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Opinión |
Lunes, 01 de Diciembre de 2014

¿Cómo interpretar el último mes y medio?

Las Bolsas nunca dejan de sorprendernos, de dar giros inesperados y aparentemente caprichosos, pero, pese a ello, no renunciamos a intentar entender esos giros, a buscar una interpretación "racional" que los justifique.

 

Lo sucedido en octubre y noviembre en las principales Bolsas es un buen ejemplo de ello. Los pasados 15 y 16 de octubre, tras una caída muy vertical que se inició a mediados de septiembre y se prolongó en las dos primeras semanas de octubre, tanto el S&P americano como el Dax alemán amenazaban con romper a la baja niveles técnicos significativos. En concreto, el S&P se acercaba peligrosamente a los 1.800 puntos, cuya ruptura a la baja suponía sobrepasar el 10% de corrección y el Dax llegaba ya al 15% de recorte, acentuándose las caídas en la primera parte de la sesión del 16 de octubre.

 

La causa aparente de esos intensos recortes fue la rebaja de las estimaciones de crecimiento económico global que había formulado el FMI en su reunión de otoño, reunión en la que Christine Lagarde llegó a dar una probabilidad de un 30% a la entrada de la zona euro en la tercera recesión desde 2008. La publicación de algunos datos malos de ventas minoristas y de confianza consumidora en EE.UU. el 15 de octubre fue un detonante para amplificar las caídas.

 

Un mes y medio después las Bolsas suben sin parar, cualquiera que sea el signo de los datos que se publican. El pasado miércoles, por ejemplo, supimos que en EE.UU. las peticiones iniciales de subsidio por desempleo fueron 313.000 frente a las 288.000 esperadas, que el índice manufacturero Chicago fue 60,8 frente al 63,0 esperado y que la confianza del consumidor medida por la Universidad de Michigan bajó al 88,8 frente al 90,0 estimado. Igualmente el mercado inmobiliario americano dio malas cifras de ventas de viviendas nuevas (458.000 frente a las 471.000 estimadas). Pero las Bolsas subieron y en el caso del S&P se alcanzó un nuevo récord histórico de todos los tiempos, uno más dentro de la sucesión de ya casi cincuenta que lleva este año.

 

La pregunta es ¿qué ha cambiado desde el 16 de octubre? La respuesta hay que buscarla en el Banco de Japón (BoJ) y en el Banco Central Europeo (BCE). En la ampliación de inyecciones de dinero por el BoJ desde 60 hasta 80 trillones de yenes anuales, unida al anuncio de compra de acciones por el fondo público de pensiones de Japón, y en el anuncio de compra de bonos, incluidos los soberanos, por el BCE, anuncio formulado por Draghi en términos que generan grandes expectativas.

 

Ambos movimientos, el del BoJ y el del BCE, han sido precedidos de malas noticias económicas y son la respuesta a malas noticias económicas. Japón ha entrado en su cuarta recesión desde 2008, al caer su PIB un 0,4% en el tercer trimestre. La famosa "abenomics" por ahora no ha funcionado, y por ello el primer ministro Shinzo Abe ha convocado elecciones el 14 de diciembre para preguntar a los japoneses si quieren que siga en el intento. La zona euro ha confirmado su estancamiento en el tercer trimestre y, venga o no la "tercera recesión" a la que se refirió Christine Lagarde, lo cierto es que la inflación es muy baja y la amenaza de una posible deflación está ahí. Por eso los respectivos Bancos Centrales han actuado y esto es algo que conviene no olvidar cuando se celebran las palabras y las actuaciones de los banqueros centrales.

 

Tampoco conviene olvidar que por ahora la medicina de los banqueros centrales ha tenido una eficacia muy limitada en la economía real. Los inversores están muy obsesionados con que los Bancos Centrales actúen, pero, curiosamente, les preocupa mucho menos la eficacia sobe la economía real de esa actuación. Eficacia que hasta el momento en Japón ha sido escasa y en la zona euro también.

 

Podríamos preguntarnos si arregla algo inyectar más liquidez o si los problemas están en otro sitio, por ejemplo en la mala asignación de recursos (misallocation) y en la falta de productividad de unas economías (la japonesa y la de la zona euro) rígidas, sin movilidad social, con población a la baja, paralizadas por la sobrerregulación, asfixiadas por el peso enorme de los impuestos y del sector público, que penalizan la innovación y la creatividad empresarial. Sin solventar esos problemas las inyecciones de liquidez son como echar el dinero a un pozo sin fondo.

 

Pero es claro que la liquidez mueve a los mercados y de ahí la subida espectacular del S&P y del Dax este último mes y medio.

 

Noviembre ha terminado una vez más con malos datos macroeconómicos para la zona euro. El viernes supimos que la inflación de la zona euro ha caído de nuevo al 0,3% en noviembre. Alemania tiene la menor inflación de los últimos cinco años y los precios bajan un mes más en España y Bélgica. A la vez el crédito bancario a las empresas sigue cayendo en la zona euro.

 

Asimismo, hemos visto como, tras la reunión de la OPEP, el petróleo y las petroleras se han desplomado por la decisión de mantener la producción en lugar de recortarla. El WTI ha caído por debajo de 70 dólares por primera vez desde el 2010.

 

Diciembre va a empezar con muchos datos económicos. Los ISM de manufacturas y servicios y el informe de empleo de noviembre de EE.UU., los PMI de noviembre de China, los pedidos de fábrica de octubre en Alemania y otros muchos. A la vez la semana próxima se reúne el BCE el jueves y hay más de media docena de comparecencias de miembros de la Fed, incluidos el vicepresidente Stanley Fischer y el presidente de la Fed de Nueva York, William Dudley.

 

Vamos a tener de nuevo ocasión de ver si los mercados se fijan, como hasta ahora, solo en los Bancos Centrales y en las inyecciones de liquidez o si empiezan a valorar los datos económicos.

 

Hay que recordar lo que decíamos la semana pasada. Si la economía despega de verdad, subirán los tipos y si no suben es porque los mercados de bonos no se creen el crecimiento económico. En este contexto algunos círculos virtuosos pueden terminar generando situaciones como las de mediados de octubre, aunque los inversores sigan pensando que siempre habrá un oportuno rescate de los Bancos Centrales que salvará la situación una vez más.

 

En noviembre las Bolsas han subido mucho. Curiosamente las que más han subido han sido la china, la alemana y la japonesa con un 10%, un 7% y un 6,3% de ganancias, respectivamente, en el mes. Es decir, han subido las tres Bolsas cuyas economías han dado malos datos pero cuyos Bancos Centrales han anunciado más expansión monetaria y/o rebaja de tipos. Sin embargo, las Bolsas emergentes en general, salvo el ya mencionado caso de China, han bajado, y las americanas han subido más moderadamente.

 

La pregunta es qué pasará en diciembre y seguimos pensando que la clave está en el S&P. Lo normal, dado como está el ambiente y dada la proximidad del cierre del año, es que diciembre sea una repetición de noviembre con subidas, aunque sean más suaves. Pero si diciembre se acaba pareciendo más a octubre nadie debería llevarse las manos a la cabeza.

 

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