El charco sucesorio
Estos últimos días, a raíz de la convención del Partido Popular en la capital de España, estamos asistiendo a una puesta en escena de lo que podríamos llamar la ceremonia de la confusión donde, bajo mi punto de vista, el partido hegemónico en la Región de Murcia se está jugando su futuro con unas cartas que, pienso con toda humildad, no son las que deberían utilizar en este póker electoral que se nos avecina.
La elección de candidatos, a la presidencia de la Comunidad y a los ayuntamientos de determinadas ciudades de la Región, está levantando ampollas en una guerra interna que nunca antes había trascendido a la sociedad con la fuerza y la manera que lo está haciendo en esta ocasión. Jamás desde que gobiernan, los populares, habían sacado a las ventanas sus trapos sucios. Los tenían, por supuesto, pero lavaban la ropa, la centrifugaban, secaban e incluso perfumaban cuando debían presentarla a la sociedad. En el Partido Popular nunca ocurría nada y esa era la impresión general. Aguas en calma y todos a una, como Fuenteovejuna. Hoy no se esconden y su guerra interna, su particular cisma, es una realidad por mucho que algunos se empeñen en negar la evidencia.
Ahora, la guerra sucesoria y electoral, se ha declarado y ya no se ocultan ni disimulan a la hora de mostrar sus querencias o rechazos a éste o aquel. Y como telón de fondo los imputados. El discurso de Génova y Moncloa, ojo no olvidarlo, son claros y saben perfectamente lo que se juegan el próximo mes de mayo. Imputados ni uno en las listas. Nadie. Cero. Ahí esta Soraya Sáenz de Santamaría a la que parece que nadie tiene en cuenta en la elaboración de las listas, se habla mucho de Cospedal y nada de ella, pero la vicepresidenta tiene mucho que decir, a día de hoy, de las futuras candidaturas. Eso parece que no se cuenta, o se dice, pero la realidad es la que es.
No podría ser de otra manera desde luego. Con la que está cayendo sobre este país presentar, para que el pueblo elija, una lista donde aparezcan imputados sería pegarse, el PP, el tiro de gracia.
Por eso me llama poderosamente la atención que desde Madrid se diga una cosa y los mensajes que se lanzan desde Murcia sean completamente distintos. No lo entiendo.
Parto de la base, por supuesto, que creo firmemente en la Justicia y en la presunción de inocencia. Que nadie es culpable hasta que se demuestre. Que se han utilizado, y se utilizan, los juzgados para dirimir asuntos políticos e incluso el acoso y derribo de más de uno que al no poder hacerlo en las urnas se han buscado trapos sucios para llevarlos ante su Señoría y que este proceda en consecuencia. Así es este juego y no hay más.
Por eso el que esté imputado no se puede decir de él, nunca, que esté ‘pringado’ o sea cómplice de delito alguno. Habrá que demostrarlo. Pero independientemente que esto ocurra, ya sabemos y padecemos la lentitud de la Justicia, por el mero hecho de la imputación no se puede ir en lista alguna y mas, insisto, en estos días en los que la sociedad, los votantes, estamos hartos de tanta corrupción y enriquecimiento ilícito. Aquí, me temo, van a pagar justos por pecadores. Pero las listas se van a mirar con lupa. Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.
El Partido Popular se juega mucho en estos comicios de mayo. Me permito recordar que, en los pasados, su fuerza, su músculo, fueron las pedanías de la capital. Los datos están ahí y son inalterables. En todas las mesas del llamado centro histórico de la ciudad, en muchas de ellas, barrió UPyD que sentó a los dos concejales que actualmente tienen en el Ayuntamiento de la capital gracias a esos votos de las mesas de la ciudad donde, por cierto, históricamente había ganado siempre la formación de centro derecha. Las pedanías, y los pedaneos, salvaron los muebles. Tampoco es un secreto para nadie a estas alturas que lo que ocurre en la circunscripción número 3, donde está la capital, es lo que prima en toda la Comunidad. Esto de las circunscripciones es harina de otro costal y ya lo hemos comentado en ocasiones anteriores. Pero las cosas están así y, ese distrito, es el que manda y deja a cada cual en su sitio.
La guerra interna del Partido Popular le puede pasar factura. Esa imagen de ‘prietas las filas’ y cenas multitudinarias no convencen a la mayoría y menos a los votantes o militantes de base. Apostar, como se está haciendo, por políticos quemados en los juzgados es jugar, como decía antes, una partida de póker con malas cartas. Con pésimas cartas, además de ir de farol diciendo al adversario que llevas juego cuando no tienes ni una “pareja”. Apostar y dejar sobre la mesa gran cantidad de dinero para luego perderlo por ese “farol” que no tiene sentido alguno.
Aparte, sigo insistiendo, no entiendo nada pues Rajoy dice en Madrid una cosa, pienso que debería ser válida para todo el partido, y en Murcia se dice justo lo contrario. Ahí esta Valencia, por ejemplo, donde los populares han limpiado el cesto y aunque allí, según me comentan, los socialistas llevan mucha ventaja a día de hoy en intención de voto sobre los populares, la formación del presidente Alberto Fabra, se presentará ante el electorado completamente “limpia y renovada”. No hay un solo imputado en sus listas ni los va a haber. El ejemplo de la Comunidad vecina no es el único en España pues, en todas, se están siguiendo estas pautas. ¿Por qué no en Murcia? ¿Somos diferentes hasta en eso?
Esto, desconocido lector, ha causado un cisma importante en el seno de los populares murcianos. Hablas con unos y con otros, cargos o militantes de base, y ya no se esconden en mostrar su malestar con todo lo que está sucediendo. Incluso algún que otro de los que estuvieron en la cena del Rincón Huertano, cuando hablas con ellos, les preguntas ¿y porque fuiste? Y te contestan sin rubor alguno: “Como dijo Alfonso Guerra, a los socialistas, el que se mueve no sale en la foto”... Pues nada así las cosas ellos sabrán a que están jugando.





















