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¿No había nadie más para dirigir la tele pública?

[Img #29083]Hablo con un viejo amigo y ex compañero, que ahora trabaja en los informativos de Televisión Española en Madrid. Recordarán que hace unos días les contábamos que el presidente de la corporación RTVE, Leopoldo González-Echenique, dimitía al constatar su incapacidad para reconducir la crítica situación económica que atraviesa el ente público.

 

Eso a pesar de los dolorosos recortes de personal, de las medidas de contención del gasto, y de otras decisiones más o menos cuestionables que han hecho que Televisión Española haya perdido no solo casi un 25% de su audiencia en los últimos dos años (lo dice la medición de audiencias) sino también buena parte de su prestigio y credibilidad (esto lo digo yo). En esta caida, por cierto, poco o nada tienen que ver los pocos trabajadores que quedan, que bastante hacen a estas alturas.

 

Los trabajadores, me cuenta mi amigo, no son ajenos a todo esto y lo llevan con dolor, y han adoptado una actitud activa (el día 30 de septiembre protagonizaron una huelga que obligó a interrumpir varios programas en directo). Tampoco parece haber sentado nada bien que el relevo de Echenique sea un 'viejo conocido' de la casa: José Antonio Sánchez (la decisión todavía no es oficial).

 

Mariola Cubells, veterana periodista y conocedora como pocos de 'la casa', recuerda este martes en un artículo en el Huffington Post que Sánchez, en su anterior etapa al frente de RTVE, es protagonista de negros pasajes de su historia reciente, coincidiendo con la última parte del mandato de Aznar.

 

Así, por citar algún que otro de ellos, era director general cuando la televisión pública recibió la única sentencia por manipulación informativa de su historia: era el jefe de Urdaci cuando el famoso incidente del sindicato 'ce ce o o' . También era el que mandaba cuando las polémicas coberturas de los 'hilillos de plastilina del Prestige', y cuando TVE fue la única televisión pública de la Unión Europea que no emitió en directo las manifestaciones del 'No a la guerra', y eso que se producían en este país. Por supuesto, también estaba al frente del ente en los atentados del 11-M, cuando los informativos respaldaron la versión de la autoría de ETA y, a más a más, fue él quien, personalmente, decidió que en la noche de la jornada de reflexión del 14-M se debía emitir sin previo aviso el documental Asesinato en febrero, de Querejeta, en el que se narraba el asesinato de Fernando Buesa y su escolta a manos de la banda terrorista, en vez de Noche de fiesta, el programa que estaba anunciado.

 

En Telemadrid, donde ha pasado los últimos años, tampoco ha dejado buen recuerdo: fue el máximo responsable del famoso ERE que acabó con el 74% de su plantilla, que la justicia acabó declarando improcedente costándole a las arcas públicas 22 millones de euros en indemnizaciones.

 

Asimismo, desde 2011 ha sido imputado por cinco delitos por su gestión al frente de la tele autonómica madrileña: delito contra los trabajadores, prevaricación, malversación de fondos públicos, delito societario y tráfico de influencias, añade Mariola Cubells.

 

Por todo esto (y por bastante más), en la televisión pública ha sentado como una patada en el estómago de los trabajadores esta designación por parte del Gobierno, que ni que decir tiene no cuenta con el respaldo del resto de grupos parlamentarios.

 

“¿No había nadie más para dirigir esto?”, se pregunta mi amigo, y me pregunto yo.

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