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Opinión |
Lunes, 12 de Diciembre de 2011

Avances moderados

Las expectativas, noticias y rumores en torno al futuro de la zona euro y a la cumbre del 9 de diciembre, en la que dicho futuro se dilucidaba una vez más, han dominado de principio a fin una semana en la que, al final, en la mayor parte de las Bolsas se han impuesto las ganancias moderadas por las que apostábamos al terminar nuestro anterior comentario. A ello ha contribuido de forma importante la última sesión semanal con subidas en el día del 2% o más en las principales plazas europeas alimentadas por las reglas de disciplina fiscal acordadas en la cumbre y por los nuevos fondos para invertir en la zona euro procedentes del Banco del Pueblo de China y del FMI.
 
Las subidas semanales fueron del entorno del 1% para el S&P, el Dow, el Nasdaq y el Ibex pero el Dax y el Nikkei bajaron algo más del 1% en la semana y el Eurostoxx y el Cac francés apenas se movieron.
 
Europa sin duda sigue siendo el centro de la atención y la conclusión de la reunión del pasado viernes es que ha habido avances hacia lo que Merkel llama una "unión fiscal de estabilidad", pero esos avances son moderados.
 
Para analizar el problema europeo podemos diferenciar los problemas de liquidez a corto plazo, los problemas de solvencia a medio plazo y los problemas del sector bancario de la zona. En cuanto a la liquidez el BCE ha reiterado que no va a ser prestamista de última instancia de los Gobiernos, pero ha dejado caer que seguirá haciendo recompras de deuda periférica en los mercados secundarios y que será aún más generoso en los préstamos a la banca. El adelanto a junio de 2012 del nuevo Mecanismo de estabilidad (ESM) dotado con 500.000 millones de euros, también ayudará en la provisión de liquidez. No obstante hay que recordar que las necesidades de emisión de los Tesoros y los Bancos europeos son enormes y que sólo si hay de verdad mercado se podrán colocar las emisiones.
 
En cuanto a la solvencia, los acuerdos de la cumbre avanzan en la disciplina fiscal, un camino que parece ya muy asumido por todos, y al que se añade ahora la obligatoriedad constitucional del equilibrio presupuestario. El problema en este punto es que si el crecimiento económico es muy débil, algunos países pueden pasar por situaciones problemáticas y pueden tener que reestructurar su deuda. Por tanto insistir en que Grecia es un caso único no deja de ser un deseo más que una afirmación incontestable. La amenaza que el pasado lunes lanzó de la agencia de calificación Standard & Poor's de revisar a la baja el rating de 15 de los 17 miembros del euro, incluidos Alemania y Francia, no debería ser minusvalorada, ya que pone el acento en el problema de fondo, que es cómo pagar la deuda si no hay crecimiento.
 
Queda el tema de los Bancos, sobre el que la cumbre no ha querido pronunciarse. Es un tema en principio privado, y que no sólo afecta a los Bancos de la zona euro, sino a la banca global en general, pero la realidad es que para los Bancos de la eurozona la necesidad de sanear balances y capitalizar, por ese orden, sigue ahí. La Autoridad Bancaria Europea (EBA) ha cifrado el jueves pasado las necesidades de capital en 115.000 millones de euros. La gran banca europea sigue cotizando en torno a la mitad de su valor en libros, lo que no es bueno para un sector tan sensible y tan necesitado de nuevo capital. El BCE va a ayudar mucho con sus nuevas subastas a tres años, que garantizan a los Bancos no sólo la liquidez necesaria sino además un generoso y fácil margen si el préstamo se invierte en deuda soberana periférica a tres años. Pero los refuerzos de capital, como el realizado esta semana por el Santander vendiendo algunos activos, seguirán, y las entidades que antes actúen saldrán ganando, a nuestro juicio.
 
En definitiva, la conclusión final de esta semana es que la amenaza de un colapso de liquidez (credit crunch) se ha alejado, gracias al BCE, y que se ha avanzado algo en la gobernanza europea, aunque sin llegar a la reforma de los Tratados como deseaba Alemania. Ahora bien, una cosa es evitar el abismo y otra resolver los problemas de fondo, lo cual, como ha vuelto a decir la propia Merkel, va a llevar años. Mención aparte merece el cisma con Inglaterra, que crea un elemento nuevo de incertidumbre y en principio es algo inquietante para todos, se mire como se mire.
 
Entramos así en la semana de vencimiento trimestral de opciones y futuros con los índices en zonas intermedias, lejos de los mínimos del pasado 4 de octubre pero sin alcanzar aún los niveles que se vieron tras la anterior cumbre europea de 26 de octubre. El futuro del S&P permanece alrededor de los 1.250 puntos sin romperlo de forma clara y las Bolsas asiáticas no acaban de coger fuerza, especialmente el Shanghai Composite que amenaza con romper los mínimos de las últimas 52 semanas.
 
Nuestra idea sigue siendo que la banda de fluctuación de los principales índices ha bajado un escalón, y ahora está en el caso del Eurostoxx entre 2.100 y 2.500, en el caso del Ibex entre 8.000 y 9.000 y en el caso del S&P entre 1.150 y 1.280.
 
Los acuerdos de la cumbre del 9 de diciembre y, sobre todo, la nueva actitud del BCE, que se muestra más dispuesto a ayudar a los Bancos y que ha corregido en dos reuniones el error de Trichet de subir medio punto los tipos antes del verano, nos mueven a ser moderadamente positivos para lo que queda de diciembre, y a pensar que el año se cerrará más bien cerca de la parte alta de esa nueva banda.
 

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