Doña Carmen
En este país de nuestros pecados hasta hace cuatro días, como quien dice, al mencionar a ‘Doña Carmen’ el pensamiento, presto y a la orden, se iba hacia la llamada ‘Señora del Pardo’. Sí aquella mujer, enjuta, enlutada, con collares de perlas de tres vueltas y esposa amantísima del General. En España, desconocido lector, no había ninguna otra doña Carmen que no fuera ella. Las demás eran Carmen, Carmencita, Menchu, Mamen pero ‘doña’ solo una. Como estaba mandado que, para eso, su señor marido mandaba mucho.
Fíjense si mandaba aquel caballero con traje de Capitán General que, como no quería más ‘cármenes’ que su santa, se cargó de un plumazo a la célebre de Merimée que, además, fue creada un poco zorrón verbenero, todo hay que decirlo. Así la obrera de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, en amoríos con el torero y el militar gabacho, tuvo que retirarse de la escena pues, al egregio esposo de doña Carmen, no le parecía bien que por los escenarios de este país, a sus pies y servicio, corriera esta moza ligera de cascos y algo de moral disoluta.
Faltaría más que la gente, incultos como eran según él, confundieran a su Carmen con la del escritor gabacho y pensaran que todas las ‘cármenes’ de España eran unos pendones ‘desorejaos’ ¡Hasta ahí podíamos llegar!
Vamos que, por estos pagos, no había más ‘doña Carmen’ que ella. Pero claro llegó la de la ‘guadaña’ y se llevó al viejo General a descansar ‘in aeternum’ bajo mil kilos de mármol en el conocido Valle de los Caídos y empezaron a aparecer ‘cármenes’ por doquier. Y no me refiero a los preciosos jardines que pueblan el Albaicín granadino, ni mucho menos, sino a señoras y señoritas que tienen como patrona y referente a la Virgen del Monte Carmelo.
Y justo aquí, en este punto y ahora, aparece mi particular doña Carmen. La de hoy, la de nuestros días. Aunque bien mirado debería decir ‘Doña Carma’ (así como si yo hablara catalán en la intimidad, pero claro como no lo hablo no sé ni cómo se escribe) Pues eso que aparece la doña citada, de hondas y profundas raíces andaluzas pero de crianza en las tierras de Cataluña y se viene a pasearse a la pedanía de Puente Tocinos. No lo hizo sola, por supuesto que no, sino acompañada de un séquito numeroso de socialistas de esta bendita Región murciana. Por cierto, entre ellos, muchos que la vilipendiaron cuando intentó su asalto a Ferraz, que la pusieron como hoja de perejil pero que en Puente Tocinos le querían tocar, incluso, el vestido como hacían los leprosos con Jesús de Nazaret. Hubo alguno, incluso, que se inmortalizó en los célebres selfis esos de hoy cuando, ayer, la ponían verde. En fin, política. Pero volvamos a Puente Tocinos. Allí que la tenemos, a la citada, en la conocida como ‘cuna del Belén’ Aunque yo, si ustedes me lo permiten, diré que con ella ‘se armó el Belén’ como se titulaba aquella película de Paco Martínez Soria, escrita y dirigida por José Luis Sáenz de Heredia en 1970.
¿Y porque dice usted que se armó en Belén, caballero? Eso es lo que ahora mismo piensa usted que me está leyendo. Pero yo se lo explico. Aquella película era una caricatura de la España post conciliar (años antes se había clausurado el Vaticano II) y la cinta era en clave de humor con los líos internos de una Iglesia que no terminaba de cogerle el paso a los tiempos nuevos y los cambios en la ortodoxia.
Y por ahí van los tiros de la citada ‘doña Carma’ ¿Mira que venir a decir en Murcia, y a los murcianos, que somos los primeros en el libro de los records en lo que a corrupción política se refiere? Mi abuela, en estos casos, decía siempre aquello de ‘le dijo la sartén al cazo’.
Pero vamos a ver, señora mía, mientras que el mundo siga dando vueltas, su Andalucía de nacencia, tiene más corruptos de su partido que estrellas los cielos. ¿O me lo va usted a negar? El tema de los ERE ya no hay por dónde cogerlo y por si todo esto fuera poco dos ‘pesos pesados’, varones les llaman ustedes, como son don Chaves y don Griñan están también imputados. Si, ya lo sé, ya lo sé, para don Sánchez su jefe de usted no son imputados como imputados, sino imputados a espera que el juez les impute. Vamos un esperpento lo que su jefe de usted quiere que pensemos pero ¿sabe que le digo? Que la palabra ‘imputado’ solo tiene una acepción en el diccionario de la RAE y es la que es. No hay más. Digan ustedes misa o sermón.
O sea, resumiendo, que teniendo ustedes el mayor número de imputados por metro cuadrado de toda la península Ibérica viene usted a Murcia a insultarnos de semejante manera. Somos records del Guinness. Ojo al dato, no digo yo que no tengamos, los tenemos por desgracia y sonrojo de la gente honrada. Los tenemos pese a todo y a todos, pero de ahí a buscar el titular a consta de Murcia y de los murcianos me toca mucho las narices. No por ideas políticas, que no van por ahí los tiros, sino como murciano que no consiento que nadie venga a reírse de nosotros en nuestras narices buscando ‘el voto perdido’ que, por cierto, cada vez es mayor entre la ciudadanía. Dije, no hace muchos años, que van a terminar ustedes volviendo a sus orígenes, las sacristías de las Iglesias, ya que les van a votar los de la familia y cuatro más. A las pruebas me remito y al camino que llevan también.
Pero es que el señor secretario general de la cosa socialista murciana, don Tovar, le ríe a usted las gracias y permite, delante de sus egregias narices, que la tal ‘doña Carma’ menosprecie a Murcia de la manera que lo hizo. Lejos de corregirla o intentar salvar el honor de los murcianos siguió echando leña al fuego, riéndole las gracias y si te vi no me acuerdo. Flaco favor, flaco favor, el que hace usted a sus constantes intentos de llegar a San Esteban si los de fuera vienen y nos atacan y usted les ríe las gracietas de barra de taberna. Máxime, don Tovar, cuando su partido de usted, en Andalucía, repito e insisto tiene el mayor número de corruptos, presuntos o como quiera usted, de toda la Península y territorios insulares sumando, por supuesto, Ceuta y Melilla.
Me duele, como murciano, que suceda todo esto. El todo vale en tiempos electorales me fastidia mucho y más si el nombre de esta tierra mía y vuestra, es objeto de tales vilipendios. No lo consiento y me revelo ante ello. Venga del PSOE, del PP, de Podemos o de la Galaxia de Raticulín, como aquel Carlos Jesús de la tele.
En fin, doña Carma, que pena que pudiendo haber salido usted mejor de Murcia lo haya hecho de esta manera y dejando tan mal sabor de boca. Yo, como murciano, me siento muy dolido con sus palabras y lamento profundamente que, usted, tenga ese concepto de nosotros. Usted que no está informada, a lo que parece, de la corrupción en Andalucía o de esa Cataluña de la que procede. Si nosotros somos de Guinness no se entonces de que son los políticos de su partido en Andalucía o sus amigos de Cataluña.





















