Bienvenido Mr. Marshall
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Con su ancestral miedo a una inflación galopante, como ya le ocurriera en los años veinte del siglo pasado, Alemania se niega una vez más a poner freno a la desintegración del euro.
La famosa “prima de riesgo”, que mide el diferencial entre los bonos de los países miembros y el bono alemán, está llegando a cifras insoportables, pero este mismo concepto podría ya no ser una medida eficaz, ya que se está mezclando el diferencial necesario que hay que pagar en concepto de prima de financiación con la prima que los inversores están dispuestos a perder en concepto de "prima de seguro" comprando bonos refugio, como son los alemanes ahora.
Por ejemplo, si el tipo medio de financiación europeo, en los últimos años, ha estado en un 3,6%, el bono alemán se subastó el jueves 24 de noviembre -mejor dicho, se intentó subastar sin conseguirlo- a un 1,9%, es decir, los bonistas están pagando una prima de seguro por invertir en deuda Alemana. Bajo esta nueva óptica, si España se financia al 5,9% no sería correcto decir que España está en 400 puntos básicos (5,9% menos 1,9%) sino que más bien estaría en los 230 (5,9% menos 3,6% de media) y que la prima de seguro alemana es de -170 puntos básicos (1,9% menos 3,6%)
El problema es puramente de terminología, porque lo cierto es que Alemania no está en el euro, simplemente lo está exprimiendo y estrangulando hasta sus últimas consecuencias, causando un daño a las economías periféricas sin límite, como publiqué hoy hace un año.
Alemania pretende auyentar el fantasma de la inflación y para eso invoca el de la recesión, la deflación y el colapso del Euro en pocas semanas o meses. Sin duda es peor el remedio que la enfermedad. Es incomprensible que adopte esta actitud de intransigencia contra “los vagos del sur”, a no ser que entre sus planes esté que en los próximos dias nos despertemos con una Alemania – y tal vez Francia acompañados de un reducido grupo de élite- fuera de la divisa común. Entonces el puzzle encajaría.
En cualquier caso, los Estados Unidos no se le está escapando que un colapso del euro arruinaría definivamente el sistema financiero mundial, llevándose el dólar en la caída, según publica The Telegraph en su edición del domingo 27 de noviembre. De la misma forma que Europa acudió aterrada a salvar Grecia, para que no se viniera abajo el sistema, Estados Unidos -que no suele dar puntada sin hilo- a través de su Reserva Federal estaría planeando comprar masivamente deuda Europea y evitar así un colapso histórico, ya que Alemania no permite hacerlo mediante el BCE. Para este mega-rescate Estados Unidos podría exigir unión fiscal ó similar y algunos compromisos adicionales, pero ahora Alemania debe tener claro que se hará con o sin ella.
En otras palabras, un Plan Marshall del siglo XXI, en forma de QE3 (Quantitative Easing) que monetarice la deuda Euopea, aún a costa de disparar la inflación a límites no fácilmente controlables, aunque habiendo aplazado la catástrofe algún tiempo, que tarde o temprano ha de llegar.
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