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Opinión |
Miércoles, 04 de Febrero de 2015

El consejero Sánchez y la Justicia reconocible

Hace años, un catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Murcia, Gerardo Landrove, hombre de profundas convicciones izquierdistas e incluso en algún punto radicales pero que no cree en la justicia "de partido" (no participa de la tesis de la "justicia acompasada", "creativa", o política, de la que es un convencido por ejemplo el hoy apartado de la carrera judicial Baltasar Garzón), colocó antes del prólogo de una de sus obras una cita de Fray Juan de Jesús María, del lejano año de 1624 pero que se mantiene insultantemente fresca como si fuese un editorial del periódico de esta misma mañana, excepto por el castellano antiguo. Decía así la cita: "...ellos saben torzer la bara de la justicia, y hazerla garabato, y aun ganzua para descerrajar las puertas de la justicia, y la hazen a vezes arco, para flechar o apuntar a quien quieren, y no a quien deuen". No me ha dejado de venir esta sentencia a la mente en el itinerario judicial que sigue el hoy consejero de Educación, Cultura y Universidades, Pedro Antonio Sánchez. Su caso es arquetípico de que, en efecto, cuando el inmenso poder de la Ley se "acompasa" casualmente a una estrategia política, cuando el objetivo no es que prevalezca la equidad sino otro tipo de intereses más o menos "progresistas" supuestamente en sintonía con el sentir actual del Pueblo (¡políticos, todos corruptos!), se puede "torzer la bara de la justicia y hazerla garabato". Hacerla, sin más, irreconocible.


Lo inquietante no es que el consejero Sánchez lleve nada menos que diez años padeciendo una vez y otra el que en el fondo es el mismo proceso judicial, una y otra vez archivado. Lo verdaderamente inquietante es que hay suficientes evidencias públicas de que existe una "correa de transmisión" poco o a veces nada disimulada entre la estrategia electoral de un partido político (o una ideología concreta) y quien tiene el poder omnímodo de utilizar el terrible peso de la Ley para acabar con los obstáculos de ese partido o ideología para obtener el poder (ese poder omnímodo que tenía el turbio Garzón, hasta que lo apartaron de su profesión por ser un político emboscado incapaz de administrar justicia). En todas las épocas, ciertos poderes han utilizado grandes palabras fácilmente comprensibles por el Pueblo para extender su ya larga mano y aumentar sus privilegios. Hoy en España se grita "corrupción" como, salvando las distancias, hace siglos en Europa se gritó "brujería": nadie puede oponerse sin ser tachado de colaboracionista al cegador poder justiciero de la palabra, aunque junto a los justicieros y bienintencionados haya también indignos que aprovechan la fiebre popular para eliminar competidores y cumplir otro tipo de designios.


La Justicia con mayúsculas, ciega y sorda, tiene una balanza de perfecto contrapeso, que es a la que nos referimos con eso de "respeto absoluto a las decisiones judiciales". Pero hay quien, en una posición judicial de privilegio, hace de la balanza de la Ley, como decía Fray Juan de Jesús María, un arco, y flecha con ella a quien le apetece, con una apariencia de justicia. Sólo con una apariencia. En Murcia, alguien a quien debemos tener por justo utiliza por contra sus vacaciones de verano para acudir (sin ocultarse) al llamado de un determinado partido político, que le hace inspeccionar obras sobre el terreno en Puerto Lumbreras, dirigido todo a un proceso judicial "ad hoc" a iniciar cuando más convenga a ese partido. El mismo hombre justo que sin embargo airea ese futuro proceso judicial a los cuatro vientos de Murcia, muchos meses antes de que se produzca.


¿Recuerdan el fin de semana de caza mayor que compartieron el que un día fue temible juez Garzón con el tenido por entonces como ministro de "Justicia" Mariano Fernández Bermejo, con el objetivo de "macerar" entre el Gobierno (es decir, el Partido, socialista por demás) y el Poder Judicial las instrucciones a seguir para un escandaloso proceso "político"? Hoy, cesados o expulsados con ignominia, aquellos dos ex poderosos son un ejemplo de lo que nunca debería ser la Justicia en ninguna parte. Lo que tiene que ser recto aquellos siniestros personajes lo torcían para llegar al propósito apetecido. Da la impresión de que ahora mismo en Murcia alguien utiliza la Justicia para alcanzar otra cosa muy diferente.  

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