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Opinión |
Lunes, 29 de Diciembre de 2014

La Fed vive su momento de gloria

El pasado martes 23 fue, sin duda, un día memorable para la Fed, un día en el que sus sueños se hicieron, aparentemente, realidad. Ese día se anunció que la economía norteamericana había crecido un 5% en términos anualizados en el tercer trimestre del año, y a la vez, tras publicarse la noticia, las Bolsas norteamericanas alcanzaron nuevos máximos históricos, superando el Dow Jones los 18.000 puntos por primera vez en su historia.

 

Nada más grato para los responsables actuales de la Fed que comprobar cómo los mercados financieros responden a sus estímulos y marcan sucesivos máximos, ya que el buen comportamiento de los mercados de activos es, según la propia Fed ha confesado, una pieza esencial de las novedosas políticas monetarias no convencionales, que basan su eficacia en generar confianza y expectativas positivas (mindset) en los agentes económicos, a través de la subida del valor de los activos. Pero, además, y para acabar de redondear el momento feliz de la Fed, el martes esa subida de las Bolsas venía acompañada de muy buenos datos de la economía real en EE UU. Al ya mencionado crecimiento del 5% del PIB, el mayor ritmo desde el año 2003, hay que sumar un buen índice de confianza de los consumidores americanos, medido por la Conference Board, y un buen dato de gastos personales en noviembre, ambos datos publicados también el martes.

 

Un escenario muy parecido al de aquella famosa "goldilocks economy", la economía perfecta, la economía con crecimiento, sin inflación, y sin nubes en el horizonte, que se anunció erróneamente en el 2000 y luego en el 2007, pero que ahora parece por fin tomar cuerpo gracias a la novedosa medicina monetaria, a las llamadas políticas monetarias no convencionales.

 

Sin embargo, en medio de la alegría de la celebración, parece forzoso hacerse algunas preguntas. La primera es para la propia Fed ¿por qué la Fed anunció tras su última reunión del 18 de diciembre que va a ser "paciente" a la hora de subir los tipos de interés? ¿por qué ser tan cauteloso y "paciente" con la normalización de la política monetaria si la economía realmente parece avanzar a toda velocidad? Es decir ¿por qué seguir aplicando una medicina pensada para una situación extraordinaria si ya no estamos en ella?

 

Una respuesta posible sería que los riesgos de pisar el freno demasiado pronto son superiores a los beneficios de hacerlo, ya que una subida de tipos anticipada podría abortar la incipiente reactivación, siendo así que no hay riesgos de inflación en el horizonte. Otra respuesta es que hoy por hoy la reactivación se ha dado solo en EE UU pero la zona euro, Japón, China y los emergentes en general siguen estancados o con crecimientos a la baja.

 

Esta última reflexión nos llevaría a la segunda pregunta: ¿es posible que EE UU siga creciendo si el resto de las economías no lo hacen? La respuesta oficial a esta pregunta sería que las demás economías no crecen porque no ha habido todavía el estímulo suficiente, y por tanto el BCE, el Banco de Japón y los demás Bancos Centrales deben inyectar más y más dinero hasta que sus respectivas economías crezcan, como ha hecho la Fed. Una respuesta válida para quienes defienden las nuevas políticas monetarias de tipos cero y expansión cuantitativa (QE) considerándolas la nueva piedra filosofal, pero que inevitablemente suscita algo de escepticismo. Sobre todo cuando vemos algunos de los problemas que empiezan a asomar en el horizonte. Nos referimos a la subida del dólar y a la caída del crudo y de otras materias primas.

 

El dólar marcaba el pasado viernes máximos anuales respecto al euro, por debajo de 1,22 e igualmente respecto a otras monedas. A la vez, el crudo seguía recortando el viernes, mientras el S&P marcaba nuevos máximos históricos. Si el dólar sube y las materias primas bajan parece que algunas economías emergentes y muchas empresas no americanas que se han financiado en dólares y que viven de exportar materias primas podrían tener problemas de pagos. Es decir, la subida del dólar unida a la caída de las materias primas va a dar muchos dolores de cabeza a las economías y empresas emergentes en el 2015, y si añadimos la posible subida de los tipos de interés reales al caer la inflación precisamente por bajar las materias primas, el problema empeora.

