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Opinión |
Miércoles, 17 de Septiembre de 2014

Los 'renegadores' de Valcárcel

Ahora mismo lo mas "trendy" en ciertos círculos del PP murciano es hacer ver que, si un tal Ramón Luis Valcárcel estuvo presidiendo la Comunidad Autónoma diecinueve años, han pasado al menos mil desde que se fue, y apenas se le recuerda (si acaso consultando mohosas hemerotecas). En el plazo de unos pocos meses se ha pasado de decir que Valcárcel tenía en su mano todos los resortes del PP de Murcia y que nada se movía sin su aprobación a asegurar que el vicepresidente del Parlamento Europeo ya es un "pato cojo" de ambas extremidades en el PP regional, un palmípedo impedido que "ya no manda casi nada", a pesar de mantener la presidencia del partido.

 

Ha sido salir Valcárcel por la puerta y, por algunas cosas que se oyen, empezar muchos antiguos "incondicionales" a marcar tantas distancias con él que parecería que han pasado todos estos años preparando en secreto la fundación de "Podemos". Aún dan el taconazo público cuando Valcárcel llega de Europa los jueves pero al marcharse de nuevo el lunes le hacen como a aquél parroquiano del café del Madrid bohemio que se levantaba de la tertulia para marcharse y les tenía que rogar a los presentes que no lo despellejasen mucho en su ausencia: "señores, piedad".

 

Está de moda renegar de Valcárcel de lunes a jueves en las cuatro esquinas de la Trapería de Murcia, aunque vuelva el prietas las filas de jueves a domingo, cuando Valcárcel vuelve de Europa y pasa revista de las interioridades del partido. El proyecto del PP en la Región no ha empezado ahora desde cero, pero algunos actúan como si no hubiesen grandes asuntos en curso sino que acabase de suceder un cambio de Régimen donde nada de lo que viene de atrás sirve. Gente que se subió a los cargos oficiales gracias a Valcárcel hace veinte años intentan acordarse por una feliz conjunción de chispazos neuronales de quién era aquél tipo del pelo canoso con el que se hicieron alguna foto. De no haber ninguna "familia política" mayoritaria en el PP (salvo la valcarceliana) hemos pasado a que cada uno en el partido regional ya se declare, no de momento en público porque no se atreven pero sí en privado, de la república independiente de su casa. De repente, desde los tiempos de un partido roquídeo en torno a una persona, han aumentado hasta el infinito las "sensibilidades mononucléicas" en el PP murciano, los de "ya ni nosotros mismos sabemos si somos de los nuestros". Los que desde la primavera pasada han colocado en el frostispicio de su vida, presidiéndola, aquello de "aquí todo el mundo va a lo suyo, menos yo que voy a lo mío". El deporte regional consiste en desmarcarse heroicamente (en privado, como digo) de la gestión de todos estos años, sobre todo si la gestión anterior fue llevada a cabo por los mismos que se autodesmarcan.

 

Lo curioso es que tan ortopédico distanciamiento con lo anterior no ha sido puesto, en absoluto, por el actual Gobierno regional. Su presidente, Alberto Garre, sin ser meramente continuista (el propio Valcárcel dejó dicho que el que viniese después debía actuar con criterio propio sin pedir la opinión del ex presidente) actúa con la coherencia del que no ha renunciado al mismo proyecto colectivo que, aún con las insuficiencias suficientemente conocidas, ha modernizado Murcia. El distanciamiento viene de los "agradaores" que se decían más valcarcelianos que Valcárcel y que ahora parece que regresan de un coma profundo de veinte años. El agradecimiento político y personal a Valcárcel ha durado, en no pocos casos, lo que su antiguo cargo de presidente de la Región y ni un minuto más. Hace falta tener grandeza personal para perdonar los favores, y la grandeza en estos tiempos intranquilos no abunda.

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