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Opinión |
Jueves, 02 de Octubre de 2014

Día de la Marmota ferroviaria

El articulista gallego Julio Camba, como no le gustaba trabajar, publicaba las mismas columnas de prensa al menos tres veces durante su vida (cuando creía que la gente ya se había olvidado de que las había leído), y las cobraba las tres. A Camba tampoco le gustaba leer ningún libro porque decía que había el peligro de que la prosa de otros influenciase en su estilo, como había el riesgo de que, si no cobraba los artículos varias veces, de pronto tuviese que trabajar para vivir. El caso es que los mismos artículos le servían perfectamente, sólo con cambiar algunos nombres (y a veces sin siquiera cambiarlos), transcurridos veinte o cuarenta años porque el país seguía siendo también el mismo. Y las carencias de España criticadas con ironía por Camba seguían siendo igualmente idénticas. A mí me pasa lo mismo que a Camba con el asunto de los trenes en Murcia.


Yo podría publicar ahora el mismo artículo sobre el tren convencional Cartagena-Madrid que ya he publicado otras muchas veces en el pasado. Y lo volvería a cobrar. Nadie notaría nada porque, en el largo período de tiempo que media entre que publiqué el artículo por primera vez y el momento en que escribo estas líneas, tampoco se ha notado nada en el tren convencional Cartagena-Madrid, que el Ministerio decía ya en los años 80 que nos iba arreglar al día siguiente a la voz de ya. Hace tanto de aquellos años en que se hablaba que lo del tren estaba arreglado que tenido que darle al buscador de mi correo electrónico para comprobar todas las veces que tengo guardada una frase clave, la llamada ‘Variante de Camarillas’. La ‘Variante de camarillas” era el atajo de 18 kilómetros que iba a tomar el tren Cartagena-Madrid para evitar circular a veinte por hora al pasar por la parte de Calasparra, en el último reducto ferroviario propio del  Lejano Oeste que queda en toda la Europa desarrollada.


Se viene hablando de la puesta en marcha de la ‘Variante de Camarillas’ desde que se inventó la máquina de vapor. Yo ya por entonces, cuando se inventó la máquina de vapor, publiqué mi primera columna sobre la modernización que iba a suponer la ‘Variante de Camarillas’ para los viajes en tren de los murcianos. Por desgracia, internet se extendió mucho más tarde, y en mi correo electrónico sólo guardo mis bienvenidas por la puesta en marcha de la ‘Variante de Camarillas’ desde 2004. En ese año publiqué en el diario La Razón:  “Zapatero desbloquea la situación de la ‘Variante de Camarillas’, a llamada de Valcárcel, pero el tanto se lo apunta el socialista murciano Pedro Saura”. Cinco años después, en 2009, escribí en el periódico El Faro: “me envía un ‘sms’ mi amigo Francisco Martínez Ruiz: “van a abrir por fin la variante de Camarillas. Nos hacemos viejos, Abarca”. En 2010 dije lo siguiente,  en La 7, en un coloquio: “El ministro de Fomento, José Blanco, quiere retomar la ejecución de la ‘Variante de Camarillas’, cuya inauguración está prevista para 2012”. En 2012, aseguraba yo en una tertulia del mismo canal 7: “Es previsible que en la reunión con la ministra de Fomento, sra. Pastor, se aborde también la definitiva puesta en marcha de la llamada ‘Variante de camarillas’. Seis meses más tarde saqué en el periódico La Opinión, durante una preocupante crisis de fe existencial: “Los dos misterios más grandes por descifrar en este milenio son los siguientes: qué le dijo Tito Vilanova a Mourinho para que éste le metiera el dedo en el ojo, y si existe realmente la llamada Variante de Camarillas”. En 2014, el ministerio de Fomento, que yo creo que ha descubierto que no existe en el mapa Camarillas, no contempla ya en sus Presupuestos 2015 la fantasmagórica ‘Variante’.


Me he dado cuenta de que llevo veinticinco años publicando el mismo artículo o haciendo la misma tertulia sobre la eterna situación del tren convencional Cartagena-Madrid. Lo de la ‘Variante de Camarillas’ es eso que el ministerio de Fomento, por misteriosas circunstancias, siempre va a inaugurar ayer.   

 

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