Jesús Abandonado, hoy
El pasado domingo, día 8 de marzo, la Iglesia celebraba la festividad de San Juan de Dios el santo, copatrón de Granada, de nacimiento portugués pero afincado en España cuyo verdadero nombre era el de João Cidade Duarte.
Enfermero de profesión, dedicó toda su vida a ayudar a los demás y entregarse a ellos en cuerpo y alma. Fue, precisamente, en la ciudad de la Alhambra donde este hombre fundaría sus primeras casas de acogida, hospitales, para ayudar a aquellos que más lo necesitaban y nada poseían. Precisamente en la granadina ‘Cuesta de Gomeres’ está el inicio de una obra que, lejos de desaparecer, ha permanecido inalterable a lo largo de los
siglos y se ha ido potenciando y extendiendo por todo el mundo. El 8 de marzo de 1550, a los 55 años, moría Juan de Dios en Granada, víctima de una pulmonía a consecuencia de haberse tirado al Genil para salvar a un joven que, aprovechando la crecida del río, había ido para recoger leña pero se cayó en medio de la corriente y estaba en trance de ahogarse.
Subió a los altares el 16 de octubre de 1690 y fue el papa Alejandro VIII el que proclamó su santidad tras haber sido beatificado sesenta años antes por Urbano VIII. La vida de Juan de Dios, cuyo nombre le había puesto el Obispo de Granada, sería a partir de ese momento ejemplo a seguir por todo el mundo y su orden, la de los Caballeros Hospitalarios de san Juan de Dios, se expandió por los cinco continentes. Su única y primordial función es ayudar a quien más lo necesita y crear hospitales y casas donde poder acoger a los que nada tienen.
En Andalucía, en 1972, se crea el Patronato de Jesús Abandonado ante el incremento de personas indigentes que duermen en la calle y necesitan la ayuda de la sociedad. Seis años más tarde, en 1978, se abre un centro en Murcia precisamente en la calle de san Juan de Dios. Muy cerca de donde estuvo ubicado, en el siglo XVII y sucesivos, el Hospital que llevaba el nombre del santo granadino y que, años más tarde, daría pie también a la creación de la Cofradía Hospitalaria del Santísimo Cristo de la Salud que perdura aun en nuestros días saliendo en procesión, desde san Juan de Dios, el martes santo.
En diciembre de 1979, la Asociación de Fieles de Jesús Abandonado, nombre oficial de la organización, consigue de la Congregación Religiosa de María Reparadora la cesión de parte del convento que las hermanas tienen en la calle Condestable de Murcia, y se desplaza la actividad a las nuevas instalaciones, manteniéndose el antiguo local como comedor social ya que, con apenas treinta camas literas, se había quedado pequeño y era a todas luces insuficiente.
Pero no sería hasta años más tarde, 1992, cuando el inolvidable y querido obispo de la Diócesis de Cartagena Javier Azagra Labiano, recientemente fallecido, quien dio el gran y verdadero impulso que la obra tiene hoy en día en nuestra ciudad y Región. En ese mismo año, se puso en marcha el nuevo edificio de la carretera de Santa Catalina, su ubicación actual, continuando el Comedor Social en el centro de Murcia. Para todo este cambio y para abordar la nueva etapa en las instalaciones recién estrenadas, se pidió ayuda a la Orden hospitalaria de San Juan de Dios, que desde el verano de 1992 mantiene una presencia comunitaria en la Fundación.
De ahí la fuerte vinculación de los ‘Hermanos Hospitalarios’ con Murcia varias centurias después de haber regido los destinos del que fuera primer hospital de la ciudad.
Hoy, Jesús Abandonado, es una hermosa realidad que asiste a miles de personas a diario bien en su comedor social o en sus modernas instalaciones de carretera de santa Catalina. Desayunos, comidas, cenas, ropa, cobijo y aquellas necesidades que, el Patronato y los Hermanos de san Juan de Dios, puedan solventar. Y todo ello gracias a las donaciones de las gentes que, de manera callada y silenciosa, ayudan a esta obra de manera desinteresada e incluso desde el anonimato. Hoy por hoy, por la crisis y otras necesidades, las ayudas y subvenciones a Jesús Abandonado han bajado sensiblemente. Parece un contrasentido pero la realidad es esa y
no otra. Cuando más falta hace, cuando mayor es el número de indigentes, cuando la pobreza y la exclusión hacen mella en la sociedad de una forma brutal, la Administración, cierra “el grifo” de las ayudas, o las rebaja considerablemente, y este tipo de obras se ve en la necesidad forzosa de tener que atender a más personas cada día pues son miles las que se acercan a Jesús Abandonado buscando remedio a sus graves carencias. Los beneficiarios no tienen raza ni color. Son personas como usted o como yo. No importa la procedencia o incluso el credo religioso. Me consta que, incluso, los Hermanos de san Juan de Dios y los extraordinarios voluntarios que les ayudan en el día a día, preparan todo tipo de alimentos para hacer frente a la demanda del colectivo de musulmanes que, estando en Murcia, acuden a ellos en busca de un bocadillo o un plato de comida caliente. Qué más da quien lo demande. Todos somos hijos de Dios y todos necesitamos ayuda en estos momentos tan duros y difíciles. Da lo mismo que, el Sumo Hacedor, se le llame Dios, Alá o Yahvé. Es el mismo y es el Dios del Amor. Es lo único importante. Y todos somos hermanos. La ayuda para quien la necesita sin preguntar a quién van dirigidos sus rezos o incluso si reza o cree en Dios. Se le ayuda y con eso se dan por satisfechos.
Por eso son sus voluntarios, sus benefactores, los verdaderos artífices de esa obra que llevan a cabo y ese trabajo callado y silencioso que desarrollan todos los días es tan necesario. Gracias a sus donaciones, la búsqueda de ayudas o en algunos casos incluso el patrocinio es por lo que pueden seguir adelante poniendo una sonrisa de esperanza en las caras de los que nada tienen. Esa atención a miles de personas que durante todo el mes, los doce meses del año, llaman a sus puertas pidiendo ayuda. Esa es la verdadera esencia y raíz de la obra que fundó aquel santo portugués que se afincó en Granada y que, su festividad, fue celebrada y recordada el pasado domingo 8 de marzo aunque, para la gran mayoría, pasara desapercibida.
Jesús Abandonado, gracias al impulso del gran obispo Azagra, es una hermosa realidad en nuestra Comunidad. Algo necesario y, por desgracia, más cada día. Una obra que los Hermanos Hospitalarios de san Juan de Dios desarrollan en Murcia con la ayuda de personas, como usted o como yo, que se prestan al trabajo desinteresado en favor de los más necesitados haciendo realidad aquellas palabras de Jesús de Nazaret que recoge Mateo en su Evangelio: ``En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis…” (Mt 25, 40)





















