesión si fuera posible, así que es momento de empezar a abrir debate sobre temas de mayor calado y que necesitan más plazo de desarrollo para sus objetivos.

Uno de estos temas, obviado en debates y en planes de reformas, suele ser la corrupción generalizada que, como país mediterráneo, alcanza todo estamento del estado. Familias, empresas y empresarios, trabajadores, profesionales, políticos, sindicatos, funcionarios, poderes del estado, todo el país y todas las estructuras están impregnadas de este tufillo que nos hace pensar que necesitamos algo más que la razón o la suerte para que lo nuestro vaya por buen camino.

Antes de continuar pido disculpas a todo lector que cumpla con sus obligaciones con el Estado de forma ejemplar: a todo vecino que pida la factura con IVA al profesional que le arregla el grifo, la luz o el suelo de la casa, a todo comprador que exija precio real en escrituras de cualquier bien, a todo funcionario que atienda exactamente igual a todo ciudadano sin exceptuar parientes, vecinos, amigos o conocidos, que cumpla su horario de trabajo sin ningún abuso, que no malgaste bienes públicos o simplemente que trabaje sin sentirse a salvo de contingencias laborales. Esto sin olvidar a políticos, hombres de gobierno y autoridades en general para los que, afortunadamente, no vale la generalización pero no dejan de dar malos ejemplos y titulares de prensa. También pido disculpas a empresarios y autónomos que no generan dinero “b”, que no pasan gastos personales por las cuentas de la empresa y que están en orden, sin paliativos, tanto con Hacienda como con la Seguridad Social y con todos los que representan su responsabilidad social.

Pero, resulta evidente que el español distingue tres niveles de corrupción: la pequeña, disculpable porque la hace todo el mundo y va desde tirar papeles a la calle (más trabajo al funcionario) a las mencionadas de no pagar IVA, pequeñas mentiras a Hacienda, etc., la mediana, que la gran mayoría no tiene ocasión de hacer, pero que nos hace valorar como muy listos a los que roban o engañan al Estado, dentro de esta hay de todo: y aunque no nos identificamos con ella sabemos y somos testigos de que existe, y la intolerable, la criticada duramente por el ciudadano, pues alcanza al hombre público, vulnera la moral más relajada descaradamente y suele ocupar titulares de prensa casi cotidianamente.

No cabe duda de que es una asignatura pendiente aprender a respetar al Estado, a sus funcionarios y a la sociedad en general, pues la componemos todos y la costeamos entre todos. Quizás un mejor ejemplo de los altos niveles del Estado, de las autoridades y de los padres y una mayor dureza y reprimenda con gamberros, destructores de bienes públicos, grafiteros, etc., etc., (que se consideran “gracias”, bromas, o cosas de zagales) pudieran valer para algo. Desde luego si los padres no ayudan no hay nada que hacer.
 
Cuando acabó la dictadura nos felicitamos por la regeneración de la democracia y sus valores, pero nos olvidamos de regenerar respeto al Estado “per se” y no por coacción legal; nos olvidamos de dejar de mentir y engañar al Estado para conseguir subvenciones, pensiones, bonificaciones, etc., etc., y nos olvidamos en fin, de que el Estado está a nuestro servicio siempre que nosotros le sirvamos a él primero. Ignoro cómo se arregla esto, que tanto daño nos hace en todo momento, pero algo habrá que ir haciendo si no queremos ir a peor.

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