 

Como ha sucedido ya en anteriores ocasiones (recordemos el tristemente célebre "plateau" de estabilidad que según el economista Irving Fisher había alcanzado la economía norteamericana, afirmación que Fisher hizo en 1929 pocos días antes del crash de Wall Street), los "nuevos paradigmas" que prometen la felicidad económica perfecta suelen encerrar algunos problemas ocultos, a veces no tan ocultos, y por ello conviene tomarlos con cierto escepticismo y con una cierta dosis de cautela a la hora de tomar posiciones de inversión.

 

La semana pasada, que era la última semana completa del año 2014, la mayor parte de las Bolsas han tenido subidas del entorno del 1% o algo superiores, ya sean Bolsas americanas, europeas, asiáticas o emergentes. Destaca por arriba la Bolsa rusa, que subió más del 7% en la semana y por debajo la griega, que cayo algo más del 1%. Se acumulan así, a punto de terminar el año, plusvalías importantes en los tres grandes índices americanos (Dow, S&P y Nasdaq) y plusvalías también interesantes, pero menores, en las Bolsas de la zona euro.

 

Así se inicia la última semana del año, que estará muy condicionada por lo que pase en Grecia, donde se afronta el lunes 29 la tercera y definitiva votación para evitar las temidas elecciones anticipadas. Es curioso que estemos todos otra vez tan pendientes de Grecia. Grecia es solo un símbolo, sus problemas en sí mismos no son relevantes, y si lo son es porque anticipan posibles situaciones similares en economías de mayor calado dentro de la zona euro. Precisamente por esto, Grecia tiene capacidad de desestabilizar.

 

Pase lo que pase en Grecia, el puzle va más allá de la zona euro, aunque la zona euro tenga sin duda su importancia. El puzle a resolver, y que condicionará el 2015, es si puede sostenerse en solitario la economía norteamericana y si las políticas monetarias ultra expansivas que al parecer han dado sus frutos en una economía muy dinámica, innovadora y flexible, como es la norteamericana, pueden dar esos mismos frutos en economías más rígidas y llenas de problemas estructurales, como la japonesa, la de la zona euro o la china. En este sentido, esta última semana del año, que empieza con los futuros del Brent otra vez por debajo de los 60 dólares, y con los futuros del crudo ligero (WTI) otra vez por debajo de los 55 dólares, vamos a conocer algunos datos interesantes como el PMI chino de manufacturas de diciembre, tanto en su versión oficial como en la de HSBC, y en la economía norteamericana, las ventas minoristas de noviembre, el índice de manufacturas de Chicago y el ISM de manufacturas de diciembre. En la zona euro conoceremos los PMIs definitivos de diciembre, pero lo normal es que se confirmen los datos preliminares, por tanto no tendrán impacto.

 

De momento, y en una reedición de aquel famoso "enigma" (conundrum) de los bonos al que en el 2006 aludió Alan Greenspan, los mercados de bonos soberanos, en los que vemos tipos de interés cada día más bajos (el bono del Tesoro japonés a diez años está ya al 0,32% y el bund al 0,58%) siguen anticipando una situación de ausencia de inflación que parece, a priori, poco compatible con un despegue económico global, pero las Bolsas, sin embargo, parecen pensar en una etapa próxima de crecimiento. La combinación de un dólar fuerte, unos tipos de interés reales al alza y unas materias primas débiles puede verse como positiva para la zona euro, pero encierra riesgos enormes para las economías emergentes.

 

¿Estamos, otra vez, ante un "nuevo paradigma"?

 

La respuesta a esta pregunta, y la solución al enigma de los bonos, deberán esperar al 2015, cualquiera que sea el resultado de la votación en Grecia el lunes.

 

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