El paro, esa lacra tan nuestra
Mientras le miramos el ombligo a Angela Merkel o a Nicolás Sarkozy, dudosos placeres para tiempos inestables; o nos hincamos de hinojos ante sus majestades los mercados, periódicamente, cada mes, sin piedad y de manera inexorable, las listas de parados nos despiertan de nuestro embeleso; y de nuevo, nos revolcamos en nuestras miserias cotidianas. Noviembre no fue una excepción, sino todo lo contrario: 60.000 desempleados más en este país confirman que nuestro destino es buscarlo. Pero, ¿qué destino nos espera con 4.420.462 parados oficiales?
La cifra real nos estremecería aún más; se va engrosando de una manera tan alarmante ese ejército de desalentados que ya en las tierras todas de nuestra España -y de nuestra Región tornasolada- se siente su angustia. Si no le ponemos freno, nadie sabe lo que puede ocurrir a medio plazo; cada mes, vamos batiendo nuestros propios registros. Este país no puede seguir así... A lo largo del último año, el desempleo se ha disparado un 7,55%, lo que supone que 310.000 parados más de nuevo cuño se han sumado al círculo vicioso del pesimismo, la inseguridad y la desconfianza ... El drama diario de cada desempleado nos afecta a todos, también a los afortunados que aún conservamos nuestro puesto de trabajo…
Mas algunos se empeñan en vivir en la dulce inopia, donde, es justo reconocerlo, hay quien ha hecho grandes alardes. Por ejemplo, la secretaria de Estado de Empleo, María Luz Rodríguez -también conocida como María Oscuridad- sostenía recientemente que una reforma laboral tras otra no es la solución, y se permitía el lujo de defender los cambios implementados por los socialistas, para los que solicitó tiempo. Seguramente, Doña Luz Oscuridad quiso pedir paciencia… Pero, me temo que la paciencia ya es un bien escaso, y tan agonizante como este Gobierno en funciones, que tampoco se puede consolar con los datos de afiliación a la Seguridad Social que cayó en 111.782 ocupados (un 2% menos). Elena Salgado, la que será recordada como la última ministra socialista de Economía en décadas, admitió la evidencia de su fracaso, y calificó estas cifras de “absolutamente inaceptables”.
Como inaceptables también son los datos de la Región de Murcia, donde el socialismo hace lustros que ni roza el poder ni sueña con él. En nuestra Comunidad, el paro se incrementó en 2.853 ex trabajadores, un 2,05% más que en octubre y un 9,69% más que hace doce meses. En consecuencia, 12.516 personas perdieron su trabajo a lo largo de un año en el que nada hemos mejorado, y que arroja un número total de 141.718 parados. No es un balance que enorgullezca a nadie; una vez más en noviembre, hemos superado la media nacional con la alegría acostumbrada (en más de medio punto: nuestro 2,05%, frente al 1,37% de promedio en España). Y no olvidemos que tenemos el ‘honor’ de figurar entre las diez regiones de la UE con más paro; en concreto, somos la séptima con el porcentaje de desempleo más alto de toda Europa, y la cuarta con más paro masculino.
A corto plazo, tal y como indica la Cámara de Comercio, las previsiones no son muy optimistas, debido a los recortes necesarios para cumplir los objetivos de déficit y las poco halagüeñas perspectivas de crecimiento internacional. Y, por si fuera poco, los efectos de la anhelada reforma laboral, que debería aumentar nuestra competitividad, no se podrán percibir de inmediato. A su vez, Croem habla de un preocupante empeoramiento de la situación económica e incide en el grave deterioro del mercado laboral, más propio de un periodo de recesión que de estancamiento económico. Y no les faltan argumentos ni a unos ni a otros, las estadísticas siguen dejándonos en mal lugar.
En épocas de bonanza, no tan lejanas, todo parecía justificado, las más disparatadas ambiciones se admitían con asombrosa naturalidad; y a nadie le preocupaba que extraños entes obraran a su antojo. En estos últimos años, la edad de la inocencia ha muerto definitivamente. Somos todos culpables de una hecatombe económica y social, que, sin ir más lejos, en nuestra Comunidad, ha llevado a un 30 % de la población a vivir bajo el umbral de la pobreza.
