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Opinión |
Jueves, 02 de Octubre de 2014

Cataluña no es España

Todavía recuerdo aquel verano que alquilamos una casa rural en Navarra, en un pueblecito muy bonito que lindaba con la frontera con Francia. Cada cual se llevó lo que quiso: hijos, novios, maridos. Servidora se llevó a su perrita Piña. Y empezamos mintiendo.

 

Mi amigo Javi, que se encargó de las gestiones, tuvo que decir que Piña pesaba dos kilos, porque aunque admitían mascotas en la casa, no podían exceder de ese peso, o sea, que te podías ir con el canario, si no era obeso.

 

Una vez allí, Piña metió barriga y se planchó el pelo todo lo que pudo, aún así la cosa no colaba, menos mal que es muy zalamera y se cameló al casero a base de cariños varios. Algo influyó también que el casero era un cielo e hizo la vista gorda y no nos mandó para el sur después de haber cruzado España entera.

 

El problema llegó con las comidas y las cenas. Las hacíamos fuera de la casa y llovía, en las terrazas te calabas y dentro de los restaurantes no se podía entrar con la perra, ni aunque pesara dos kilos. Dimos con la solución cruzándonos a Francia para estos menesteres. Allí los perros tienen hasta alma, pues te dejan entrar con ellos incluso en las iglesias. Los sitios de comidas antes miraban mal a un niño puñetero que a un perro.

 

Al principio, servidora, ponía esa irresistible cara de perro triste en el umbral del restaurante, y cuando el camarero nos decía que tenía mesa, le soltaba “mais le chien” – que rescataba de mi poco vocabulario parisino- señalando al perro, y el camarero, ducho en turistas de toda índole, siempre respondía en un español perfecto: el perro también, por supuesto.

 

Al servir las bebidas, lo normal era que trajeran un hermoso cuenco de agua fresca y cristalina que ponían junto a Piña, que dormitaba a mi vera, y que servidora agradecía encarecidamente con un castizo “merçi beaucoup” que me salía de las mismas entrañas enternecidas.

 

Desde ayer, el metro de Barcelona, permite el acceso de perros, siempre que se respeten unas condiciones que aunque un poco exageradas, se me antojan sensatas para no despertar maledicencias entre las personas que no sean amantes de los perros, pues entra en vigor la nueva ordenanza de Protección, Tenencia y Venta de Animales, con la que el metro barcelonés se iguala con otras ciudades europeas como Berlín, Ámsterdam o Ginebra.

 

Lo que una decía: Cataluña no es España.

 

[Img #28934]

 

 

“Portrait of a Woman with a Dog”, ca. 1769, Jean Honoré Fragonard.

 

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