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Dicen que el caos forma parte de la vida y también dicen que no hay caos sin orden, ni aparente orden sin caos. Así que, para no intentar abordar la titánica tarea de acabar con el caos, hablemos de algo que sí creo que estamos en disposición de eliminar: el barullo.
El barullo ha sido durante mucho tiempo el bastón que ha permitido llamar gestión al voluntarismo, o que ha permitido que muchas cosas fueran gestionadas, sí, pero sin un modelo ni muy definido ni muy de futuro. Este ha sido el caso de los parques empresariales en la Región de Murcia.
Teniendo en cuenta que la actividad económica que se desarrolla en los polígonos industriales supone aproximadamente el 30% del PIB regional, es sorprendente ver el deterioro que sufren algunos de ellos. Los motivos son variados, si bien se pueden agrupar en dos grandes líneas: la falta de compromiso por parte de los ayuntamientos y la ausencia de una normativa legal que regule un modelo de colaboración público-privada que aporte garantías y seguridad jurídica a los usuarios de estos espacios industriales. A esto, debemos añadir la imagen que predomina en la sociedad acerca de los polígonos: esos lugares aislados, y que, en muchos casos, un director de cine elegiría para rodar una escena de un secuestro o de contrabando de alcohol en época de gansters. Sí, nos lo tomamos con humor, pero es una pena. Los polígonos industriales son mucho más y hay ejemplos magníficos que deben ser emulados.
No todo es negativo, y es cierto que en la Región existen casos de éxito de polígonos que han llegado a un acuerdo -convenio de colaboración- entre el ayuntamiento y la asociación o entidad que agrupa a los empresarios, firmando un documento en el que se establecen las aportaciones de cada una de las partes y a qué se comprometen. Esta ejemplar forma de actuar representa, sin embargo, a una minoría. ¿Lo habitual? Situaciones injustas en las que los empresarios pagan sus impuestos, pero no reciben servicios a cambio. En algunos casos, incluso se ha optado por la gestión privada a través de diferentes fórmulas que asumen y costean los servicios básicos que habrían de prestar las administraciones públicas. Es decir, lo que no hace el ayuntamiento se contrata de manera privada por estas organizaciones. Me refiero a servicios tales como la limpieza viaria, el mantenimiento de zonas verdes, reposición de luminarias del alumbrado púbico, etc.
¿Por qué no aportar algo de orden al caos, algo de gestión al barullo? La importancia de la implicación pública en la conservación de los parques empresariales es indiscutible, al igual que lo es que, si queremos que las empresas se instalen en la Región, debemos tener nuestras infraestructuras bien conservadas. Por supuesto, qué decir de facilitar a los empresarios el desarrollo de su actividad con la consiguiente mejora de la competitividad, fuente de riqueza y empelo para todos.
Desde la Federación de Parques Empresariales de la Región de Murcia (FEPEMUR), con el apoyo y colaboración de la Confederación Regional de Organizaciones Empresariales de la Región Murcia (CROEM) estamos trabajando en un nuevo modelo, en un marco que ya es conocido por el Gobierno Regional, que propiciará un nuevo contexto que aportará soluciones reales a los problemas que se han acumulado tras el “no hay dinero” y una legislación obsoleta. Entre todos estamos en disposición de salir del barullo y los ayuntamientos ganarán también con el cambio.
Recordemos que los parques empresariales son infraestructuras económicas básicas de interés general, es decir, que un municipio que alberga uno o más polígonos industriales en su territorio es depositario, en parte, de la riqueza que se produce en estos lugares a los que cada día van a trabajar decenas de miles de personas. Quien tiene un polígono industrial, tiene un tesoro.