En una situación de extrema urgencia, como la que nos acecha, no hay otro camino que el del sacrificio común para el beneficio común. La resaca electoral, con las alegrías de la mayoría y la terrible decepción de otros, ya es historia; a partir de ahora es cuando empieza el trabajo… Si al poder autonómico y municipal, se suma la comodísima mayoría absoluta del PP en el Congreso, llegamos a una conclusión rotunda: jamás ningún partido reunió en sus manos tanto poder. No hay excusas; los mercados, esos seres terribles e ignotos, no nos van a dar tregua.
La cifra real nos estremecería aún más; se va engrosando de una manera tan alarmante ese ejército de desalentados que ya en las tierras todas de nuestra España -y de nuestra Región tornasolada- se siente su angustia. Si no le ponemos freno, nadie sabe lo que puede ocurrir a medio plazo; cada mes, vamos batiendo nuestros propios registros. Este país no puede seguir así... A lo largo del último año, el desempleo se ha disparado un 7,55%, lo que supone que 310.000 parados más de nuevo cuño se han sumado al círculo vicioso del pesimismo, la inseguridad y la desconfianza ... El drama diario de cada desempleado nos afecta a todos, también a los afortunados que aún conservamos nuestro puesto de trabajo…
Mas algunos se empeñan en vivir en la dulce inopia, donde, es justo reconocerlo, hay quien ha hecho grandes alardes. Por ejemplo, la secretaria de Estado de Empleo, María Luz Rodríguez -también conocida como María Oscuridad- sostenía recientemente que una reforma laboral tras otra no es la solución, y se permitía el lujo de defender los cambios implementados por los socialistas, para los que solicitó tiempo. Seguramente, Doña Luz Oscuridad quiso pedir paciencia… Pero, me temo que la paciencia ya es un bien escaso, y tan agonizante como este Gobierno en funciones, que tampoco se puede consolar con los datos de afiliación a la Seguridad Social que cayó en 111.782 ocupados (un 2% menos). Elena Salgado, la que será recordada como la última ministra socialista de Economía en décadas, admitió la evidencia de su fracaso, y calificó estas cifras de “absolutamente inaceptables”.
Como inaceptables también son los datos de la Región de Murcia, donde el socialismo hace lustros que ni roza el poder ni sueña con él. En nuestra Comunidad, el paro se incrementó en 2.853 ex trabajadores, un 2,05% más que en octubre y un 9,69% más que hace doce meses. En consecuencia, 12.516 personas perdieron su trabajo a lo largo de un año en el que nada hemos mejorado, y que arroja un número total de 141.718 parados. No es un balance que enorgullezca a nadie; una vez más en noviembre, hemos superado la media nacional con la alegría acostumbrada (en más de medio punto: nuestro 2,05%, frente al 1,37% de promedio en España). Y no olvidemos que tenemos el ‘honor’ de figurar entre las diez regiones de la UE con más paro; en concreto, somos la séptima con el porcentaje de desempleo más alto de toda Europa, y la cuarta con más paro masculino.
A corto plazo, tal y como indica la Cámara de Comercio, las previsiones no son muy optimistas, debido a los recortes necesarios para cumplir los objetivos de déficit y las poco halagüeñas perspectivas de crecimiento internacional. Y, por si fuera poco, los efectos de la anhelada reforma laboral, que debería aumentar nuestra competitividad, no se podrán percibir de inmediato. A su vez, Croem habla de un preocupante empeoramiento de la situación económica e incide en el grave deterioro del mercado laboral, más propio de un periodo de recesión que de estancamiento económico. Y no les faltan argumentos ni a unos ni a otros, las estadísticas siguen dejándonos en mal lugar.
En épocas de bonanza, no tan lejanas, todo parecía justificado, las más disparatadas ambiciones se admitían con asombrosa naturalidad; y a nadie le preocupaba que extraños entes obraran a su antojo. En estos últimos años, la edad de la inocencia ha muerto definitivamente. Somos todos culpables de una hecatombe económica y social, que, sin ir más lejos, en nuestra Comunidad, ha llevado a un 30 % de la población a vivir bajo el umbral de la pobreza.
En una situación de extrema urgencia, como la que nos acecha, no hay otro camino que el del sacrificio común para el beneficio común. La resaca electoral, con las alegrías de la mayoría y la terrible decepción de otros, ya es historia; a partir de ahora es cuando empieza el trabajo… Si al poder autonómico y municipal, se suma la comodísima mayoría absoluta del PP en el Congreso, llegamos a una conclusión rotunda: jamás ningún partido reunió en sus manos tanto poder. No hay excusas; los mercados, esos seres terribles e ignotos, no nos van a dar tregua.





















